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Profetas del desastre

    CUANDO el alcalde de Cabana se sienta desfallecer en esta polémica por la mina de Corcoesto, cuando le parezca que todo el mundo está en contra de la explotación y que él es una especie de Gary Cooper, en esos momentos de debilidad, haga una cosa. Llame a su colega de As Somozas y quede con él. Que Manuel Candocia le explique lo que pasó en su concello hace unos años con un proyecto industrial que fue mucho más discutido que este proyecto aurífero.

    Porque Candocia dijo que sí a una planta que iba a recoger los residuos industriales de Galicia. Contaba con el respaldo silencioso de sus vecinos, y la oposición ruidosa de todo el ecologismo patrio y toda la oposición de entonces. Hubo lo que es normal en estos casos: manifestaciones, boicots, grandes debates parlamentarios e informes, muchos informes, que certificaban sin ningún género de duda que As Somozas sería en poco tiempo como Bhopal o Chernobil, con acuíferos contaminados, ganadería arruinada y agricultura envenenada por sustancias nocivas. Eso lo decían los menos pesimistas. Los más hablaban de una terrible mortandad entre los habitantes de la zona, que sufrirían una nueva peste negra si la instalación industrial asesina fuera adelante.

    Ya han pasado muchos años de aquella batalla, y As Somozas es unos de los concellos más prósperos del país. El final del cuento no ha sido el apocalipsis, sino un polígono industrial que hace del municipio uno de los que tiene menos paro de España, con explotaciones agropecuarias a su lado perfectamente saludables. ¿El alcalde? Parece que piensa en la retirada después de haber gobernado desde el comienzo de la democracia. El pueblo premió su capacidad de resistencia frente a la demagogia con reiteradas mayorías absolutas. La última, dejó a la oposición con un solitario concejal.

    Es una pena que, perdidos en la memoria histórica más remota, perdamos la más reciente. Habría que recuperarla para recordar cuántos de estos vaticinios tenebrosos resultaron ser al final una pura y burda superchería. Ni en As Somozas se produjo un holocausto, ni el chapapote del Prestige destruyó el ecosistema costero durante cien años, como profetizaron supuestos entendidos. Tenemos experiencias sobradas de que, bajo la apariencia de determinadas siglas, se esconden charlatanes faltos de cualquier rigor que le hacen un flaco favor al naturalismo serio. El alcalde de Cabana los tiene ahora enfrente. Puede ceder y privar a sus vecinos de la inversión, o seguir el camino del invicto Manuel Candocia.

    30 may 2013 / 19:13
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