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miércoles, 03 junio 2020
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Personal del CHUS "resiste" a pie de cama del enfermo sin dejar que el virus les venza

Seis profesionales del complejo cuentan cómo afrontan la pandemia // Superan temores y sacan pecho a base de una vocación escrita en su ADN

Lo que comenzó hace unas semanas con tímidos aplausos de unos cuantos vecinos de distintas ciudades al personal sanitario español acabó por extenderse como la pólvora por cada casa y edificio hasta convertirse en una especie de oasis en medio de un tsunami que ha golpeado la vida de un planeta con la llegada de un virus que parecía muy lejano cuando empezó a azotar a China. Ahora, con un estado de alerta por decreto, son mayoría los que esperan con ansia que el reloj marque las ocho de la tarde para rendir homenaje a los que nos cuidan, a los que están en primera línea de la batalla contra el coronavirus.

En el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) son batallón los que no dudan en superar sus miedos y temores para hacer lo que mejor saben, cuidar a los demás. No visten capas, sino uniforme, pero son los grandes héroes. Unos aseguran que "no es más que el trabajo que tengo que hacer" y otros no dudan en subrayar que "los aplausos los envío a otros muchos trabajadores que salen a la calle para que a nadie les falta nada", desde medicinas hasta pan o un periódico, que también ayuda a sobrellevar el día a día.

Reciben los aplausos en medio de canciones que ya son himnos como el Resistiré del Dúo Dinámico, mientras no cejan en su empeño de transmitir un mensaje: "Queda na casa". Saben que la única forma de vencer al maldito Covid-19 es así, porque no hay vacuna, porque el lavado de manos con agua y jabón es casi la única medicina. Ésta y no salir en la medida de lo posible. Son auxiliares, celadores, médicos, enfermeras, personal de limpieza... Desde el Clínico, que se bautizó como el buque insignia de la sanidad gallega, se remangan para remar a favor de los pacientes.

Norberto Proupín, médico del centro de salud de Conxo

Hace apenas tres semanas se podía ver a decenas de personas en las salas de espera de las consultas de los centros de salud. Una imagen que ha cambiado de forma radical. "Desde que comenzó el confinamiento mayoritariamente atendemos por vía telefónica y son muy pocos los que se acercan hasta al ambulatorio", comenta el doctor Norberto Proupín, del centro de salud de Conxo.

"El miedo es libre y es normal que sean mayoría los que eviten venir al centro de salud, salvo casos de fuerza mayor", argumenta.

El doctor Proupín asegura que por ahora cuentan con medios suficientes para atender la demanda, aunque lanza un mensaje a las autoridades sanitarias para que les doten de medios suficientes para afrontar el pico de casos, que prevé para dentro de una semana o dos como mucho. "No se puede ir a la batalla armados solo con un palo", asegura.

"No es cuestión de alarmar a la población, que lo está haciendo bien en su gran mayoría, evitando salir y estando en sus casas, pero no hay que olvidar que nos enfrentamos a un virus muy contagioso, y los datos están ahí, no podemos dar la espalda a los de ciudades, aunque más grandes, como Madrid o Barcelona, donde están desbordados", sostiene Proupín.

Asume a diario, como personal de riesgo, que no solo debe extremar las medidas de precaución en el centro de salud sino también al llegar a casa. Asegura que los aplausos a los sanitarios "se reciben como algo muy reconfortante".

Evaristo Varo, jefe de la unidad de Trasplante Abdominal

Evaristo Varo ha estado en mil y una batallas desde que puso en marcha la primera unidad de Trasplante Abdominal en el antiguo hospital Xeral de Galicia, en Galeras, en el verano del 94. Pese a llevar más de un millar de trasplantes y de salvar vidas in extremis de pacientes práticamente desahuciados, con la llegada del coronavirus este especialista andaluz debe afrontar algo nuevo y "muy muy duro", como recalca.

Es consciente de que se "juega el pellejo" en cada intervención, como personal de riesgo, pero también asume que "no queda otra que tirar para adelante y pelear por nuestros pacientes, que son lo primero".

Y es que para este reconocido experto es cuestión de "vocación y devoción".

Cuando se le hace esta entrevista acaba de salir de quirófano, de operar a un paciente con cáncer de páncreas, porque como subraya "estamos también intentando salvar vidas de pacientes en unos momentos en que debemos valorar a la exposición a la que sometemos a los enfermos. Valoramos mucho el beneficio sobre el perjuicio, pero en este caso concreto, operar era la única opción al no ser factible un nuevo ciclo de quimio".

Cuando sale de trabajar, como la gran mayoría de suscompañeros sanitarios, teme llevar el contagio a su casa, por eso no duda, antes de entrar en casa, en quitarse toda la ropa de calle que trae desde el trabajo en el hospital, aunque dentro ya se ponga el uniforme. También deja fuera los zapatos y los desinfecta. Además, asegura que nada más cruzar la puerta de su vivienda se mete en la ducha, porque es muy consciente de que toda prevención es poca.

Cuando se le pregunta sobre los aplausos de la sociedad a los sanitarios, el doctor Varo asegura que "es muy gratificante. Se me saltan las lágrimas". "Lo único que espero es que el Gobierno tome nota y que este respaldo sirva para que en el futuro no haya recortes en sanidad". Ese es su claro mensaje a la clase política.

