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ex aequo con bronca

Ghobadi vuelve a ganar en Donostia

El director iraní gana la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con su película "Half moon", en un galardón compartido con la francesa "Mon fils à moi" //Juan Diego y Nathalie Baye, mejores actor y actriz, y Tom DiCillo premiado como director y guionista

JOSÉ LUIS LOSA • SAN SEBASTIÁN   | 01.10.2006 
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Juan Herrero
El actor Juan Diego habla con la prensa después de recibir la Concha de Plata como mejor actor
FOTO: Juan Herrero

El iraní Bahman Ghobadi se hizo ayer aquí, con Half moon, merecedor de su segunda Concha de Oro, después de haber ganado ya este festival hace un par de años por Las tortugas también vuelan. En esta ocasión, Ghobadi, triunfador por su magnético relato del viaje de un grupo de músicos a la zona de sombras del Kurdistán iraquí, comparte el premio máximo del certamen con el crudo e irrespirable drama francés de madre castradora Mon fils à moi, del debutante Martial Fougeron, ya que el jurado decidió otorgar su Concha de oro ex aequo.

Fue éste, de modo constatado, uno de esos resultados fruto de un pacto ante la división dentro del grupo presidido por Jeanne Moreau, entre quienes, como ella, defendían de modo militante el film francés y quienes apoyaban la cinta iraní. Y, paradójicamente, de ese ánimo pactista (cuando lo normal en estos casos es la ruptura y la concesión disparatada del premio a una tercera e inopinada opción: recuérdese Cannes este mayo pasado, cuando la incapacidad de acuerdo entre los defensores de Volver y los de Babel provocó el cisma y el delirante galardón para el film de Ken Loach) surge una Concha de Oro compartida que conjuga la lucidez de poner en lo más alto al film que, en efecto, se movía varios escalones por encima de todos los demas, la fascinante incursión en las sombras de la iraní Half Moon, y alinearla con el acto de suprema valentía que supone premiar una obra tan indigesta, irrespirable, plena de coraje y capacidad para perturbar como Mons fils á moi, aquí maltratada por la mayor parte de la crítica.

Y ese acierto rotundo de la doble Concha de Oro al cine vivísimo que contiene las dos ganadoras se complementa con otras decisiones de similar lucidez. Ya comentamos cuando el film pasó, que Nathalie Baye lograba en Mon fils à moi, con su rol de madre torturadora, despertar la ira del público, hasta el punto de que cuando, en una secuencia, la Baye recibe una bofetada, el Kursaal entero prorrumpió en un espontáneo aplauso. Ese aplauso, esa empatía que muchos no quisieron interpretar, se plasma ahora en el acto de riesgo de premiar su papel como mejor actriz del festival. Y a este cronista también le parece el excepcional Juan Diego de Vete de mí, en su registro de tipo mezquino, padre desentendido, fulano egocéntrico e inolvidable, el mejor, o uno de los mejores actores que han pasado por la pantalla de este festival, y justísimo ganador de ese reconocimiento.

Ah, eso sí, el aplauso que me inspira toda esta serie de premios no tuvo igual acogida en buena parte de la crítica presente en la sala, que fue abucheando, de manera creciente las decisiones (especialmente la del premio a Juan Diego y la de la doble Concha de Oro), de manera que el festival acaba como casi siempre, con pateo, cuando, en esta ocasión lo que el jurado merecía era salir a hombros.

Hay dos películas más que salen muy bien paradas del palmarés: una es el ácido cuento de hadas sobre el mundo del famoseo que Tom DiCillo, con Steve Buscemi como tótem, ha titulado Delirious. Se lleva DiCillo los premios de mejor director y mejor guionista, y ninguno de ellos le viene corto a su estimulante película. La otra cinta que saca tajada es la del argentino Carlos Sorín, otro eterno ganador en San Sebastián. En esta ocasión, la peregrinación de idolatría hacia el semidios Maradona, la tierna y buenista El camino de san Diego, se lleva el Premio Especial del Jurado.

Hay en esa secuencia de cineastas que repiten premio en San Sebastián, en los casos de iraní Bahman Ghobadi y del argentino Sorín, una coherencia interna que viene muy bien a este festival, y que lo reafirma en su acierto al apostar por ellos.

Este cronista, que ha sido crítico con el tono general del concurso (este año, con todo, superior al de las ediciones inmediatamente precedentes), se reconoce en un palmarés que pasa por ser el más brillante de la última década.

No, esta vez no nos sumamos a los pateos al jurado. ¿Cómo se entendería abroncar su valentía, cómo denostar el talento grande del iraní Ghobadi, de los franceses Martial Fougeron y Nathalie Baye, del español Juan Diego, del norteamericano DiCillo o del argentino Sorín?

EL PALMARÉS

Mejor película ex aequo Half moon de Bahman Ghobadi y Mon fils à moi de Martial Fougeron

Mejor director Tom DiCillo por Delirious.

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Mejor actriz Nathalie Baye por Mon fils à moi

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Mejor actor Juan Diego.

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Premio del Jurado El camino de San Diego de Carlos Sorín .