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a bordo

Que Inditex tome el mando

    MARCO Polo, el intrépido explorador veneciano, está siendo ahora emulado por innumerables viajeros procedentes de España que hacen la ruta hacia China en busca de la mascarilla perdida. En el sálvese quien pueda administrativo que reina en el país cada institución fleta aviones, mueve sus contactos orientales y envía a nuevos 007 con licencia para comprar al precio que sea. El ministro Illa, como su nombre indica y su aspecto delata, es una isla en medio de la emergencia, una Barataria como la que le dieron a Sancho Panza, con un poder escaso y una capacidad de c­oordinación limitada.

    Algún día se contarán las peripecias de los buscadores de material sanitario. Empujones por llegar antes al proveedor, llamadas intempestivas a la superioridad preguntando hasta dónde se puede llegar en la puja, engaños y timos de comerciantes desaprensivos que se aprovechan del desorden que tienen los españoles. ¡Lo vi primero!, gritará el Indiana Jones madrileño al ver que un murciano sutil intenta arrebatarle el producto. Sabremos lo que tuvo que hacer un enviado valenciano para convencer al negociante chino de que le pagaría al contado lo que el de Castilla-León le propone abonar en cómodos plazos, y el de Madrid capital con entradas al Bernabéu.

    Tal vez Domingo Villar abandone sus escenarios literarios habituales para centrar la acción de su nuevo libro en un gallego que se hace con una partida de material gracias al contacto de un chino con tienda abierta en Moaña, amigo de alguien cercano al cocinero de Xi Jinping. Claro que los gallegos en China jugamos con ventaja porque allá saben de sobra que al otro lado del mundo, concretamente en Arteixo, está la sede de un imperio textil que habla de tú a tú con gobiernos de todo el mundo.

    Se sorprenderán los analistas de la República Popular de que en un Estado tan disperso como el nuestro haya algo tan bien organizado como Inditex, capaz de traer material de China mientras rescata a sus becarios en la otra punta del planeta. Se harán la pregunta de por qué España no funciona como Zara y no obtendrán respuesta, y se sorprenderán al saber que la cultura filantrópica de Amancio Ortega es criticada por los mismos que alardean de un "escudo social" que ni siquiera es capaz de obtener mascarillas para los titanes de la sanidad.

    Por eso hubiera sido mejor que la parte incapaz del Estado se apartara de forma elegante para dejar que la multinacional gallega organizara los suministros. Subcontratar la gestión de la emergencia, por así decirlo. Permitir que la dirección de Inditex supliera a los ministros mientras dure la crisis, aplicando ese peculiar estilo que consiste en hacer mucho y decir más bien poco. Admitamos que esta idea tiene el problema de que la gente se acostumbre a estar gobernada como es debido y no quiera volver a la normalidad, pero aún así valdría la pena intentarlo. Mientras tanto, en diferentes confines de China, se está librando ahora mismo una lucha por las mascarillas en la que participa la España de Pancho Villa. Es un estado de alarma en un Estado alarmante. Casi se puede oír a los chinos diciendo ¡me las quitan de las manos!

    Periodista

    26 mar 2020 / 00:00
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