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Escritor e Historiador

Juan Granados: “La novela histórica siempre tuvo éxito, pero necesita mucho rigor”

Hoy presenta en A Coruña su última obra, ‘El Gran Capitán’ //“Los personajes secundarios tienen un papel importante y en algún capítulo pasan a principales” // “Me gustaría verla llevada al cine con Carmelo Gómez”

ALBINO MALLO • A CORUÑA  | 22.11.2006 
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A.Mallo
Juan Granados durante la entrevista celebrada en A Coruña
FOTO: A.Mallo

En la librería Arenas de A Coruña el escritor e historiador coruñés Juan Granados presenta su obra más reciente, El Gran Capitán, una biografía novelada sobre la vida de Gonzalo Fernández de Córdoba. Este profesor de historia, que estudió en Santiago y completó su formación en Florencia, narra la vida y aventuras de uno de los grandes mitos de la historia de España y, sin duda, uno de los más enigmáticos.
–¿Es su primera publicación?
–No. Lo primero que hice fue participar, con otros compañeros, en cinco libros de la editorial Vía Láctea, entre ellos una historia de Ferrol y otra de Galicia, y luego publiqué mi primera novela histórica, Sartine y el caballero del punto fijo.
–¿Cómo lo consiguió?
–Mandé el original a una agente y ésta lo presentó al editor de Edhasa, Daniel Fernández, que se interesó por ella. Es una editorial especializada en narrativa histórica.
–¿De qué se trataba?
–De una serie de hechos de espionaje alrededor del marqués de la Ensenada cuando se creó el arsenal de Ferrol. Nicolás Sartine era un capitán de la Armada española, que tras su regreso a España descubre que su amante, Catalina Lasaletta, se ha casado con uno de sus más enconados rivales. Es enviado a Ferrol para supervisar la construcción de unos astilleros que sirvan como disuasión a los ingleses, además de averiguar quiénes están saboteando el proyecto. Para su placer y sorpresa descubrirá que el esposo de Catalina está implicado. Creo que tiene todos los ingredientes que hacen sugestiva la novela histórica y, a la vez, de aventuras. Misterios, traiciones, duelos, amores, viajes por mar y pienso que un buen ritmo. Por eso ahora tengo en proyecto seguir con este argumento en una segunda novela que retome el tema.
–¿Y ‘El Gran Capitán’?
–Puede decirse que fue fruto de un paréntesis que duró, aproximadamente, tres años. Una sugerencia del editor que, dentro de una serie de biografías noveladas de personajes históricos, pensó que no podía faltar éste y me lo propuso.–¿Resultó fácil aceptar?
–Por supuesto. Aunque ya había biografías como la de José Enrique Ruiz Domenec o la de Quintana, pensé que podía aportar algo más y hacerla más novelada. Me dediqué a buscar documentación y me di cuenta, que estaba ante un personaje muy complejo, lleno de aristas y muy interesante.
–¿Cuál fue la documentación fundamental?
–Me ayudaron mucho las transcripciones de documentos de archivos, entre ellos el de Simancas, hechas por Antonio Rodríguez Villa. Había correspondencia del Gran Capitán con los Reyes Católicos, con los embajadores en Roma, con todos los personajes importantes de su época, como César Borgia. También transcribió las cuatro grandes crónicas sobre Fernández de Córdoba, entre ellas una en la que, aun coincidiendo con las demás, se advierte que fue escrita por un personaje muy allegado, tal vez su capellán o algún secretario, porque se nota que los hechos que cuenta fueron vividos por él mismo.
–¿Y empezó su trabajo?
–Sí, una vez recopilada la documentación y ordenada, me puse a darle una forma literaria y a rellenar los huecos con mi imaginación, puesto que se trata de una novela y no de una tesis histórica. Hay una base documental, unos personajes con nombres reales, pero también un relato novelesco a través de mi giro personal.
–¿Cómo era el Gran Capitán?
–Era un hombre de los que hoy se definirían como de gran inteligencia emocional. No sólo lo caracterizaba su arrojo como militar, sino también su gran sentido del humor, que, en ocasiones, solventaba problemas dejando a los contrincantes sin capacidad de reacción y esto me dio mucho juego para imaginarme bastantes de las cosas que podía decir o cómo podía actuar en determinadas ocasiones. De él salieron frases como: “A enemigo que huye, puente de plata”; o, cuando lo tiró el caballo: “No os preocupéis, pues que la tierra nos quiere, bien nos acoge”. Y cuando se habla de “las cuentas del Gran Capitán”, es porque cuando el Rey Católico le pidió que las explicara, respondió que “no se pueden dar cuentas a un Rey al que se le ha entregado un reino” refiriéndose al de Nápoles. Se decía que era muy gastador y muy dadivoso con sus soldados y las gentes de su entorno.
–¿Fue un hombre muy conocido en Europa?
–Muchísimo. Tuvo vinculación con todas las cortes e incluso el sultán Bayaceto de Turquía le ofreció muchas veces ser el segundo mando de su ejército, pero él siempre guardó fidelidad a Fernando el Católico. Con los Borgia primero tuvo vinculación y luego cambiaron las cosas y el papa Julio II quiso asesinarlo porque le temía, así que cuando se puso enfermo, le mandó a sus médicos con esa intención.
–¿Estamos en el gran momento de la novela histórica?
–Creo que desde siempre. Hay que recordar los éxitos de Sinué el Egipcio, de Mika Valtari; Yo, Claudio, de Robert Greaves; Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; o las de Pérez Reverte, por citar algunos ejemplos cercanos.
–¿Le gustaría verla en el cine?
–Por supuesto, pero para ello tiene que llegar primero a un buen guionista que la redacte en ese estilo y luego al productor. Es un camino difícil.
–¿Y qué actor encajaría como El Gran Capitán?
–Por sus rasgos de rostro enjuto, mirada oscura y nariz aguileña, creo que lo haría muy bien Carmelo Gómez.

Diego García de Paredes y Pedro Navarro

Considera Juan Granados que en la obra hay que destacar la importancia de los personajes secundarios que, en algunos capítulos, llegan a convertirse en principales. Por ejemplo, el extremeño Diego García de Paredes, hombre gigantesco con una fortaleza física extraordinaria, el clásico ejemplo del capitán bizarro; u otro más desconocido, como Pedro Navarro, antiguo pirata nacido en el Valle del Roncal, de familia humilde, que ascendió todo el escalafón militar y que era experto en el cerco de ciudades y pasó a la historia como creador de la mina terrestre a base de un túnel que se excavaba bajo la muralla, se llenaba de pólvora y se tapaba dejando una mecha para hacerlo explosionar. Siempre tuvo grandes capitanes lo que le permitió crear las coronelías, que fue un precedente de los tercios y de la forma de luchar con arcabuceros y piqueros contra los infantes con espada n