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EDITORIAL

Maldición ancestral

    “O GALEGO NON PROTESTA, EMIGRA”. Esta dolorosa pero todavía hoy vigente sentencia del siempre presente Castelao, viene al caso de lo que ocurre con la concentración parcelaria en la parroquia de Nebra, concello de Porto do Son. Hace más de un cuarto de siglo que se iniciaron los trabajos de concentración parcelaria y ordenación rural (así se denominaba entonces), y todavía hoy no se han entregado los títulos de propiedad. En 2013, la anterior titular de Medio Rural mantuvo un encuentro con el regidor portosinés, el eficaz Luis Oujo, y todo parecía encauzado para cerrar el ciclo con el acto de recepción de los propietarios de la escritura que garantiza su titularidad. Sin embargo, casi dos años después, todo sigue igual. Es decir, en el limbo.

    Mientras esto ocurre, los sufridos propietarios que esperan y se desesperan, están sumidos en el infierno del desencanto, confiando que la nueva conselleira del ramo, Ángeles Vázquez, dé un acelerón a la lenta y agobiante burocracia –vergonzosa burocracia– que condena a más de un afectado a abandonar este mundo sin ver cumplido un sueño inalcanzable tras 25 años de espera.

    ¿Qué extraña maldición rodea a casi todo lo que tiene que ver con la modernización de las estructuras agrarias gallegas? Pregunten sino a los regantes del Valle de Lemos (Lugo) que en 50 años no han conseguido que se remate la obra. ¡¡Vivir para ver!! O no ver en muchos casos, claro. La muerte no espera.

    23 nov 2016 / 00:41
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