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¿Contra Franco vivíamos mejor?

    QUIENES se han empeñado en la ardua misión de resucitar a Franco, se sentirán contrariados. El impacto de la jugada está siendo muy limitado. Según dicen se incrementa un poco la afluencia al Valle de los Caídos y algún grupo testimonial difunde manifiestos en defensa de la memoria del dictador. Ni siquiera la familia se extralimita en sus protestas, bastante comedidas y discretas. Por lo demás no se producen manifestaciones ultras ni se tiene constancia de que alguien tenga el propósito de fundar un partido inspirado en el personaje, y España sigue ostentado el honroso título de ser uno de los países europeos con menos extrema derecha. Lo dicho; debe haber gran contrariedad en los que se han dirigido a la tumba para obrar nuevamente el prodigio de Lázaro. El franquismo ni se levanta ni anda.

    Algo de esto ya lo intuyó en su tiempo Felipe González, el presidente con más respaldo popular de la historia de España y el socialista al que cabe el orgullo de haber sido el gran transformador del país, que no se ocupó para nada de los fantasmas del franquismo. Los más viejos del lugar recordarán cuál fue su primera medida espectacular. No acudió a Cuelgamuros con pico y pala, sino que expropió Rumasa enviando un mensaje inequívoco al capitalismo trilero. En lugar de escuchar a los nostálgicos del partido que pedían una revancha histórica ejemplar, hizo caso a una sociedad que daba por amortizado el pasado. Aquel PSOE no conectaba con el pasado sino con el presente y de ahí su larga estancia en el poder. A la hora de elegir adversario, optó por Ruiz Mateos y no por Franco.

    ¿Dónde está el Ruiz Mateos de Pedro Sánchez, ese icono malvado que permita realizar un gesto justiciero y audaz? Trump o Merkel podrían haber cumplido esa función, pero la dependencia estrategia de Estados Unidos es demasiado grande y la canciller que antes se consideraba la madre del austericidio es invitada a Doñana para que le dedique a Pedro los mismos cariños que antes dio a Mariano. Internamente tampoco hay una figura de la economía o la banca que permita ejercitar el pugilismo, con lo cual no queda más remedio que invocar los espíritus del pasado con la esperanza de que brote un neofranquismo político y social al que señalar como amenaza.

    Pudo haber consultado el presidente a los socialistas ferrolanos para conocer de antemano cuál sería la repercusión del antifranquismo impostado. El trote del Franco ecuestre hacia unas oscuras dependencias en las que todavía sigue arrumbado, no suscitó grandes conmociones en su ciudad natal, que es también la del Pablo Iglesias genuino. Sólo unos cuantos activistas se emocionaron poniendo algo de épica a un episodio que finalmente se diluyó en el olvido. Porque es el olvido y no las resu­rrecciones los que más daña al franquismo, si es que aún queda algo de él. ¿Contra Franco vivíamos mejor? Nuestro paisano periodista y comunista Manuel Vázquez Montalbán solía insistir en que él siempre usó la mítica frase entre interrogantes. Y añadía: "una parte de los males de la izquierda es que no superó el vivir contra el franquismo". Lo dijo en 1987. ¿Qué diría ahora?

    Periodista

    21 ago 2018 / 22:15
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