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EDITORIAL

Hermetismo y soberbia, la peor receta

    Si es imperdonable que los intereses partidistas compliquen la gestión de una crisis sanitaria que pide a gritos solidaridad, consenso y sentido de Estado, perseverar en el error entra en la categoría de lo mezquino. No tiene perdón de Dios. En un clima político más enrarecido cada minuto que pasa por las decisiones unilaterales de un presidente hermético y atrapado en el síndrome de La Moncloa, el Consejo de Ministros aprobó ayer sin consultar con la oposición algo parecido a un plan de rescate de empresas, autónomos y familias, para amortiguar los destrozos de la pandemia. El Gobierno añade a sus ya indisimulables errores de gestión uno que es de todo punto tóxico: la soberbia. Que Pedro Sánchezno muestre el mínimo interés real en construir puentes sólidos de diálogo y entendimiento con todos los partidos y con los agentes sociales, con la que está cayendo, es una noticia deplorable que se suma a la chapuza del decreto de servicios esenciales, una bomba de destrucción masiva que ha puesto a los empresarios en pie de guerra y que amenaza con dejar al débil Ejecutivo de coalición en flagrante minoría en el Congreso: Pablo Casado(PP), Gabriel Rufián(ERC) y Aitor Esteban(PNV) le han dicho al presidente que hasta aquí hemos llegado. En paralelo, la guerra abierta y ya pública entre los vicepresidentes Pablo Iglesiasy Nadia Calviño(ayer compartieron protagonismo mediático tras el Consejo de Ministros, pero sus diferencias sobre las recetas económicas y sociales son profundísimas) está a un suspiro de romper la frontera del desacuerdo y entrar en el territorio minado de la ruptura. Otro error mayúsculo de Sánchez ha sido abrir una brecha en la imprescindible colaboración institucional con las autonomías, ejemplar durante las primeras semanas, por su trágala con el decreto que va a paralizar el tejido productivo de España, nada menos, y por sus inoportunos e injustos reproches a los presidentes de comunidades a cuenta de los recortes en la sanidad pública. Ahora mismo, el inquilino monclovita tiene prácticamente todos los frentes abiertos y con sus digosdiegos, hermetismo y medidas unilaterales ha hecho saltar por los aires el clima de consenso, solidaridad y lealtad que España necesita para ganarle la guerra al coronavirus. Lo que este Gobierno está trasladando a los ciudadanos es bisoñez en la toma de decisiones, aderezada con una desastrosa política informativa. No es esa la mejor manera de enfrentar una pandemia tras la que, vaticinan ya algunas voces, saldrá un nuevo mundo con otras reglas. Pedro Sánchez debe cambiar la partitura y la música de su gestión.

    01 abr 2020 / 00:00
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