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El Gobierno está muy contento

    CUANDO la impusieron con su mayoría absoluta, los populares argumentaron que el gran objetivo de aquella reforma era terminar con la dualidad del mercado de trabajo. Pues bien, si ese era el principal motivo, el fracaso de la reforma laboral es rotundo: la dualidad se expande.

    Aumentan los contratos precarios y menguan los contratos fijos. La encuesta de población activa del INE, correspondiente al primer trimestre de 2015, aporta al respecto un dato relevante: el empleo a tiempo parcial avanza en 32.600 personas más; el empleo a tiempo completo retrocede en 130.600 personas menos. El trabajo permanente está siendo sustituido por trabajo a tiempo parcial no deseado en la mayoría de los casos (61,8%).

    Esto es lo que está ocurriendo en un contexto de reducción salarial que abarca ya tres años, aunque el PIB ha mejorado ostensiblemente. Los datos referidos a los tres primeros meses de este año ponen de manifiesto que la economía española creció nueve décimas de enero a marzo. Sin embargo, en ese mismo periodo disminuyó la población activa, disminuyó el empleo y hubo una ligera caída del paro.

    A todo esto, el crecimiento del PIB se hace con cargo a la demanda interna (fundamentalmente, gracias al consumo), con el inconveniente de que las importaciones superan a las exportaciones, y la balanza comercial se pone en rojo pese a la bajada del precio del petróleo.

    El menor gasto en combustible ayuda al consumo en otros bienes y servicios, como lo demuestra la mejoría experimentada por los comercios. Sin embargo, ese tirón genera también dese- quilibrios en la balanza por cuenta corriente, como consecuencia del saldo negativo que provoca la diferencia entre el valor monetario de las importaciones y el valor monetario de las exportaciones. Lo cual quiere decir, de rebote, que otros países se están aprovechando del crecimiento de la economía española.

    Pero tampoco deberíamos dejarnos engañar por las apariencias del relato oficial. Hay mucha astucia en el equívoco.

    Lo de dar fin a la dualidad del mercado del trabajo era el señuelo, el manto, la cortina, que que pretendía distraer la atención de sus dos principales objetivos: provocar una devaluación salarial y restar fuerzas a los sindicatos en favor de la patronal, rompiendo el equilibrio de poder que debe regir en las relaciones laborales según la Constitución.

    Hay que reconocer que el Gobierno de Rajoy ha conseguido rebajar los salarios y arrinconar a los sindicatos, si bien no tanto como era su pretensión, toda vez que los tribunales están emitiendo sentencias que ponen en solfa aquellas partes de la reforma de Báñez que más atentan contra los derechos de los trabajadores, entre ellos, los correspondientes a la negociación colectiva.

    Aun así, el Gobierno está muy contento con los resultados de la reforma laboral. Consiguió buena parte de lo que pretendía y no de lo que engañosamente decía que proponía.

    01 may 2015 / 00:00
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