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Presupuestos menguantes, Europa menguante

    LA SANGRÍA DEL BREXIT no la sufrirá solo el Reino Unido, eso era sabido, y se va a notar más pronto que tarde en la Unión Europea; la vamos a padecer todos, o sea, y mejor será que nos preparemos para el mal trago. La negociación del marco presupuestario para el septenio 2021-2027 entró este mes en su fase decisiva, en un escenario pesimista, marcado por la necesidad de apretarse el cinturón y manejar el bisturí sin contemplaciones. Bruselas prepara un enorme recorte de fondos que nos meterá de cabeza en la cuadratura del círculo -más competencias con menos dinero- y castigará con tijeretazos de más del 10 % a los fondos estructurales y agrícolas, precisamente las dos partidas que más interesan a España. No es esta la mejor medicina para curar los catastróficos efectos del virus antieuropeísta que carcome el proyecto de la Europa unida y fuerte, tan necesario para el progreso y la estabilidad del orden mundial. Cuando los líderes del Club de los Veintisiete aprueben las nuevas cuentas, las más famélicas desde 1988, habrán consumado una cuesta abajo imparable iniciada en el septenio 1993-1999, lo que va a dar oxígeno a los enemigos de la UE. El tijeretazo en ciernes significará para España complicaciones en la inversión pública, el sector agrícola y la convergencia económica. Si ampliamos el foco a la política comunitaria global, peligra la financiación de prioridades como la investigación, la defensa y el control de fronteras. Con la Unión dividida entre austeros -los que reclaman que el presupuesto no pase del 1 % de la renta nacional bruta de la UE- y defensores de la cohesión -los que aspiran a llegar al 1,07 %- serán Alemania, Francia e Italia, los tres grandes contribuyentes netos, los que inclinen una balanza que marcará nuestro futuro más inmediato. La pelea entre bloques sobrepasa la frontera entre austeridad y despilfarro, y tiene un claro trasfondo político, con los países del norte presionando para cortar el grifo de los recursos a la Política Agraria Común y a los fondos estructurales, que se llevan ahora dos tercios de los presupuestos de Bruselas, y la alianza del sur y el este, más proclive a que los recortes se ceben en investigación y defensa. La cumbre del próximo 20 de febrero dará pistas sobre una hoja de ruta marcada por lo único incuestionable: el dinero es el que es y habrá que elegir bien en qué gastarlo. No es una decisión sencilla, porque unos presupuestos menguantes nos abocan a una Europa menguante.

    15 feb 2020 / 00:00
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