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Piove, porca opossizione

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ   | 11.12.2006 
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El viernes pasado, un alcalde cuyo nombre y filiación ocultamos de momento negaba taxativamente que las inundaciones en su ciudad tuvieran que ver con el mal urbanismo. Como explicación de la catástrofe recurrió a las secuelas de los incendios, y a la pluviometría excepcional. Cualquier lector avispado será capaz de ubicar al regidor en un determinado partido.

Pero antes de disipar la incógnita y saber si la intuición es acertada, recordemos otras palabras de otro político que en este caso se refería a un enorme socavón. Negó que tuviesen relación con las obras realizadas en la zona durante su mandato, y añadió que las decisiones tomadas eran de tipo técnico, sin que hubiera por tanto responsabilidad política alguna. Las pistas son suficientes también para saber de quién se trata.

Parece claro que el protagonista del primer caso es el regidor de Cee, mientras que en el segundo nos estaríamos refiriendo a Cuiña y sus explicaciones sobre lo ocurrido en la vía de O Salnés. Ambos son del PP, y utilizan argumentaciones habituales en los portavoces de ese partido.

Pues no. No es el alcalde de Cee, sino el de Vilagarcía el que descarta que el espectáculo cubista (por los cubos) de estos días sea un castigo por el crecimiento desmesurado y caótico de la ciudad. Y tampoco es el ex conselleiro de la llamada Cotop el que apela a los expertos para sacarse de encima la papeleta; el declarante es el concejal de Infraestructuras de Compostela, y el socavón al que alude es urbano y se sitúa en la céntrica calle de Xeneral Pardiñas. Alcalde y concejal comparten militancia socialista.

He ahí dos situaciones que sirven para cuestionar la solvencia del mensaje que se envía reiteradamente desde San Caetano. Después de la famosa trama incendiaria cuyo telemando estaría en manos de la derecha cavernícola, se pasa a la responsabilidad del régimen anterior en el caos urbanístico y unas obras deficientes que se derrumban, debido a oscuras razones que no se explican, aunque se insinúan.

El Gobierno hace una traducción libre de aquella famosa expresión italiana que guardaba relación, por cierto, con la lluvia. El Piove, porco Governo, se transforma en su versión galaica en Chove, porca oposición. Atribuirle a un Gobierno todo lo malo que pasa es una obsesión enfermiza, pero achacárselo a la oposición evidencia una tremenda debilidad argumental del bipartito.

Lo de menos es el impacto de este falso razonamiento en la lucha partidaria. Lo peor es su repercusión social. El ciudadano que contempla cómo los desastres son catalogados de manera arbitraria como naturales o políticos, según ocurran en Vilagarcía o Cee, o cómo se considera desmesurado el urbanismo popular de Barreiros pero no el socialista de Foz, poca confianza puede tener en la objetividad de las medidas. Las verá como venganzas más o menos disimuladas de la administración de un color, contra la que tiene un color contrario.

Hay un error inicial en la teoría de la porca oposición, que es considerar que todo lo que había antes en Galicia era PP. No es así. Buena parte del poder local, en especial el más urbano, estaba en manos de la izquierda. En algunos casos, sólo gobernó la izquierda, y suya es por tanto una parte de la responsabilidad. Ni el PSdeG, ni el BNG llegan vírgenes al altar autonómico.

Y aunque hubiesen llegado inmaculados a San Caetano, esa hipotética pureza la habrían perdido, no en el verano del 42, sino en el de 2006. Después de aquello, no pueden mandar a nadie a la hoguera.