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Transhumanismo: la identidad tecnológica

Construcción de una humanidad mejorada por medio de su manipulación como especie biológica, donde la esperanza de vida pudiera extenderse por tiempo indefinido

    Hace algunos años, comenzó a difundirse a través de los ensayos científicos de divulgación, el concepto de transhumanismo. Las hipótesis derivadas de este movimiento, remiten a una especial implicación entre la filosofía y la tecnología. El término fue acuñado en la década de los 50 por Julian Sorrell Huxley (1887-1975), hermano del escritor Aldous Huxley, bajo el supuesto de que "la especie humana puede, si así se quiere, trascenderse a sí misma, no sólo enteramente (...) sino también en su integridad, como humanidad". Con estas palabras, propone la posibilidad de utilizar la tecnología para construir una humanidad mejorada por medio de su manipulación como especie biológica, donde la esperanza de vida pudiera extenderse por tiempo indefinido o nuestros estados de ánimo pudieran ser regulados mediante unas simples cápsulas.

    Ahora bien, ¿qué características tendría esa "humanidad mejorada"? ¿Cuál es la culminación del progreso del transhumanismo? Algunos hablan de una singularidad tecnológica, un concepto tomado de la física y la matemática que en este contexto se refiere a un estadio en el que cuál el crecimiento tecnológico infinito estaría completamente garantizado. Ahora bien, ¿qué tipo de sociedad está implícita en esta concepción?; ¿una sociedad del bienestar en la que desaparecerían las limitaciones orgánicas de la biología humana o estaríamos más bien en una sociedad del mejor-estar en la que la única meta es estar cada vez mejor a cualquier precio? Desde la Ilustración, el concepto de "progreso" ha dominado el pensamiento occidental, siendo más frecuentemente adjetivado como "constante, incremental e ilimitado" que como "temporal, no incremental y limitado". Esta última opción parece ser la preferida de la realidad en estos últimos tiempos. Sin embargo, el transhumanismo parece adoptar la primera, puesto que toma como meta la singularidad tecnológica antes mencionada.

    Nanotecnología.
    El avance de la tecnología desde los años 50 ha sido fundamental para la expansión del transhumanismo. Con el desarrollo de la nanotecnología a partir de los años 80, se han dado pasos de gigante hacia sus ideales: surge la posibilidad real de generar nanorobots que puedan reparar errores en el ADN, toma forma la criogenia (congelación de tejidos vivos a la temperatura del nitrógeno líquido con el objetivo de poder ser "restaurados" cuando la ciencia lo permita) o mejoras en los psicofármacos y otro tipo de terapias para potenciar la calidad de vida -en la obra de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, se habla ya de una "máquina de las emociones" para que sus usuarios puedan programar sus diferentes estados anímicos a lo largo del día; una versión más refinada se reduciría al uso de diferentes tipos de pastillas, por ejemplo-.

    De este modo, a partir de las tecnologías de la información, las ciencias cognitivas, la computación o la neurología, se podrían controlar las sucesivas fases de desarrollo de este nuevo ser humano, que viviría en un entorno de máquinas superinteligentes con sistemas de autoaprendizaje capaces de superarnos - lo que según Moravec y Bostrom- sería un hardware en vías de desarrollo. A todo esto, se unirían píldoras de la personalidad o nanotecnología molecular, para producir bienes de consumo a través de un ensamblador universal. Para Eric Drexler, esto sería posible mediante la bioquímica y el diseño de nuevas proteínas.

    Era post-darwinista.
    Esta existencia post-biológica derivada de una extinción de la vida inteligente, tal y como la conocemos, vendría potenciada por un mundo interconectado, que quizás ampliaría las perspectivas genéticas y biológicas del ser humano pero este "ciego proceso de variación aleatoria" -como diría el Prof. Héctor Velázquez- predicaría una era post- Darwinista provocada por una alteración de nuestra condición natural, que alberga la esencia y conciencia individual, es decir, lo que da sentido a nuestro ser.