Javier Vidal, jefe del sevicio de Cocina

El infatigable Javier Vidal lleva más de 25 años llevando las riendas del servicio de Cocina del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS). De él, y de un valioso equipo humano formado por 150 personas, depende la comida de los más de 1.500 pacientes a los que sirven a diario cinco mil menús.

Ahora han llegado tiempos difíciles que afronta el servicio "más unidos que nunca, aunque a veces haya tensiones y no sea fácil trabajar", asegura. Y es que explica que el personal "vive, como es natural, con mucha preocupación lo que está ocurriendo. Muchos tienen a su cargo a personas mayores o a hijos en edad escolar a los que deben cuidar, por lo que se les nota más cansados y tristes. A veces, con poco ánimo". Eso sí, Juan asegura que "no les faltan las ganas de trabajar para que todo esté listo en los platos a su hora, y que los menús sean los mejores".

Para darles una inyección de ánimo "todos los días, antes de emplatar nos autoaplaudimos". Se le ve orgulloso de su equipo a pesar de que ahora deban dejar los carros con platos delante de las habitaciones o que extremen aún más si cabe las medidas de precaución.

Al igual que el resto del personal hospitalario agredece mucho los aplausos de los vecinos de Santiago. "Nos hace sentir visibles porque a veces nuestro trabajo no se ve", asegura.

Miguel Ríos, informático

La llegada del coronavirus ha trastocado y mucho su trabajo. Al ser informático del hospital Clínico de Santiago ha visto cómo se ha incrementado la intensidad de la jornada laboral.. Miguel Ríos explica que "en un tiempo récord tenemos que dar respuesta a las nuevas necesidades de la organización.

"Hacemos aplicaciones específicas a un ritmo frenético y también, como es lógico en estos tiempos en la que es imprescindible, en la medida en que se pueda, quedarse en casa, estamos facilitando el teletrabajo a un gran número de profesionales que pueden desarrollar desde sus casas su jornada laboral", asegura.

Miguel extrema las precauciones e indicaciones de limpieza y aunque no trata directamente con pacientes es plenamente consciente de que el hospital es un entorno de riesgo. Por ese motivo, sigue al pie de la letra las indicaciones del servicio de Medicina Preventiva del CHUS.

Cuando se le pregunta por los aplausos dedicados al personal sanitario y que resuenan en cada una de las calles de la ciudad puntualmente a las ocho de la tarde, con gente asomada a las ventanas, dice que los valora mucho. Así, no duda en que esta situación "nos ha unido a todos. De una circunstancia tan difícil aflora lo mejor de nosotros".

Isaac Seoane, celador

Un colectivo dentro de los trabajadores sanitarios que en esta crisis está arrimando el hombro también es el de los celadores, tan imprescidibles en todos los centros hospitalarios. Isaac Seoane, que desarrolla su labor en el hospital Clínico Universitario de Santiago, se muestra muy preocupado por el estado de alarma.

"Es difícil esta situación. El confinamiento en casa, como le ocurre a todos, es muy pesado", confiesa. Por este motivo, asegura que "ir a trabajar se convierte en un soplo de aire fresco para sobrellevar esta situación y poner mi granito de arena para ayudar".

Su buen talante le da fuerzas para afrontar el estado de alarma-porque como dice Isaac "en estos tiempos ser positivo ayuda mucho para seguuir adelante en estos momentos".

Asegura que lo que más le llama la atención desde que comenzó la crisis del coronavirus es que al llegar al hospital "hau un gran silencio en los pasillos porque casi no hay gente".

También ha cambiado su rutina con un lavado de manos constante y a conciencia. Además, procura abrir o cerrar puertas o tocar objetos con la mano no dominante para minimizar el riesgo de tocarme la cara sin darme cuenta".

Por último, asegura que "los aplausos de las ocho son muy importantes. Sentir que la gente se acuerda de nosotros es un gran apoyo para seguir adelante".

Susana Trillo, enfermera

Una de las cosas que peor lleva Susana Trillo, supervisora del área funcional de Recursos Materiales, es no ver a sus padres, al ser personas de riesgo. Aunque no está en contacto con los pacientes al estar sus funciones más orientadas a la gestión, asegura que su trabajo ha cambiado de forma radical desde el inicio de esta crisis del coronavirus.

Explica que su perfil es muy técnico, centrado en la validación de productos y orientado ahora a la imprescindible logística.

"La actual situación me exige ser más versátil y practicar la resiliencia. Intento ser eficaz y lo más útil posible ya que la situaciòn actual requiere ser más ágil en la búsqueda de materiales que nos puedan servir en el hospital", dice.

Ella intenta ir dos pasos por delante para adelantarse a la demanda y dar la respuesta que se espera a los distintos servicios del complejo hospitalario "para que trabajen con seguridad y con todos los recursos necesarios a su alcance".

En cuanto a los cambios de cara a la vuelta a casa, asegura que aunque no es asistencial sí está muy pendiente de realizar una higiene de manos durante la jornada laboral de forma continua y de no tocarse la cara, sobre todo por su familia. Renuncia a besos y abrazos de los suyos hasta que no se cambia y ducha.

29 mar 2020 / 00:00
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