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{los otros días}

La nave colectiva del idioma

    PARECE de todo punto innecesario que, a los artículos publicados en los dos últimos días del año que se fue (déixadeo ir…) se les añada una consideración que se me antoja evidente. La de que, desde la administración, existe una parte alícuota de responsabilidad en la disminución de hablantes en gallego que hay que tener en cuenta. Claro que existe y claro que no es pequeña. Pero también es archisabida y está archirreconocida. Y por supuesto que me sumo a los que la realizan. Pero no les hago el coro. Dejé de hacerlo desde que una vez comenté aquí los cinco mil millones de pesetas empleados en la dirección xeral ad hoc y ningún grupo parlamentario tuvo la ocurrencia de interpelar al gobierno por si la cifra era correcta o se trataba de una boutade de las que al parecer acostumbro. Antes ya me habían puesto cien pesetas encima del escaño por evitar cuatro normativas ortográficas para el gallego. Así que por ahí, espero poco. Tan poco como que, hace unos días, Xosé M. Sarille describió en estas páginas el comentario de una alta dirigente en el gobierno tripartito que se justificó diciendo que, a lo largo de cuatro largos años en labores de gobierno, no había sido capaz de hacer absolutamente nada. Ghe, ghe! Menos mal que no estuvo, creo recordar, en el departamento de Cultura porque ahí sí que hubo grandes logros: fueron transportados doscientos y pico escritores para que bebiesen mojitos en La Habana y cientos de miles de libros en gallego para que los leyesen los cubanos… que no leen en gallego. ¡Ah y la selección gallega de fútbol, con camiseta propia, jugó un parido internacional de fútbol! ¡Ah, qué logros! Así que por ahí es poco lo que se puede esperar, visto lo visto y tan sucintamente recordado.

    Por eso es hora de que –en vez de culpar siempre al gobierno, no porque no tenga culpa, sino porque casi siempre es predicar en el desierto y además es culpa repartida que cabrá achacar a los efectos que produce el pisar moqueta– empecemos a considerar la parte de ella que nos corresponde a los demás. ¿Quiénes somos los demás? Pues desde los llamados agentes de cultura, creadores de opinión, intelectuales de las cosa y otros adyacentes, instituciones lingüísticas, fundaciones de esto y de lo otro, académicos y miembros de consellos que tienen tantos funcionarios como miembros, o por ahí hasta llegar, también y por qué no, al pueblo llano y soberano que algo tendrá que ver con el evento.

    Nunca hubo tantos medios para salvar el gallego y este, nuestro idioma más propio y original, nunca estuvo en tan precaria situación como está ahora; nunca se despilfarró tanto; nunca tan pocos dispusieron de tantos medios (de toda índole) para que, con ellos, la cultura que se expresa en el idioma que amamos todos y todos conocemos, armase la nave colectiva en la que poder seguir bogando por la historia. Es hora de saber por qué.

    Escritor, Premio Nadal y Nacional de Literatura

    03 ene 2015 / 00:00
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