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Un apéndice llamado BNG

    COMO comprenderán, teniendo uno el oficio que tiene, no puede aceptar que una imagen valga más que mil palabras. Sin embargo, es cierto que hay imágenes que ayudan a ilustrar una situación, que en este caso es la completa subordinación del nacionalismo al achacoso PSOE. La instantánea está protagonizada por este Abel Caballero que ha logrado salvarse del naufragio, gracias a la hábil gestión del sentimiento local.

    Total, que los resultados lo dieron perdedor, pero él aparecía abrazado a sus colaboradores como si hubiese ganado. No había misterio alguno en ese comportamiento. Simplemente, el candidato socialista sumaba a sus concejales los que había obtenido su partido-apéndice. Sin necesidad de hablar para nada con el cabeza de lista del BNG, Caballero ya daba por descontado que los nacionalistas se pondrían a sus órdenes, quizá tras una breve y rutinaria pantomima negociadora.

    Tenía toda la razón. Las declaraciones independentistas de los líderes nacionalistas, esos avisos de que tienen que meditar su estrategia de pactos, son tan conmovedores como ilusorios. Pocas formaciones hay tan dependientes como el BNG actual, obligado a ser casi una segunda marca del Partido Socialista. Los apóstoles de la autodeterminación ni siquiera cuentan con una mínima autonomía para desenvolverse por la política gallega. Mientras que sus homólogos de Cataluña y el País Vasco logran que el PSOE baile a su son, los gallegos forman parte de su servicio doméstico.

    De ahí que don Abel no tenga que reprimir su alegría en la noche electoral. En realidad, su relación con los nacionalistas ha sido pésima. Han discrepado en todo, sin coincidir casi en nada. El regidor los ha menospreciado durante todo el mandato, a sabiendas de que ningún ultraje haría que se rebelaran contra el amo. ¿A dónde iba a ir el Tío Tom si el patrón lo echara de la hacienda? A ningún sitio. No sólo Abel, sino todos los socialistas necesitados de ayuda tienen claro que en el actual BNG hay un servidor fiel que lo da todo sin pedir nada a cambio.

    Ese dependentismo ya crónico del nacionalismo gallego ni siquiera se ve afectado por la penosa situación del bwana, o por la constatación de que el servilismo conduce al BNG a una lenta extinción en algunos medios urbanos. Es un caso emocionante de fidelidad que sólo se da en ciertas razas caninas que siguen al dueño hasta en las peores catástrofes. Ahora que los pocos auxilios que le quedan al Partido Socialista son de pago, don Guillerme y los suyos se lo dan de manera gratuita.

    Por eso, el esfuerzo que hacen para convencer al público de que van a plantear una dura negociación sólo puede calificarse de enternecedor. Ellos mismos se han colocado en un callejón con una única salida. Por no querer ser bisagra, se han convertido en picaporte. Han transformado una organización de sufridos militantes, en una silla de la reina donde se sienta el socialismo doliente.

    25 may 2011 / 01:52
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