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{ TRIBUNA LIBRE }

El Papa Francisco, el despotismo y la corrupción (I)

    Palabras del Papa Francisco, pronunciadas el pasado 23 de octubre y dirigidas a la Delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal.
    Sobre la vida y la dignidad de las personas
    En primer lugar, si respetamos al ser humano, hay que decir no a la pena de muerte. Aparte de la posibilidad del error judicial, los regímenes totalitarios y dictatoriales utilizan la pena para suprimir a los que disienten por razones políticas o religiosas. Es impensable que hoy los Estados no tengan otro modo de defenderse del injusto agresor que con la pena de muerte. Sin embargo privan de la vida no sólo con la pena de muerte y con las guerras, sino también cuando públicos dirigentes se cubren a la sombra de los poderes estatales para justificar sus crímenes. Todavía hay sesenta países que mantienen la pena de muerte, pero la pena de muerte se aplica ilegalmente en diversos grados a lo largo de toda la tierra. Hay ejecuciones extrajudiciales, que son horrendos crímenes.
    Por todo esto, el Papa les pide a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad que luchen por la abolición de la pena de muerte, bien sea ésta legal o ilegal. También les exhorta a dar los pasos oportunos para mejorar las condiciones de las cárceles, de modo que se respete la dignidad humana de los privados de libertad y se evite el trato inhumano y degradante.
    Considera el Papa Francisco que a menudo se da el encarcelamiento preventivo, lo cual constituye otra forma de pena ilícita oculta. Hay países en los que existe un 50% de personas detenidas sin condena, muchas de ellas en comisarías de policía o destacamentos militares.
    La tortura muestra hasta dónde puede llegar la crueldad humana. A veces se causa tortura con la reclusión en cárceles de máxima seguridad. La imposibilidad de relación con otros seres humanos, provoca sufrimientos psíquicos y físicos, como la paranoia, la ansiedad y la depresión. Hoy la tortura no se aplica sólo como el mejor medio de lograr el conocimiento de los hechos, sino como castigo, en centros clandestinos de reclusión, en modernos campos de concentración, en cárceles, en instituciones de menores, en hospitales psiquiátricos, comisarías y otros Centros e instituciones de detención y pena. El haber justificado la tortura en algunos casos, ha abierto el camino a ulteriores abusos.
    En otros casos se ha prodigado el secuestro, o se han permitido el uso del propio espacio aéreo para un transporte ilegal hacia Centros de detención, en los cuales se aplica la tortura. En lo tocante al castigo penal a niños, éstos no podrían ser imputados hasta alcanzar la madurez. Respecto de los ancianos, mujeres embarazadas, enfermos terminales, personas menos hábiles o las que constituyen el único reducto de sostenimiento de personas necesitadas, las razones humanitarias requieren excluir o limitar el castigo que les correspondería.
    A la base de todo esto se encuentra la necesidad de que la comunidad internacional reconozca el primado de la persona, su dignidad sobre todo tipo de cosas.

    14 nov 2014 / 00:00
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