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¿Qué va a pasar?

    NO sé exactamente cual es la razón, pero, incluso en los medios de comunicación, que siempre son más dados a las alertas, no parece haber una especial inquietud por lo que pueda pasar después del verano, cuando vayamos entrando ya en la fase de confirmación de las amenazas que se ciernen sobre el contexto político.
    La principal la veremos cuando vaya siendo posible comprobar en la práctica si se celebra o no el dichoso referendum secesionista en Cataluña; si hemos de creer al gobierno, no habrá tal, pero para creerle, no nos ofrece más garantía que la declarativa y no se yo si con eso basta. De todos modos, se me hace difícil creer que Mariano Rajoy, pese a las apariencias, se limite a estar a la espera de los acontecimientos. Al mismo tiempo, entiendo la conveniencia de no airear respuestas anticipadas, si no se quiere echar al garete la eficacia de lo que haya que hacer. Me fío más, pues, del gobierno que se calla que del que declara. Me gustaría, sin embargo, sentirme más seguro. ¡Eso es tan sutil!
    También me gustaría saber con certeza que, pase lo que pase, en esa circunstancia, se pondrá de manifiesto una recia coincidencia entre las fuerzas políticas que se declaran defensoras del orden constitucional, incluyendo entre ellas, claro está, también a las que portan algún proyecto de reforma de la Carta Magna. ¡Secesión ilegal, jamás!. Debe quedar claro para todos, especialmente entre los secesionistas, que para los demócratas españoles y con ellos, obviamente, también los catalanes, no hay más transito permisible que el legal. Dentro de la ley, se puede hablar de todo; fuera de ella, absolutamente de nada. Así que, si llegase a intentar celebrarse el dichoso referendum separatista, en el momento mismo de su inicio, en el Congreso de los Diputados o donde sea, debe adoptarse en acuerdo definitivo y unitario de pararlo, con la lógica aplicación de las previsiones legales que correspondan a sus promotores. Acuerdo unitario, del que no podría quedar excluido ningún grupo parlamentario, porque es precisamente la ley y sólo la ley la que los legitima a todos ellos. Y es por todo eso que no acabo de entender los matices discursivos con que se entretienen algunos partidos, pareciendo excesivos remilgos para no hablar claro y en directo de una vez.
    No disponiendo, pues, de la tranquilidad política que ansío, no puedo si no desear que agosto no termine nunca. Si eso fuese posible … Pero sabemos que no lo es, porque para eso se inventó el calendario, que es improrrogable e irreversible. Allá vamos, pués.
    Doctor en Economía

    10 ago 2017 / 00:00
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