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Pin, pam, pum

    QUÉ gran habilidad la de algunos para sacar de la chistera conflictos cuya finalidad no es resolver nada, sino abrir brechas profundas entre todos. Es lo que ocurre con el pin parental. El debate acaba de nacer y ya ha generado una cascada de declaraciones que van aumentando progresivamente su agresividad. Quedan sumergidas las posiciones moderadas y en medio de la algarabía nadie se ha preguntado cuántos casos hay, en el epicentro murciano del asunto, de adoctrinamiento ideológico denunciado por los padres. Si no existen, estamos ante una grosera manipulación. Si se han dado, los tutores tienen en su mano instrumentos para defender sus criterios.

    No sólo la Justicia ordinaria, sino sobre todo la inspección educativa que depende de la correspondiente Consejería de Educación. El Gobierno de Murcia no debe ignorar que cuenta con inspectores cuya labor consiste precisamente en velar por una docencia acorde con la ley. Visitan los centros educativos, supervisan a los profesores y reciben quejas y peticiones de los padres, y desde luego en comunidades como la nuestra lo hacen muy bien. O sea, que el pin existe. No es verdad que los pobres escolares estén expuestos a la perturbadora manipulación de maestros empeñados en inculcarles ideas nocivas. La corrupción ideológica de menores es algo muy excepcional, y cuando se produce existen alarmas suficientes para reaccionar y castigar a los responsables.

    Sin embargo Vox no necesita que esa manipulación sea real porque no se trata de salir al paso de un problema, sino de crearlo. Se tira la primera ficha de dominó, dejando que la inercia haga su trabajo y que la ministra Celaá añada un poco de combustible con una respuesta que parece llevarnos de regreso a la Esparta donde los críos eran arrancados de la familia para ser propiedad del Estado. Pablo Casado aporta más madera al advertir que un comunista no va a decirle como educar a sus hijos. Ya hay quien advierte de una acción estatal en Murcia para evitar que prospere la iniciativa de sus mandatarios.

    Si la ministra evoca la educación espartana, el 155 educativo se parecería a la presencia de la guardia nacional en varios colegios segregacionistas de Estados Unidos para hacer cumplir las leyes contra la discriminación, y la posición de Vox tendría un paralelismo con la campaña que se hiciera también en Norteamérica a fin de impedir que en las aulas se divulgara la teoría de la evolución.

    Un poco de sensatez. Ni España es Esparta, ni Murcia una región como Cataluña donde mandan los sediciosos y se vigila la lengua utilizada en el recreo, ni tampoco las materias que preocupan a la derecha dura son tan escandalosas como las ideas de Darwin en aquella época. Sin embargo podemos estar ante un aperitivo de lo que será usual de aquí en adelante. Manzanas de la discordia que se arrojan desde ambos extremos sin más propósito que agitar, con una sociedad moderada en medio que se ve obligada a tomar partido para no quedar fuera de juego. Inútil aclarar que adoctrinar no es admisible y que el pin parental es superfluo. A lo mejor sólo es una forma de decir que Murcia también existe.

    Periodista

    21 ene 2020 / 00:00
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