    La creación eventual de una Inteligencia Artifical superior a la humana implicaría abandonar nuestra singularidad, reduciendo los contenidos mentales a operaciones lógicas con la ayuda de la llamada mind uploading que permitiría cargar o conservar la información mental en un cerebro biológico o robótico. Entre las nuevas especies de la "antropología" transhumanista estarían los: bio-orgs, cyborgs, silorgs y symborgs, todas ellas, fruto de una concentración de información materializada en una gran mente global. Como hemos señalado hasta este punto, el transhumanismo propugna la combinación ser humano y máquina como la vía correcta para alcanzar lo transhumano. Sin embargo, ¿de qué tipo de combinación se está hablando: de una sintética o de una simbiótica? Analicémoslo.

    Humano-máquina.
    Por síntesis, según el diccionario de la RAE, debemos entender "una composición de un todo por la reunión de sus partes". Por lo tanto, si entendemos lo transhumano como una síntesis humano-máquina obtendremos un nuevo ente que podría no suponer una mejora del ser humano sino que más bien estaríamos ante una nueva especie que tendría que renunciar a su parte humana y a su parte máquina. Estaríamos ante algo completamente nuevo. Por simbiosis, también según el diccionario de la RAE, debemos entender "una asociación de individuos animales o vegetales de distintas especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común". En este caso, lo transhumano sería una asociación entre individuos y máquinas con el objetivo de un beneficio común.

    En el caso de los humanos, los beneficios son los ya mencionados como "mejora" de la especie humana mientras que para las máquinas, entre las que se incluyen las super-inteligentes con capacidad de autoaprendizaje, los humanos seríamos una fuente excelente para aprender de nosotros y avanzar en su programa de autodesarrollo.

    A nuestro modo de ver, el concepto del transhumanismo apunta más por la línea de la simbiosis que de la síntesis. En este caso, podría llegar un momento en que uno de los simbiontes se convirtiera en una carga para la otra más que en una ayuda, con lo que la asociación desaparecería. Así pues, teniendo cuenta la velocidad de avance de la tecnología y la de la biología, esta última lleva las de perder.

    Otro de los objetivos transhumanistas es lograr una libertad total para la investigación con el fin de obtener modificaciones humanas a gran escala. Una práctica científica que ignoraría criterios éticos para poder experimentar. Ray Kurtzweil afirma que esto no supondría peligro alguno, pues estos seres superinteligentes, de ser creados "estarían dotados de principios éticos muy avanzados e incluso de una moralidad muy sofisticada". Sin duda, sería un resultado que habría que pagar a un alto precio.

    Cuando Heidegger escribió su Carta sobre el humanismo anticipaba una antropología filosófica que hoy en día continúa avanzando hacia nuevos métodos de eugenesia. La idea de un hombre que supere al propio hombre, permitiría superar la contingencia y el sufrimiento de sentir su fragilidad ante la incertidumbre del destino. Pero, ¿conservaríamos la identidad si viviéramos en otro ser, incluso cuando sólo pervivieran nuestros recuerdos en él?

    Lucha de poder.
    Strawson sugería que toda experiencia pertenece al sujeto que la experimenta, como individuo personal e intransferible, porque es resultado de la acción como estado de conciencia. Aunque existan hábitos estables en nuestra conducta, no podrían reproducirse en su totalidad por medio de artefactos inspirados por la IA, ya que los humanos están dotados de libertad y su inteligencia no se conforma con contemplar el mundo. Quizás el transhumanismo no sea una lucha por la supervivencia, tal vez sea una lucha por el poder.

    Hemos visto como el pensamiento transhumanista tiene importantes repercusiones tecnológicas, en la medida en que propone caminos por los que debe avanzar la ciencia y la tecnología; repercusiones éticas, puesto que la eugenesia cobraría un nuevo sentido y repercusiones antropológicas y filosóficas, puesto la esencia humana, su identidad y su idea de libertad sufriría cambios radicales. También hemos intentado mostrar que estas repercusiones tienen su coste, no sólo en términos económicos (muchas de las tecnologías que abandera el transhumanismo son muy costosas) sino también en términos de humanidad que, aunque muchos individuos fueran capaces de asumir, no está tan claro que pudieran ser asumidos por el ser humano como especie. Ahora llega el momento de la pregunta radical, ¿supone el transhumanismo un paso adelante para el ser humano o supone su auto-aniquilación como tal para permitir la aparición de una nueva especie que sobreviva en el futuro? Quién sabe.

     

    21 abr 2011 / 00:58
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