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domingo, 12 julio 2020
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Un maravilloso viaje a través del tiempo

En tiempos del coronavirus hacemos un repaso temático a aspectos de la sociedada española y su evolución a través del tiempo. Una visión personal y subjetiva que pretende emocionar, entretener y envolvernos de nostalgia.

    Muchas cosas han cambiado en este país en las últimas décadas. EL CORREO GALLEGO hace un repaso temático a aspectos de la sociedad española y su evolución a través del tiempo. Una visión personal y subjetiva que pretende emocionar, entretener y envolvernos de nostalgia. Un maravilloso viaje a través del tiempo.

    Cuando uno hace muescas en el calendario, tiene muy claro en qué momento tomó una curva que quiere recordar. Los años cincuenta no están entre las décadas de mayor alegría en la Historia de España. Si se escogen tres o cuatro descripciones al azar es fácil que todas ellas incluyan las palabras oscuros y censura. El mundo empezaba a existir, eso sí, y los españoles se plantaron en 1955 con el ingreso en la ONU. Suponía un empuje optimista hacia el futuro que tenía que llegar.

    Y llegó. Después de años mirando de reojo la minifalda, con la Transición vinieron la luz, la democracia, David Bowie y los Sex Pistols. Ahí es nada. Fue un tiempo raro, ideal para recrearlo en versiones diferentes, porque todo era cierto a la vez. La dictadura seguía viva en la norma, la democracia se instalaba vertiginosa y contradictoria en la realidad diaria, los comportamientos de la mayoría encendían velas a Dios sin apagar del todo las del diablo. La emoción de los reencuentros, los sonidos demonizados (Carrillo, Pasionaria), los exiliados que volvían, sus palabras ya conocidas y nunca oídas, convivían con las llamadas desesperadas y amenazadoras de las desbordadas autoridades. Y mientras, inasequibles al desaliento, al llegar la hora de las noticias, conexión obligatoria con Radio Nacional. A las 14.30 y a las 22.00 se nos ofrecía las nuevas de nuestro país y el mundo, para contar lo que no pasaba en España y en el mundo.

    En los 70, en España hacíamos campaña por la unidad, por las vivencias memorables y por todo lo bueno que traía la libertad. Cincuenta años más tarde, aún se recuerda como una de las mayores épocas de concordia entre los españoles. El golpe definitivo contra esa atmósfera inerte en escala de grises fue la irrupción de la televisión en color, ahora sí, en una variedad interminable de tonos. La familia al completo reunida y atónita frente al televisor.

    Y con una nueva conciencia social, el compromiso democrático, las elecciones y el gusto recién adquirido por tomar partido en las causas escogidas libremente y de corazón, tomó fuerza el ecologismo. Los españoles no podía permanecer ajenos a un movimiento tan potente y optimista que aún hoy empuja con la misma fuerza. En definitiva, podemos decir que los setenta fueron la adolescencia del país.

    Cuando España se acostumbraba a participar activamente en la vida real y a divertirse al mismo tiempo, un ser naranja, regordete y pelón llegó para conquistar corazones balón en mano. Con la Copa Mundial de Fútbol de 1982 nació un icono inmortal. Naranjito vive en todos nosotros, sin que sepamos bien por qué lo queremos tanto. Con tanto entusiasmo por la mascota oficial, ni nos acordamos de que perdimos el Mundial.

    La Movida de los 80 fue un momento en nuestra historia que terminó de implantar como filosofía cotidiana entre los españoles la creatividad y la alegría plena. Cuando se habla de la Movida hay coincidencia en señalar la fecha del 9 de febrero de 1980, ahora hace 40 años, como el punto de partida de este movimiento cultural, que sobresalió en la música pero también en el cine, el cómic, la fotografía y el diseño y que dominó en la España de los años 80.

    Ese día, un grupo de jóvenes se reunieron en la Escuela de Caminos de Madrid para asistir a un concierto de varias bandas que rindieron homenaje al músico José Enrique Cano Leal, alias 'Canito'. El batería de Tos -grupo que enseguida pasaría a llamarse Los Secretos- había fallecido en un accidente de automóvil el 1 de enero de 1980 y sus compañeros decidieron movilizar a otros músicos de su generación para un concierto multitudinario que ha pasado a la historia sobre todo por su valor simbólico.

    Apenas diez años más tarde asomaba ya tímidamente la revolución digital. Todos llevábamos el beeper en el bolsillo, pues no queríamos perdernos nada. Pensarán los más jóvenes que eso de la mensajería nació con los SMS. ¡Ni mucho menos! Y la aparición de las primeras cadenas privadas de televisión coincidió con la irrupción de Internet, dejando intuir lo que venía de camino.

