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in memoriam

Xosé Antón:Un artista y estudioso de Galicia

    Hace poco más de un mes, el 7 de agosto exactamente, falleció de forma repentina e inopinada Xosé Antón García González-Ledo. Hoy, con el ánimo todavía desgarrado, cumplo con la imperiosa necesidad de rendir tributo público a la persona y obra de quien fue un excelente amigo y un extraordinario colaborador.

    Xosé Antón, como era generalmente conocido y tratado por todos, fue un artista y estudioso gallego de renombre; lo fue también fuera de nuestra tierra, pues se le reconocía como el más exacto de los dibujantes arqueológicos. Nacido en 1949 na Cruña -como él gustaba decir-, su acusado y más que probado amor por Galicia y sus dotes artísticas, innatas y sin duda extraordinarias, forjaron su personalidad e iluminaron toda su amplia y variada obra; de manera imprecisa me atrevo a cuantificarla en un número muy elevado, pero incontable, de láminas y representaciones arqueológicas (principalmente laudas y sepulturas, representaciones heráldicas, inscripciones epigráficas y monumentos de diverso carácter) y más de medio centenar de artículos y estudios monográficos; entre estos últimos destaco de memoria, a modo sólo de muestra incompleta, As imaxes xacentes da eirexa de San Francisco de Betanzos (1983), Enterramentos na Coruña do século XVII (1986), As pedras armeiras do concello de Culleredo (1992), Heráldica de Abegondo (1994)...

    En el contexto de lo que fue su singularísima contribución a la ciencia y cultura gallegas, creo preciso resaltar también un capítulo específico y fecundo de su trayectoria y creciente buen hacer; me refiero, claro es, a su larga vinculación con el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, donde participó activamente en un buen número de proyectos de investigación e iniciativas culturales. De ello son testimonio imperecedero el más de medio millar de magníficos dibujos arqueológicos que en él se guardan, la mayor parte de ellos producto de las muchas xeiras científicas que realizamos juntos a partir de comienzos de los años noventa y con más regularidad en este último decenio, ya con la compañía de Pablo Otero Piñeyro y al amparo del largamente acariciado Corpus de epigrafía, heráldica y escultura funeraria medieval de Galicia, que ahora quedará lamentablemente inconcluso.

    Confieso que no me resulta fácil extenderme en la evocación serena y ordenada que su persona y sus muchos merecimientos -y reconocimientos- exigen, probablemente porque me siento atenazado por el privilegio de haber gozado de su amistad y de haberme sentido enriquecido con su inestimable colaboración a lo largo de casi cuarenta años; de ahí, las muchas vivencias y recuerdos que atesoro y de los que fluye, inevitable, un verdadero torrente de emociones. Por ello, al rendirle este pobre homenaje, no puedo menos que destacar de su personalidad lo que acaso resulte menos notorio, siendo ciertamente lo más importante: su carácter sensible, generoso y afable -todo lo contrario de esa imagen hosca y huraña con que gustaba mostrarse ante propios y extraños- y, por encima de todo, la bonhomía de quien sé muy bien que se sentía bendecido por una fe profunda e inquebrantable en los designios divinos. Descanse en paz.

    (*) Pardo de Guevara es director del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento (CSIC-Xunta de Galicia)

    11 sep 2015 / 00:00
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