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Protestar y gobernar

    “LOS franceses hacen huelga los lunes porque suben el pan; los martes se manifiestan porque ganan poco; los miércoles protestan por la falta de libertades; y el domingo votan a la derecha”. La amarga e irónica queja corresponde al que podríamos considerar como el fundador del moderno socialismo francés. François Mitterrand, extraordinario ejemplo de longevidad política, tardó en aprender que sus compatriotas tenían un comportamiento mucho más coherente que el que suponían los dirigentes. Esa secuencia no es incongruente aunque lo parezca. La gente que consideraba útil a la izquierda para manifestarse, hacer huelga o protestar, prefería a la derecha para resolver con realismo los mismos problemas que provocaban la manifestación, la huelga o la protesta. Es como si el pueblo soberano tuviera en su mano una de esas navajas suizas con distintos ar-tilugios que se sacan según la necesidad del momento. Sólo cuando los socialistas galos consiguieron convencer al país de que también servían para el domingo llegaron al palacio del Elíseo, precisamente de la mano de Mitterrand.
    Quién dice franceses dice gallegos. Durante los años que llevamos de autogobierno, salvo breves paréntesis, esas etapas que señalaba el padre del PSF se cumplieron escrupulosamente. El hecho de que el PP haya gobernado tanto tiempo no quiere decir que éste sea un pueblo manso, como deducen apresuradamente algunos. Aquí abundan los conflictos sociales, y a ellos acude con diligencia la izquierda alternativa y el nacionalismo para encabezarlos, con la creencia de que eso bastará para que los voten. No sucede así, o no sucede en la medida que sería necesaria para ganar. En la sociedad gallega parece haberse producido una curiosa asignación de tareas en la que la izquierda dura y el nacionalismo son buenos para protestar, mientras que el PP es idóneo para gobernar.
    Viene esto a cuento de alguna declaración de los inspiradores de la campaña de En Marea en la que señalan que la clave está en acercarse a los sectores que viven o han vivido conflictos. Piensan que juntando a los afectados o víctimas de esto o de lo otro se logrará la ansiada mayoría social, pero hace tiempo que Mitterrand se dio cuenta de que eso es una ingenuidad. Para que el lunes, el martes y el miércoles desemboquen en el ansiado domingo, hay que dar un paso más allá de la agitación para llegar a la respuesta creíble, realista y pronta. Sino pasará lo de siempre. El líder francés rectificó y gracias a ello el socialismo se modernizó y se convirtió en una opción de poder todos los días de la semana.
    Periodista

    21 sep 2016 / 21:22
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