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No todos son iguales

    No está muy claro que la crisis económica haya sido el factor determinante en el vuelco electoral. Galicia es una de las cinco comunidades autónomas en las que el paro está por debajo de la media nacional, nada menos que cinco puntos. Y el ejemplo de Euskadi, donde el PNV ha ganado un diputado respecto a 2005, pese a que en esta ocasión no ha ido en coalición con EA, y el PSE-PSOE ha aumentado en seis escaños su presencia en el Parlamento vasco, no ayudan a confirmar comparativamente la hipótesis gallega. A fin de cuentas, Juan José Ibarretxe era el máximo responsable del Gobierno vasco y Patxi López pertenece al partido que gobierna en España.

    Por tanto, y sin negar el criterio general de que los efectos de la crisis castigan más a quienes gobiernan que a quienes están en la oposición, habrá que esperar a otros análisis más pormenorizados para comprobar la influencia que la recesión puede haber tenido en el resultado de las elecciones gallegas.

    En todo caso, las encuestas no han sido capaces de reflejar lo que se estaba cocinando en el escenario galaico. Es verdad que algunos sondeos otorgaron a los populares la posibilidad de obtener mayoría absoluta (38 escaños); pero lo que más bien reflejaban era un empate técnico entre éstos y el bipartito. Y la inclinación de la balanza hacia uno u otro lado dependía de cómo fluctuase la participación, dando por hecho de que sería apreciablemente más baja que en 2005.

    No ha sido así, y el aumento del número de votantes no ha beneficiado a los socialistas, ni ha perjudicado a los populares como se suponía. Pero falta por analizar en detalle a quién ha dañado la irrupción de UPyD y TEGA, así como la subida de IU: una primera visual sugiere que TEGA podría haber sido determinante en la pérdida de un diputado del BNG por A Coruña, y que UPyD e IU podrían ser los causantes de que el PSdeG perdiese un escaño en la provincia de Pontevedra. Lo que sí es seguro es que ninguna de las tres siglas ha tenido el menor coste electoral para Alberto Núñez Feijóo.

    Y eso tiene otra lectura: la factura de la guerra lingüística la han pagado los socialistas. En ese sentido, la maniobra política de Feijóo le ha servido para conjurar el peligro de que la marca de Rosa Díez le pudiera meter un mordisco en el electorado popular y, al mismo tiempo, transferirle el problema a Emilio Pérez Touriño.

    Llegado aquí, es obligado resaltar que Touriño no haya dejado pasar ni veinticuatro horas para presentar su dimisión "irrevocable" como secretario general del PSdeG. El presidente en funciones de la Xunta asume en primera persona la derrota y da por concluido un liderazgo con el que los socialistas superaron una crisis interna profunda, unieron el partido, ayudaron a fraguar la victoria de Zapatero en las elecciones generales de 2004, conquistaron la presidencia de la Xunta en 2005 y obtuvieron en 2007 las alcaldías de seis de las siete principales ciudades gallegas y la presidencia de dos diputaciones. Su legado no es pequeño; de hecho, Touriño deja la dirección PSdeG con casi el doble de escaños con la que la cogió.

    La dimisión de Touriño es un ejercicio de responsabilidad política que demuestra su talla. No es cierto que todos los políticos sean iguales. Y él no se merecía la campaña ignominiosa e indecente que le montaron.

    LPOUSA@ELCORREOGALLEGO.ES

     

    02 mar 2009 / 23:55
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