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Desde el paseo del Arenal: visita y recuerdos con los Beiras García-Martí

El literato y abogado Victoriano García Martí tuvo una vida fascinante entre Galicia y Madrid en la España alfonsina. Su sobrino nieto, el doctor Eduardo Beiras García-Martí, recuerda al autor de ‘Una punta de Europa’

Visité a Eduardo Beiras García-Martí en su casa de la rúa das Orfas en Santiago de Compostela. Un precioso principal con varias ventanas que dejan pasar la tenue luz invernal compostelana para iluminar el gran salón.

Un piano de cola negro azabache sirve de armónico concertante en la decoración de la gran sala de estar.

Las paredes están pintadas con un clasicista tono rojizo que parece recordar los muros de Pompeya. Sobre ellas hay numerosos recuerdos de la familia y bonitos cuadros de paisajes y arquitecturas grecorromanas. Todo en la sala está ordenado con un gusto neoclásico haciendo geometrías y estructuras formales equilibradas.

El interés de Eduardo Beiras por el orden clasicista no sólo destaca en sus bonitos muebles y su bien dispuesta biblioteca, sino que en su conversación y en sus preferencias intelectuales se aprecia también ese equilibrio de hombre de mundo.

Su gusto está en el justo punto reaccionario para ser vanguardia y mantenerse a contracorriente sin caer en histrionismos. Aprecia a Valle-Inclán y prefiere a Bach. Le interesa el sur de Italia y disfruta con el barroco gallego.

De esa misma manera era, en opinión de Gregorio Marañón, el tío abuelo de Eduardo: el abogado y escritor Victoriano García Martí. Un gallego notable que nació en A Pobra do Caramiñal cuando la villa se llamaba aún La Puebla.

Tuvo una existencia tan mundana y ligada a la alta sociedad de su época como introspectiva y dedicada a la creación literaria.

En Madrid y París trató al conde de Romanones y al duque de Alba, entre otros. En Galicia se ocupó de estudiar su tierra y tratar a don Ramón del Valle-Inclán y a otros hombres de las letras, las artes y la política.

Eduardo, su sobrino, es un excelente pianista y buen cantante a quien le gusta entretener a sus amigos cantando arias de Haendel y que también participa activamente en la escena musical gallega a través del coro de la universidad.

En el piano de cola de su casa descansa un retrato de su querido tío abuelo Victoriano.

Victoriano García Martí es hermano de su abuelo materno.

Unos destacados representantes de aquellas sagas de catalanes llegados a Galicia para desarrollar actividades empresariales relacionadas con el mar. Tuvieron una primera llegada que se produjo en el siglo XVIII y una segunda en el siglo XIX.

Victoriano Martí Santos procedía de Gerona, en concreto de Blanes, y con su familia, se asentaron en A Pobra do Caramiñal, en el llamado barrio de los catalanes, o sea, el paseo de los Arenales.

Allí estaban residentes apellidos como los Villoch, los Martí, los Barreras. En A Pobra tenían negocio naviero y consignatario y de buques en general. Y a lo largo del paseo la mayoría de las casas eran además fábricas de salazones, los antecedentes de la industria conservera de pescados y mariscos propia de las costas gallegas.

Su hija, Ángela Martí, se casó con un caballero de Porto do Son, Pío García López Abente, y tuvieron varios hijos: Victoriano, el destacado literato y hombre de leyes, Marcial, Pío y Mercedes.

Mercedes se casa con Ricardo Bermejo, perteneciente a una conocida familia de Santiago. Marcial el abuelo se casó con una Carreró de Cabo de Cruz y tuvieron a María del Carmen García del Río, la madre de Eduardo.

María del Carmen García del Río se casó con Amador Beiras García y tuvieron a Eduardo y a su hermana María del Carmen, él es doctor en Medicina, doctorando en Historia del Arte y ella es radióloga.

Amador, el padre de Eduardo, era hermano de Manuel Beiras el conocido galleguista y tío por tanto de Xosé Manuel Beiras el político.

Eduardo Beiras sigue con la vena intelectual de otros sobresalientes miembros de su familia.

Es doctor en Medicina con una tesis sobre Daños hepáticos del alcohol.

Licenciado además en Historia del Arte, publica sus artículos de arte en periódicos y revistas de la Academia Gallega, el Museo do Pobo y en la Universidad compostelana.

