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Gobierno y desconfianza

    DICE la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, que primero ha de atenderse a la salud, y luego a la economía; y no le falta razón. Eso sí; ya que no supieron velar a tiempo por la salud de la ciudadanía española, ahora les pedimos que intenten, en primer lugar, volcar todos aquellos fondos que sean necesarios para garantizar cuantos recursos sean precisos a fin de proteger la vida de todos (especialmente de nuestros mayores), y facilitar la recuperación de los millones ciudadanos que sufrirán las consecuencias económicas de esta pandemia.

    El cometido no semeja fácil, pues, como siempre ocurre en tiempos de crisis, serán las clases medias, los autónomos, los pequeños empresarios, y hasta los funcionarios (ya lo verán), los que pagarán las consecuencias de un nuevo período de recesión económica. Bienvenidas sean cuantas acciones se destinen a sacarnos de este hoyo en el que hemos caído. Hay economistas que ya apuestan por un rescate e intervención de la UE sobre España e Italia, como se hizo en el pasado con Irlanda y Portugal. Así quizá logremos, al igual que ellos, recuperarnos con rapidez y solvencia. Incluso conseguiríamos que los fondos se fiscalizasen y repartiesen de manera ecuánime, de forma que no sean siempre los mismos los que se beneficien de las ayudas.

    Pero hasta en esto llevamos las de perder. Criticamos (yo el primero) la insolidaridad de la UE, el egoísmo de nuestros socios norteños, y la desconfianza de aliados como Alemana, Holanda, Finlandia o Austria. Pero, ¿de qué nos extrañamos, cuando incluso aquí, en España, observamos cómo ni siquiera quienes forman nuestra coalición gubernamental son capaces de ponerse de acuerdo para afrontar una situación tan crítica como la actual? De hecho, a los rifirrafes entre el PSOE y Unidas Podemos, debemos añadir las amenazas del Partido Nacionalista Vasco y Esquerra Republicana de Catalunya, las críticas a Pedro Sánchez de tantos presidentes autonómicos, o la frustración de esos partidos de la oposición como el PP, Vox o Ciudadanos, con los que tanto le cuesta al Ejecutivo contactar para acometer desafíos y diseñar estrategias de futuro.

    La soberbia de la coalición que nos gobierna es tal, que aun con la lección que deberían haber aprendido por su imprudencia al reaccionar tarde ante la pandemia, son incapaces de buscar y lograr el asesoramiento y el apoyo unánime del Congreso y el Senado. Aparenta un Gobierno basado en la mentira, que no tiene credibilidad ni dentro ni fuera de España. Pese a las críticas que recibe el Ejecutivo, y a las demandas judiciales que acumula, le cuesta reconocer la necesidad de consensuar sus decisiones con todos los agentes políticos y sociales. Hay sindicatos y organizaciones que hasta ven en sus iniciativas económicas y de gestión propaganda improvisada y populista que aporta escasas soluciones y mucho desconcierto.

    05 abr 2020 / 00:00
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