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Contrariedades

Populares y divinas

Cuando María Dolores de Cospedal habla en público, Mariano Rajoy recuerda en privado uno de los versos más famosos de Pablo Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". La añoranza de su portavoz femenina ideal –seguramente, muda–, más que a un poema de amor, se asemeja a una canción desesperada. "Me gusta cuando callas porque al menos no me metes en líos", parafrasea el presidente al poeta chileno, mientras pone su mente a divagar en la Moncloa, para así hacer más llevaderas las tensas esperas hasta que finalizan las intervenciones de su número dos en el PP. Ante su público en un mitin en Guadalajara, la también presidenta de Castilla-La Mancha dio toda la impresión de permanecer ausente, lo que no es novedad, pero no por ello tuvo la precaución de guardarse la lengua. "Hemos trabajado mucho para saquear a nuestro país", dijo ufana. Ni el propio Neruda resumiría mejor estos años.

Tan acostumbrada está la sociedad española a que sus políticos no reconozcan la verdad que les perjudica, que la expresión fue tomada unánimemente como un lapsus linguae, quizá con excesiva precipitación, sin concederle a la pobre Cospedal la mínima posibilidad de que estuviese protagonizando un inusitado ejercicio de sinceridad. Tan benévolo diagnóstico fue tan aceleradamente admitido incluso por los que la escuchaban en directo, que ella misma no tuvo más remedio que apresurarse a confirmarlo para no defraudar al auditorio, y corregir en un santiamén el comprometido saquear con el salvífico sanear. Fue tan rápida la maniobra que se vio obligada a acometer, que realmente hace dudar de si su lapsus se produjo en el discurso o en su rectificación. Más transparente fue el susto helado de su rostro al comprender al instante la que le esperaba en las redes sociales.

Según Sigmund Freud, el lapsus linguae revela que quien habla no dice lo que siente, sino lo que estaba interesado en decir. Si nos fiamos del neurólogo austríaco, la verdadera Cospedal descansa en su subconsciente y no piensa muy distinto a lo que la mayoría de los españoles opinan de manera consciente. En el fondo –de su mente– es una persona honesta. En esto se diferencia de Esperanza Aguirre, de la que sus lapsus –"el hijoputa", "había que matar a los arquitectos", "no llego a fin de mes"– revelan que su subconsciente guarda más veneno que la más peligrosa de las serpientes. Y en esto llega Rajoy, feliz entre el psicoanálisis y la poesía, y suelta la sentencia más rotunda de la legislatura: "Confíen en mí, les irá bien". Es un genio del inconsciente o vive tan ausente como el verso de Neruda.

01 may 2015 / 12:44
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