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{ al otro lado }

Un traje nonato

    AL traje que quiere hacerse la Generalitat de Cataluña con falso paño tamburini de Sabadell le sobra tela y le falta una buena hechura. Se trata de un traje original, europeo, no típico-regional, elaborado, ciertamente, por las manos expertas de dos modistos imaginativos (Artur Mas y Oriol Junquera), pero al que su miopía –en ambos– no les deja ver más allá de sus narices, o sea, más allá de la villa de Alcarrás; por eso, en la chaqueta, las mangas les han quedado largas, la sisa se les ha ido a la cintura, y ésta es tan ancha que entran dos cuerpos en ella; en cuanto al pantalón, amplio de cintura, les ha salido cortito de perneras, más propio para ir a pescar en algún regato del bello paraje de Aigüestortes que para ser lucido en un concierto del Palau de la Música de Barcelona, en el que, entre una sinfonía de Chaikovski y el Don Juan de Strauss, se hacen excelentes y turbios negocios, mientras la Fiscalía y la Agencia Tributaria se solazan con la música.

    Es un traje que pretenden exhibir por los pasillos de la Unión Europea, no obstante hacer recibido ya sendas calabazas. Pero ellos, erre que erre, perseveran en el intento, con la matraca del esperpéntico y burdo simposio "España contra Cataluña" sobre un hombro y un fantasioso referéndum independentista –a celebrar el 9 de noviembre de 2014– sobre el otro. ¡Qué dirían, cual no sería el asombro –y el cabreo– de Ramón Berenguer IV de Barcelona y su esposa Petronila de Aragón al ver las tonterías que se dicen hoy sobre su reino! En fin, que la hechura del traje es muy mala, aunque Rajoy se empeña en darles tela y más tela, no sabemos si para que hagan el ridículo con un terno tan llamativo y de medidas tan desmesuradas, o si quiere que los modistos se entretengan cosiendo y descosiendo un día sí y otro también, hasta que se aburran y desistan del empeño, y en esto se equivoca, pues se les ve muy tercos.

    Lo malo de este juego –que no tiene ni pies ni cabeza– es que se hace a costa del contribuyente español, que es el que paga la tela y la hechura del traje nonato, el cual, si nace, ya sabemos que será feo, conflictivo y carísimo. Podemos salir de una comedia de enredo, que nos hace reír, para entrar de lleno en un drama trágico, que nos haría llorar. Aún es tiempo para enderezar el entuerto, pero para ello hay que tener agallas y un inequívoco sentido de la responsabilidad en el ejercicio del poder. Los independentistas catalanes han lanzado ya su reto, un órdago a la grande que no tiene marcha atrás. O la tiene si estuvieran dispuestos a aceptar un ridículo escandaloso, que todo puede ser dada su idiosincrasia, su alta concepción del comercio y su inclinación por la ganancia posible. Ahora, a quien le corresponde, le toca mover ficha, pero no para negociar; la Constitución le da armas más que suficientes para sajar el tumor; de no hacerlo, la metástasis sería inevitable.

    Todo esto me hace recordar la sinfonía Memoria del espejo, para trombón y orquesta, de Sánchez Verdú, una obra insoportable, de ruidos esotéricos, que va de pesados silencios a sonidos extravagantes y de mal gusto, o sea, que no es música. Lo que está sucediendo en Cataluña no es política; es, sencillamente, gatuperio, embrollo y tapujo de intereses.

    Abogado

    21 dic 2013 / 00:00
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