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El hombre que devuelve la vida a los libros

En plena revolución digital y desde su casa de Roxos, Miguel Pérez cose a mano las páginas para hacer de cada obra un tesoro // Con varios premios en su currículum, trabaja por encargo para coleccionistas y bibliófilos de diferentes países

Decenas de personas en el autobús urbano contemplan las pantallas de sus dispositivos móviles. Un pequeño grupo de adolescentes se reúnen hipnotizados en torno a sus pantallas, no hablan, están juntos pero ausentes. Un turista con su gorra toma el sol en la playa tumbado mientras lee su dispositivo ‘eBook’. Es la jungla contemporánea. Por fortuna, entre la muchedumbresiempre aparece una persona que lee un auténtico libro de papel con tapas. Una especie de milagro. Entran ganas de felicitarla por esa extraña manía de leer en ese soporte. Porque de libros y de sus tapas va esta historia, la de Miguel Pérez Fernández (Obradoiro Retrincos), un hombre que se define como artesano encuadernador. “Soy capaz de hacer una obra única e irrepetible. Se puede decir que hago una obra de arte, pero no me considero un artista, siempre me defino como artesano”, comenta.

El taller en el que trabaja Miguel es una habitación con una gran mesa central que ocupa el sesenta por ciento de la estancia. Sobre ella, varias bases de trabajo con líneas cuadriculadas, pinceles, pesas y todo tipo de artilugios. El nombre de cada uno de ellos integra una jerga artesanal y también da para un pequeño diccionario, el de la encuadernación. En las paredes, fotos familiares, repisas con libros y, sobre todo, infinidad de cajas clasificadas exhaustivamente con materiales de trabajo. Distintas colas, hilos, agujas. También hay cartones, papeles o pieles. Dos grandes máquinas ocupan otra parte del espacio. Son una prensa y una pequeña máquina de linotipia. De fondo suena siempre música.

Desde este minúsculo taller instalado en su casa de Roxos (Villestro) convierte su pasión por los libros en una impecable obra de paciencia, armonía y precisión. “Lo mío ni siquiera es pasión, es necesidad”, concreta. “No vivo de esto, de momento. Pero todo mi tiempo libre se lo dedico a la encuadernación”. Esta afición comenzó durante un año complicado. Problemas personales y profesionales le llevaron a apuntarse en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo. Luego se buscó la vida entre talleres y otros maestros. “Siempre he tratado de encontrar mi propio camino”, dice.

Describe el proceso básico para encuadernar un libro. “Primero lo rompemos, luego se cose, se encola y se pone la tapa que se decida”, comenta. “Hay muchas técnicas. Actualmente estoy entregado al color y al trabajo con policarbonato”, explica mientras muestra la placa en la que está trabajando. Todo su taller está plagado de libros. Unos están encuadernados en piel, con grabados que hacen del libro un objeto que se desea tocar. También tiene portadas con varios cartones interpuestos, con formas infinitas. Los hay con relieves, dibujos y con formas rasgadas, como si se le hubiese pasado un rastrillo. Luego están los acabados, los cantos de los libros, la forma en que se ven acumuladas las páginas, la alineación de las letras. En definitiva, los detalles. Quizás sea esa la parte más compleja y que hace diferente a un artesano de otro. “Mis libros son obras únicas. No podría repetir una encuadernación. Por eso a la gente que me envía sus libros lo único les pido es libertad total. Sobre todo porque la mayor parte de las personas no tiene ni idea de esto”. Miguel Pérez hace, principalmente, trabajos por encargo para coleccionistas y bibliófilos. “Son casi todos de fuera. En Francia tengo dos o tres. No los conozco personalmente”. También encuaderna para amigos y familiares. Muestra un ejemplar con recetas de cocina. “Esto fue cosa de mi madre, en vez de poner estas recetas entre anillas me pidió que las encuadernase. Me han dado mucho trabajo porque el papel de las revistas no es papel, es cal y se destroza con mucha facilidad”, aclara.

