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{TRIBUNA LIBRE}

La finca Vista Alegre y el Museo de Historia Natural

La finca Vista Alegre, situada en los alrededores del casco histórico de Santiago, hoy absorbida por el crecimiento de la ciudad contemporánea e integrada en su tejido urbano, conserva, pese a ello, su original y peculiar configuración y una privilegiada relación y excelentes vistas sobre el casco monumental, que hacen honra a su nombre.

Esta finca es, en su conjunto, un recinto rodeado en todo su perímetro por un potente muro de piedra, que marca una drástica separación entre el interior y el exterior y crea su propio mundo. Dicho muro sirvió, en épocas pasadas, para defender el recinto del campo abierto circundante y, en la actualidad, del ámbito urbano denso en edificación que la rodea, y de su intenso tráfico rodado.

Dicha finca, en la que conviven sabiamente la arquitectura y la botánica, tanto por su función como por su configuración, puede considerarse un ente unitario y singular que, en la actualidad, cumple la función de parque público. En ella podemos distinguir una serie de zonas bien diferenciadas: la carballeira, los jardines, los paseos, áreas de plantación de frutales, zonas húmedas, campas, brañas…, en las cuales además del edificio de la antigua Villa, hoy Casa de Europa, se han ido construyendo una serie de edificios: Centro de Estudios Avanzados, Centro de Altos Estudios Musicales, Sede de la Sociedade Xeral de Autores y, por último, el Museo de Historia Natural, recientemente inaugurado.

En este singular espacio en el que se fueron incorporando, acomodando y encontrando "su sitio" una serie de edificios, fuertemente caracterizados, por los más diversos usos, los cuales fueron creando secuencias, capaces de transportarnos a través de jardines, paseos, sendas, senderos... desde los espacios más ornamentales de trazado e inspiración pacega, hasta las áreas de cultivos productivos más rurales, desde las especies de plantas más tradicionales hasta las más exóticas... sin que por ello se manifieste la menor disfunción o desequilibrio, logrando un continuo armónico en el que tienen cabida, a la vez, las funciones más rigurosas y las más lúdicas, y donde los diversos lugares se suceden como parte de un todo en el que el tiempo y el espacio se someten al dictado de la Ciencia y de la Naturaleza, y ambos al de la Belleza.

Los edificios, los jardines, los espacios abiertos o cubiertos... todos los elementos que lo integran, están sometidos a las leyes de la naturaleza pero también a las reglas del arte, a la búsqueda del orden y de la armonía, de la unidad en la totalidad.

El edificio del museo, el último en incorporarse a este extenso catálogo, consta de planta sótano, planta baja, planta primera, planta segunda y planta tercera. Y el tamaño de cada una de ellas, así como la disposición central del núcleo de acceso principal permiten organizar en cuatro áreas autónomas las principales secciones del museo: Zoología, Botánica, Geología y la colección de Dioramas. Además, dispone en la planta sótano de almacenes para guardar las colecciones no expuestas.

Las formas que definen su volumen se materializan en cubos que se agrupan y se funden o se esponjan y se diluyen según interese. Las caras de los cubos pueden ser ciegas o transparentes para permitir que penetre la luz al interior y ofrecer vistas al exterior. Los volúmenes y las formas arquitectónicas empleadas se materializan mediante el empleo de un material: la madera, tratada con técnicas específicas y concretas, buscando su idoneidad en aras de lograr buena calidad, fácil mantenimiento y conservación del conjunto y de cada uno de los espacios arquitectónicos que lo integran, así como su acertada inserción en el paisaje.

Hemos tratado de ordenar el actual Programa de Necesidades, pero dejando abierta la posibilidad a futuras reconsideraciones internas que, sin afectar al volumen, permitan satisfacer nuevas necesidades. Se ha prestado gran atención y respeto a las colecciones existentes, dejando abierta la posibilidad a la adquisición de futuras colecciones y a la remodelación permanente de los contenidos, que un edificio de estas características requiere.

En este proyecto, como en ningún otro, procuré unir el organicismo flexible que emana de la naturaleza con la rigurosidad geométrica propia del artificio y, todo ello presidido por la razón… y la belleza.

Quería que la presencia de este edificio fuese como la de un animal de gran tamaño que hubiese entrado un día, cuando era pequeño, en el parque y en esa campa en que se encuentra, junto al Río, creciera y se adaptase a ese lugar. Un animal enorme, descansando en "su sitio", dotado de formas geométricas articuladas que le permitiesen algún día reemprender su camino, sobre docenas de pequeñas patitas y dejar la campa vacía, tal cual se encontraba en su estado original antes de su presencia.

Pero esto no ocurrirá porque este peculiar animal conformado a base de pequeños volúmenes, dotados de la más pura geometría, que permiten soluciones constructivas de gran racionalidad y combinaciones entre ellas de enorme flexibilidad, en realidad no es un animal sino un edificio que alberga el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Santiago, algo necesario e imprescindible para lograr una mayor ilustración y disfrute de santiagueses, gallegos y forasteros. Un edificio moderno y contemporáneo como son los otros que le acompañan en la finca Vista Alegre y que conforman, con su presencia, un lugar singular que enriquece más, si ello fuera posible, el patrimonio cultural, arquitectónico y paisajístico de Santiago de Compostela.

Arquitecto

31 oct 2014 / 20:24
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