    En 1992, entre los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, España fue protagonista internacional y destino de millones de visitantes. Nuestro país, como impulsor de ambos eventos, protagonizaba también la vida cultural y deportiva mundial en un año que no pasaría desapercibido.

    Se nos fue la peseta en 2002 y se instaló en su lugar el euro. A seis euros, mil pesetas. Nos pasábamos todo el día haciendo cálculos para ver si se compraba caro o barato. La campaña 'Juntos por África', nos ayudó a darnos cuenta de que lo importante no era la moneda que se nos iba, sino todo lo que podía comprarse con ella.

    Y así, hasta hoy. El Covid-19 ponía nuestras vidas patas arriba. La mayoría de nosotros -incluyendo a gobiernos, empresas y meros ciudadanos- hacemos frente a la situación con la esperanza de que las cosas regresen a la normalidad lo antes posible. Sin embargo, el coronavirus supone un punto de inflexión. Algunas tendencias son ya evidentes, otras tardarán algún tiempo en cristalizar, pero algo está claro: cuando la pandemia retroceda y recuperemos las calles, tendremos ante nosotros un mundo diferente.

    una forma de ver el mundo y de comunicarlo

    Cualquier persona mayor de cuarenta años que haya nacido en este país sabe lo que fue el Nodo, y muy probablemente tiene grabada en la memoria la sintonía. Pensar en el Nodo es evocar un tiempo determinado y una serie de imágenes fijadas para siempre en el fondo de nuesstras retinas: las tardes de gloria de Manolete, el gol de Zarra, la visita a España de Eisenhower o de Eva Perón, la Guardia Mora, las familias numerosas, el primer Seiscientos, la llegada de las suecas, el yate Azor, Eurovisión, los Beatles con montera y sombreros cordobeses... "El mundo entero al alcance de los españoles", así se anunciaban los Noticiarios y Documentales Cinematográficos, que fueron el programa informativo oficial, auspiciado por el régimen franquista, que se vio en los cines -de forma obligatoria- desde el año 1943 hasta una fecha tan taardía como 1981.

    la tele

    No es aventurado afirmar que, a lo largo del decenio de los sesenta, la televisión se convierte en el opio del pueblo español. Las series norteamericanas acaparan la audiencia. Recuerde el que pueda estos títulos : Perry Mason, Bonanza, Arresto y juicio, El Santo, El Virginiano, Los intocables. Y a estas seguirán las que todavía están en la memoria de los teleadictos, como Los invasores, Mannix, Viaje al fondo del mar, Misión Imposible, El fugitivo, Embrujada, Super Agente 86, Ironside, Perdidos en el espacio, Star Trek...

    la publicidad

    La progresiva difusión de la televisión trae aparejado el enorme desarrollo de la publcidad con el medio audiovisual como vehículo. De las cuñas radiales como el "Qué tal?" y su respuesa obligada: "Muy bien con Okal", se pasa a los visual y entonces, cuando uno se ha olviddao algo, se da una palmada en la frente y exclama: "¡Ahí va! ¡Los Donuts!". La evidencia de que el desarrollo económico de los sesenta fuerza la publicidad se hace palmario en el ramo de los detergentes, lavadoras, televisiones, electrodomésticos, echando mano de lo coloquial con fórmulas como "¡A mi plin, yo duermo en Pikolín!" o "Adelante mis 43". Pronto ha de recurrirse a rostros conocidos como el de Antonio Garisa, que te insta a que te "fagorices", o el de Gila, que recomienda "¡Fidecáyate!".

    la leyenda de los setenta

    Eleuterio Sánchez, nacido en el seno de una familia de mercheros, había tenido algún tropiezo con la Justicia hasta que el robo en una joyería de Madrid, en la que resultó muerto el vigilante, cambió para siempre su vida. Condenado a muerte en consejo de guerra sumarísimo, junto a los otros dos autores del delito, les conmutaron la última pena por treinta años de cárcel. Sin embargo las fugas que protagonizó, de un tren en marcha y del penal de El Puerto de Santa María, centraron el foco de la prensa franquista hasta convertirlo en una suerte de mito. Esa fama se acrecentó después de que en la cárcel pasará de ser analfabeto a hombre culto, e incluso estudiara Derecho a través de la UNED. Excluido de la Ley de Aministía de 1977, el gobierno de la UCD le concedió el indulto en 1981.

    29 mar 2020 / 03:08
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