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Lo mismo que con Fraga

    ALGUNOS achacaron lo que dijo Jorquera en la noche electoral al rencor, pero su análisis es impepinable. Los éxitos de sus principal antagonista coinciden con los grandes triunfos del PP. La época fraguista no se entiende sin aquel duelo constante de Fraga con Beiras, en el que cada uno servía de catalizador de la parroquia del otro. Beiras era el coco del fraguismo y Fraga el hombre del saco del beirismo. Fueron como Cánovas y Sagasta, con la diferencia de que el nuevo Sagasta nunca disfrutó del poder.

    La historia se repite, como advierte el perspicaz Jorquera. A los méritos propios de Feijóo hay que añadir en plena campaña la eficaz colaboración de un discurso de AGE que rompía cualquier posibilidad de alternativa por la izquierda. Mientras PSdeG y BNG se esforzaban por presentar una opción de gobierno, los otros se conformaban en convertir cada mitin en una catarsis. Al "hai que paralos" le faltaba el cómo y el con quién. Qué más daba.

    Así pues, ya tenemos un elemento que permite afirmar que don Alberto inaugura un ciclo similar al de don Manuel. Ambos cuentan con el respaldo de un líder jupiterino capaz de sembrar el temor en la mayoría moderada de la sociedad gallega, y de dificultar los intentos de agrupar a la izquierda en propuestas comunes. Buena parte de la legislatura que se avecina se va a centrar más en la lucha de socialistas, nacionalistas y "agistas" por su espacio político, que en la dialéctica gobierno-oposición. Lo mismo que con Fraga.

    Lo mismo que con Fraga, habrá un PSdeG que, tras el paréntesis unificador de Touriño, vuelve a ser un archipiélago de tendencias dónde es difícil distinguir un común denominador. Tardará en consolidarse un nuevo líder solvente, sobre todo si surge desde fuera del Parlamento y se ve obligado a ejercer respaldado por una de esas malignas diputaciones que los socialistas quieren hacer desaparecer.

    Lo mismo que con Fraga, Feijóo contará con un nacionalismo en plena ebullición, obligado a reflexionar de nuevo sobre la aparente paradoja de que el pueblo gallego vuelva la espalda a sus defensores por antonomasia. Y los mismo que con Fraga, Feijóo tendrá la ventaja de que haya fracasado el enésimo intento de levantar un galleguismo de corte convergente, que pudiera discutir el hecho de que esa variedad sociológica se encuentra a gusto dentro del PP.

    Algunos pudieron pensar que la primera vez su victoria sólo fue consecuencia de los audis y las fotos inoportunas. La segunda tiene raíces mucho más profundas. Francisco Jorquera apunta una de ellas.

    04 nov 2012 / 00:00
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