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Europa, de decepción en decepción

    EL ESPECTÁCULO REPUGNANTE -el calificativo lo puso anteanoche António Costa, primer ministro de Portugal- entre el norte rico y el sur apestado, con Alemania y Holanda resucitando la demonización de los pigs y bloqueando las medidas anticrisis rápidas y contundentes que reclaman Francia, Italia y España, reabre la división profunda entre los socios de la Unión Europea y vuelve a poner en serio riesgo la viabilidad del proyecto común, además de alimentar la desafección social y dar alas a las políticas de xenofobia y repliegue que abandera la ultraderecha. Cuando parecía que la realidad había impuesto sus argumentos y cuando desde el BCE, el FMI, la OCDE y la Reserva Federal recetan sin medias tintas abrir el grifo de la liquidez, holandeses y alemanes se resisten a arrimar el hombro en esta guerra contra la pandemia del covid-19 y se atrincheran en la hoja de ruta de los sacrificios de la Gran Recesión, más discutible cuanta mayor perspectiva tenemos para analizar sus efectos. El norte rico se atrinchera en la contención del déficit público y de la deuda -que ciertamente está desbocada en Italia, Francia y España-, y se resiste a entender que de lo que se trata ahora es de salvar al enfermo y que la mejor medicina -no exageramos si decimos que la única- es la del viejo Keynes: Bruselas y los gobiernos deben intervenir sin tibiezas para estabilizar la economía, aumentar la producción y garantizar el empleo. ¿Cómo?: abriendo el grifo del gasto público. Tiempo habrá para volver a la senda de los ajustes y de la ortodoxia fiscal. En lo económico, Alemania y Holanda se equivocan al tratar la crisis del coronavirus como si fuese otra Gran Recesión. No lo es, dicen los expertos: este será un crac corto en el tiempo, y ya en 2021 el PIB de Europa rebotará hacia arriba con fuerza. El terrible -y repugnante, sí- error de la alianza norteña es todavía más palmario en lo político: retrasar la activación del plan de choque otros quince días desnuda, en las actuales circunstancias, las carencias de liderazgo de la UE, su sonrojante incapacidad para tejer consensos y actuar con celeridad en situaciones graves. En lo social, el choque de trenes de este jueves debilita el ya frágil espíritu europeísta, gravemente herido por el brexit, mientras aumenta la indignación de los ciudadanos contra unas instituciones que miran hacia otro lado cuando más las necesitan. Si no espabila pronto, la UE será, ¡ay!, una de las víctimas mortales del coronavirus.

    28 mar 2020 / 00:00
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