Es un especialista en el arquitecto barroco Lucas Ferro Caaveiro, autor, entre otras, de la sala capitular de la Catedral, realizada entre 1752 y 1756.

La fachada de la Azabachería de la Catedral. La iglesia de San Fructuoso, situada detrás del ayuntamiento que es de estilo rococó.

Y es Caaveiro autor de un proyecto barroco para el Ayuntamiento de Santiago, que tiene ventanas francesas ilustradas, fachada posterior neoclásica, remates barrocos de inspiración italiana y cráteras bellísimas en la cornisa.

Eduardo ha estudiado todos estos interesantes proyectos arquitectónicos y los ha plasmado en un proyecto de investigación para su futura tesis doctoral en arte.

El elegante escritor gallego y cosmopolita Victoriano García-Martí

Victoriano García Martí nació en A Pobra a fines del siglo XIX, en el paseo dos Areos.

Estudió Derecho, profesión que ejerció en Madrid y en Galicia. El éxito le acompañó desde joven en la abogacía, pero su interés por la creación literaria en novela y ensayo le indujo a trocar la profesión liberal por la de literato. Sí mantuvo siempre su ideología de liberal ilustrado.

En sus años de Madrid se trató con personalidades del ámbito elegante y aristócrata. Y destacó mucho por su vida social en el Ateneo, institución en la que ejerció funciones directivas.

No sólo se ocupó de su creación personal, sino que su admiración por diversas figuras gallegas como Rosalía de Castro le llevó a publicar con el señor Aguilar una biografía y la primera gran edición de obras completas razonadas de la poetisa romántica.

Tuvo un período en París y Bruselas pensionado por el Gobierno español. En las cosmópolis del norte de Europa realizó ampliación de estudios de sociología y trabó amistades con jóvenes de diversas nacionalidades que mantendría a lo largo de su dilatada vida.

En la ciudad de la luz trató también a muchas celebridades, entre otras a mademoiselle Lutoslawsky y a Sofía Casanova, poeta gallega devenida aristócrata por matrimonio.

Su actividad se extendió a la vida política y fue amigo personal de Azaña, quien le propuso para un puesto de ministro.

Como ensayista, fue además amigo personal de Ortega y apoyó una idea de modernismo europeísta con gran voluntad de ensalzar las virtudes de Galicia. Apoyó un nacionalismo culto, internacional y lírico.

La guerra española le hizo pasar una temporada en el infierno de la cárcel y al final de la contienda siguió unos años en el Foro para retirarse luego a su tranquila residencia de A Pobra.

Allí mantenía contacto con sus amistades internacionales y vería la vida pasar sentado en el paseo que mira al mar arousano.

Ensayos, novelas y una vida llena de anécdotas literarias

Eduardo, el sobrino nieto de don Victoriano, lo recuerda sentado en su casa pobrense, impecablemente vestido, oliendo a perfume y con una flor de alelí en la solapa.

En la casa del Arenal tenía una preciosa colección de muebles modernistas de color negro y grandes jarrones de colores decorados con gallos y animales preciosos, muy del gusto de la época. Y un magnífico juego de cerveza que conserva Eduardo en su casa. Entre su correspondencia frecuente se encontraban las cartas de la bella actriz Ana Mariscal.

En su producción literaria destacan los ensayos dedicados a la biografía de la tierra gallega. Una punta de Europa, De la zona atlántica y la Biografía y obra completa de Rosalía de Castro son algunos de sus títulos. Pero también se ocupó de temas como la trascendencia del hombre. La vida, la muerte, la felicidad fueron objeto de estudio en La muerte o El sentimiento de lo eterno.

Entre sus novelas destaca Don Severo Carballo, una biografía figurada de un médico de A Pobra contada desde la distancia y el cultismo sin entrar en el estilo de la novela costumbrista.

En otra novela, El caballero de Santiago, cuenta la vida de un personaje en Compostela que remata su existencia muriendo en A Quintana vestido de caballero. Todo de un gusto muy decadentista y estético, una línea del arte por el arte.

El gusto simbolista lo conoció también de la mano de Valle-Inclán, de quien era amigo de siempre y se mostraba elogioso hacia la obra de García Martí.

Lo mismo que lo admiraron Jacinto Benavente, Marañón, Menéndez Pidal, Otero Pedrayo y Camilo José Cela.


11 feb 2008 / 16:18
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