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Primera biografía autorizada del músico Suso Vaamonde

Miguel Boó hace un nostálgico retrato de la historia de 'la voz de trebón' // Fue uno de los artífices de la Nueva Canción Gallega

Suso Vaamonde, voz de trebón es el título de la biografía que ayer presentó el periodista y escritor Miguel Boó en el auditorio de Afundación sobre el popular compositor gallego. El acto contó con la intervención de los también músicos Baldomero Iglesias Mero, fundador de Fuxan os Ventos e A Quenlla, y de Xaime Barreiro Gil Chuspe, ex Voces Ceibes, además del propio autor del libro.

Casi veinte años después de la desaparición del artista de Pontecaldelas, sale a la luz la que es la primera biografía autorizada, en la que Boó da cuenta del periplo vital de este grande de la música y la poesía en Galicia.

Vaamonde es sobre todo conocido por musicar y popularizar a los poetas de la tierra, desde Celso Emilio a Manuel María, pasando por Ferrín, Graña, Cunqueiro o Neira Vilas, y todos los clásicos, hasta hacerlos más conocidos de lo que nunca pudieran haber conseguido por sus propios medios.

El intérprete estuvo la mayor parte de su vida vinculado a Vigo y Ourense. En la ciudad olívica estudió, allí montó sus primeros grupos, un conjunto de corte yeyé llamado Los Copens y un trío de claro marchamo galleguista bautizado como Marco Balorento. En esta urbe también se casó y tuvo a su único hijo, y allí murió, en el año 2000, cuando aún no había cumplido los 50. De Ourense eran las dos mujeres con las que se casó y gran parte de los literatos poetas a los que puso melodía. Ahí también tuvo que pasar por la cárcel tras ser condenado a seis años por injurias a la patria. Fue el mayor de siete hermanos en una familian bastante peculiar, con un padre comunista que, sin embargo, leía el periódico monárquico ABC, y una madre de armas tomar. Se enroló en el mítico y legendario colectivo Voces Ceibes, artífices de la Nueva Canción Gallega, y tocó por todas las aldeas de la comunidad, en escuelas, teleclubs o camposantos. Realizó una fructífera labor de investigación y recogida de los ritmos tradicionales y fundó A Roda.

Perseguido por la censura, acabó siendo procesado y se convirtió en el primer exiliado de la democracia. Desarraigado y sin su familia, se estableció en Venezuela y regresó tres años después de pactar el indulto a cambio de pasar mes y medio en prisión. Volvió a los escenarios y a los estudios de grabación donde registró el sonido de corales, bandas y grupos emergentes del rock bravú.

20 feb 2019 / 22:47
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