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Una mujer excepcional

    ANTEVÍSPERA del eclipse. Me pongo a leer un libro a media mañana y lo dejo a última hora de la tarde. Su lectura me ha maravillado. Está construido como un castillo de naipes, siempre en peligro de venirse abajo de una forma que nunca se ofrece inminente, pero que siempre te sobrecoge y mantiene tu atención alertada y firme, lo que te permite ver como va cobrando altura poco a poco, sin venirse nunca abajo, sin que un solo naipe resbale o desaparezca llevado por un soplo de impaciencia.

    Se abre el libro con una cita de Max Aub que va cobrando sentido página a página y se lo va dando a un libro que se me antoja encomiable. Lo publicó La esfera de los libros y lo firma Xabier R. Blanco. ¿Su título?: Rosalía Mera. El hilo suelto. Acaba uno enamorado de la dama. No podía ser de otro modo.

    Confieso que la traté poco. La conocí en la sede de su Fundación Paideia. En la ocasión, Guillermo de la Dehesa presentaba un libro y allí me fui al acto que protagonizaba un amigo. Rosalía andaba por allí y Guillermo le rogó que presidiese la mesa. Ella se negó y se sentó entre el público. Confieso que me gustó, mejor dicho que me encandiló su actitud. Cuando el acto finalizó, Guillermo de la Dehesa le rogó que dijese unas palabras. Entonces accedió… y nos soltó un rollo de media hora que acabó irritándome por inoportuno y soltado a destiempo, también por deslucir el acto para el que habíamos sido convocados y robarle el protagonismo a quien ese día lo había buscado. A partir de entonces procuré eludirla y las dos o tres oportunidades que tuve de tratar con ella las evité como pude. Con cierta facilidad, es cierto.

    Volví a coincidir con ella en Barcelona en esa oportunidad que los empresarios gallegos en Cataluña aprovechan para entregar sus "E" de excelencia en esto y en aquello, entre las de aquel año, una a ella y otra a mí. Antes de la cena hablamos largo y tendido, durante ella se vino para nuestra mesa y en ella continuó durante las horas que duro la sobremesa. Allí mismo empecé a lamentar el haberme equivocado, algo a lo que debiera estar ya acostumbrado, pero sin que consiga enmendarme nunca. Ahora leo el libro de Xabier R. Blanco y sé que me perdí el trato con una mujer excepcional; algo que le sucederá a cualquiera que lo lea. Lamentará no haberla conocido. También envidiará un constructo literario como el erigido por el autor, de una perfección extraña, inhabitual y raro, luminoso en las zonas oscuras, apacible en las demasiado diáfanas, entrañable en todo momento. Lean el libro y disfruten de una personalidad como la de Rosalía Mera e incluso con la de Amancio Ortega, que surge en los momentos precisos, o la de la hija de ambos que va y viene por sus páginas, sin decir palabra, como ya hizo su madre y ella nos tiene más que acostumbrados.

    Escritor, Premio Nadal

    y Nacional de Literatura

    02 abr 2015 / 00:00
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