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La primera de muchas

El alcalde sonense, Luis Oujo, inauguró el sábado la I Feira Mariñeira de Portosín // Los puestos incluían una carpa en la que degustar marisco

Voy a compartir con vosotros una ley que he comprobado este verano. No es la de Murphy, que también, es una que viene a decir algo así, a cada kilo que engordo en ferias gastronómicas de todo tipo, dinero que me gasto en las artesanales. No sé si a alguno más os pasa pero conmigo no falla, debería patentar esta ley astrofísica de la proporcionalidad entre kilos y euros.

Dejando a un lado mis desvaríos científicos, esta vez he ido a dejar mi contribución dineraria a la economía del país a la I Feira mariñeira de Portosín, la primera de muchas me parece a mí, porque fue todo un éxito de público. Vamos, un ambientazo.

Yo ya os digo aparte de comprar una nueva ración de hierbas medicinales para múltiples problemas, unos collares preciosos, una pulsera del angelito de la guarda para que me dé salud, dinero y amor (por pedir que no quede) y reponer fuerzas con un deliciosa crepe; no pude evitar acercarme a que me leyesen el futuro con el tarot. No os cuento lo que me dijeron no vaya a ser que no se cumpla.

La feria la inauguró el alcalde, Luis Oujo, y el edil de Turismo, José Deán Pouso. Por allí también estaba el patrón mayor de Portosín, Eduardo Carreño. Una vez dada la salida, aquello fue una carrera de fondo en la que a lo largo del día fueron pasando multitud de visitantes por los puestos como el abogado compostelano José María Santiago, o el ejecutivo de Telefónica José Antonio López, con su mujer Pilar Chao, también trabajadora de la compañía, y su hija Irea.

Pero, como os digo siempre, las compras cansan y hay que reponer fuerzas. En Portosín la cosa estaba fácil ya que, además de los puestos de crepes (que desprendían un olor delicioso), y la caseta con pan y dulces enormes, de estos de chuparse los dedos; para comer bien sólo había que acercarse a la carpa de la Feira de Marisco y darse un banquete cual boda de postín. Había cigalas a nueve euros la ración, langostinos, mejillones, nécoras, pulpo, boquerones, empanada, y, por si nos quedamos con hambre, tarta de almendra o de queso.

Una de las cosas que más me gustaron a mí, y que me lo pasé pipa, fue ver a los más pequeños pescando en tierra firme y pasárselo de miedo aprendiendo y disfrutando con los juegos tradicionales que había en la feira. También, cual grumetes de capitán Pescanova, podía aprender a hacer los nudos marineros tan útiles en esta vida, que lo sé yo.

Una jornada de las que me gustan a mí, compras y más compras y una buena comilona a la orilla del mar. ¡Qué más se puede pedir en esta vida!

29 ago 2011 / 03:39
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