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Blanca Laffon Lage / Catedrática de Psicobiología de la Universidade da Coruña

"Investigamos si los nanomateriales son dañinos, porque ya los empleamos en más de tres mil productos de uso común"

Blanca Laffon Lage se licenció en Farmacia por la Universidade de Santiago de Compostela (USC) en 1996. Se doctoró en Farmacia en 2001. Ha participado en numerosos proyectos de investigación nacionales e internacionales, en colaboración con grupos de diversos países (Portugal, Reino Unido, Austria, Italia o India). Es Académica Correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia. Sus líneas de investigación actuales se centran en el campo de la toxicología y de la fragilidad en mayores

Siendo estudiante de Farmacia, ¿cómo llegas a interesarte por el mundo de la Psicobiología?

Me licencié en Farmacia en la Universidade de Santiago y después me trasladé a la Universidade da Coruña para hacer la tesis doctoral en genética. En concreto, la tesis fue en toxicología genética. Una vez terminada, en mi periodo posdoctoral, tuve la oportunidad de incorporarme al área de Psicobiología de la misma universidad, y las investigaciones que realizamos están tangencialmente relacionadas con la genética y la toxicología.

¿Cuáles son tus actuales líneas de investigación?

Mis temas de investigación actuales están muy relacionados con la genética y la toxicología. En mi grupo de trabajo estamos particularmente interesados en estudiar los efectos que puede tener para la salud la exposición a determinados contaminantes que estén presentes en el medioambiente o en contextos ocupacionales. En concreto, lo que nos interesa son los efectos, tanto a nivel celular como molecular, que suponen una implicación del sistema nervioso y que, por tanto, pueden inducir modificaciones en la conducta.

Dentro de tus líneas de investigación actuales se encuentra la nanotoxicología. ¿Qué estudia principalmente? ¿Cómo definirías un nanomaterial en términos generales?

Los nanomateriales son unos materiales que se han desarrollado en los últimos años. Son materiales muy nuevos, cuya característica fundamental es que una de sus tres dimensiones es inferior a cien nanómetros. Son muy, muy, muy pequeños, teniendo en cuenta que un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro. Es decir, las nanopartículas, que tienen tres dimensiones en el rango nanométrico, son más pequeñas que las células todavía. Por eso, existe la posibilidad de que se introduzcan en las células y ejerzan allí toda una serie de efectos que, en estos momentos, desconocemos para la mayoría de ellas.

Siendo tan pequeños, en caso de que resultasen ser dañinos, ¿cuál sería su impacto sobre el organismo?

Al ser tan pequeños, su área superficial es muy grande comparado con el mismo material que esté a mayor escala. Con lo cual, cuanto más grande sea el área superficial, mayor cantidad de moléculas están en la superficie y, por tanto, mayor probabilidad hay de que esas partículas sean reactivas. Por eso, la probabilidad de que esa reactividad pueda inducir determinados efectos en el organismo, en las células, es elevada. Y, además, en estos momentos, es totalmente desconocida, porque los conocimientos toxicológicos que hay son sobre los materiales a mayor escala. Aún es ahora cuando estamos testando cuál sería la posibilidad de que esos pequeños materiales, esos nanomateriales, puedan inducir efectos perjudiciales para la salud, o bien, que sean totalmente seguros.

¿Cuántos productos hay actualmente en el mercado que contengan nanomateriales?

Claro, el problema es que ya hay muchísimos productos en el mercado que contienen nanomateriales. De hecho, hay una base de datos a nivel europeo que actualmente contiene más de 3.000 productos en el mercado de uso común con nanomateriales. Entre ellos, tenemos productos de uso tan frecuente como pastas de dientes, cosméticos, cremas solares, pinturas, materiales electrónicos, textiles, material deportivo, envases alimentarios, materiales de construcción...

¿Cómo aparecen esos nanomateriales en los productos? ¿Durante el proceso de fabricación?

Sí, sí, son generados a propósito. Están desarrollados adrede, porque precisamente por ese tamaño pequeño y esa reactividad tienen unas propiedades que se diferencian de los mismos materiales a mayor escala. Por ejemplo, en el caso de las cremas solares, esos materiales lo que hacen es evitar que los rayos solares, los rayos ultravioletas, penetren a través de la piel. Forman una película muy fina sobre la piel y no los dejan pasar. Es decir, no es que los nanomateriales aparezcan en los productos porque se han generado a posteriori de que se fabriquen, sino que se buscan a propósito. Otro ejemplo, a nivel de biomedicina. Hoy en día ya se están utilizando nanomateriales para dirigir fármacos solamente a aquellos lugares del organismo donde tienen que actuar. Así, se usan en terapias contra el cáncer, donde los productos que se utilizan son reamente dañinos, como la quimioterapia, cuya toxicidad no solo ataca a las células del cáncer, sino también a las demás (caída de pelo, alteraciones intestinales). Estos nanomateriales permiten dirigir la quimioterapia hacia el lugar del organismo donde tiene que actuar, por lo que se reduce mucho su toxicidad.

Tu otra línea de investigación es la fragilidad en personas mayores. ¿Cómo llega a producirse?

Las causas de la fragilidad son muy variadas. Tiene un cierto componente genético, pero también tiene cierto componente ambiental, que depende del estilo de vida, la nutrición, el tipo de enfermedades que haya tenido la persona... Es lo que se llama un síndrome multidimensional. Hay muchísimas causas que pueden estar causando fragilidad en personas mayores. Nosotros estamos intentando desarrollar biomarcadores que permitan detectar la fragilidad desde un estadío temprano, incluso antes de que la persona la sufra, para determinar si tiene un riesgo más elevado o más pequeño de desarrollar fragilidad.

¿En qué edad es más común que aparezca la fragilidad?

En las personas mayores, que se consideran como tal a partir de los 65 años. A los 65 años hay un porcentaje de fragilidad en personas mayores más pequeño y, a medida que va aumentando la edad, la prevalencia de la fragilidad va siendo cada vez mayor. Pero no existe una edad en concreto.

¿Cuáles son los principales síntomas de la fragilidad?

Fundamentalmente, un descenso de reservas. Las personas que la padecen presentan fatiga, pérdida de peso, debilidad musular, agotamiento, alteraciones fisiológicas, distintas patologías... Precisamente, es la falta de reservas lo que las hace vulnerables ante cualquier estímulo externo que le pueda producir un efecto adverso a su salud. Las consecuencias en ellos van a ser mucho peores.

05 mar 2020 / 00:00
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