Pero a Miguel lo que la va es la competición. “Es mi forma de darme a conocer. Comencé por casualidad. Probé suerte en un certamen internacional en Edimburgo y tras un verano de trabajo presenté un libro. Ganó el primer premio. Me marcó el camino a seguir”. El maestro artesano muestra una pizarra sus próximos proyectos, entre ellos la participación en cuatro certámenes de artesanía. Trabaja en sus libros para llegar a tiempo con estas citas anuales. “Me ha permitido viajar, conocer ciudades de Europa, París, Edimburgo, Brujas. He estado en Estonia, también he viajado por España. Me permite entrar en contacto con mucha gente de este mundo”. Cuenta que tener un taller profesional implica facturar, tener una actividad constante y masiva. “En un modelo así es muy difícil hacer trabajos artesanales y cuidados de este tipo. Para aprender estas técnicas hay que practicar y estropear libros”, aclara. No le gusta hablar de precios. “Cobro lo que me parece”, dice. Un trabajo de encuadernación artesanal de una semana puede rondar los 40-60 euros.

Miguel coge algunas obras guardadas en los anaqueles de su taller. Hay tantos objetos que uno no sabe si ha hecho magia o si realmente estaban allí, en algún lugar recóndito. Él siempre localiza todo lo que busca. Una vez lo muestra lo vuelve a guardar en el lugar exacto en el que estaba. El orden y la organización son otros de sus fuertes. “Cuando encuadernas un libro no sólo le estás dando más valor económico al libro, le estás dando vida. Pasarás tú, pasarán tus hijos, tus nietos, pero el libro seguirá ahí. De lo que se trata es de que cuando lo abras, en el momento que sea, lo hagas sin problema, como si lo hubieses abierto por primera vez”, comenta. Sobre su manos tiene un ejemplar bellísimo, de corte clásico, hecho en piel, pintado en líneas doradas y con unos detalles que llama escartivanas. “Este ejemplar pertenece a ‘Los libros de la basura’. Me los trajo un amigo. Estaban hechos polvo tirados en un contenedor. Ahora están totalmente recuperados”, relata orgulloso. Es un tratado mercantil de principios del siglo XX. Una obra que iba a pasar a ser pasto de alguna planta de reciclaje, en donde suelen terminar su vida esos aparatos tecnológicos de la modernidad y donde nunca debería terminar una buena historia.

Asociación AGEA

Los encuadernadores artesanales formaron en su momento AGEA (Asociación Galega de Encadernadores de Arte). Hoy extinta. “Las crisis, la falta de tiempo y los egos de cada uno de nostros terminaron con ella”, reconoce. Actualmente, internet es foro de reunión entre aficionados y profesionales.

Enseñanza

Miguel Pérez ha participado en obradoiros puntuales. “No me dedico a la enseñanza del oficio porque no tengo tiempo. Me han llamado muchas veces”, explica. Habla con enorme gratitud de sus maestros, especialmente de su primer profesor, José Vidal Lago.

Bibliófilos y artesanos en Galicia

El artesano afirma que no tiene pedidos de especialistas en libros en Galicia. Pero sí reconoce que en nuestra comunidad hay muy buenos encuadernadores. “En Guísamo está el obradoiro Penumbra: Mayka y Nuria, fabulosas. Han ganado el premio nacional del ministerio de Cultura en un par de ocasiones. Está en Lugo, Alfonso y su pareja. El Ourense está Paco de Encuadernaciones Cisne, y en Vigo encontramos Pablo de Encuadernaciones Pino. También fue segundo premio en el Nacional de Cultura.

Premios

El autor de Retrincos cuenta con varios premios y participaciones en exposiciones, muchas de ellas internacionales. Su página web muestra datos sobre su actividad de encuadernación y restauración. Así como imágenes sobre sus trabajos.

23 nov 2016 / 14:48
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