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Un repaso a la historia constata el afán emprendedor de los gallegos

Un libro de la Fundación Caixa Galicia rescata del olvido a los pioneros en la lucha contra el atraso económico de la autonomía // La contribución de estas 24 figuras impulsó sectores como la cerámica, pesca, carne, conservas, naval, la banca o el de la energía

S. RIVEIRO • SANTIAGO   | 26.01.2007 
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La sagacidad de los gallegos a la hora de emprender en el mundo de los negocios no es cosa tan sólo de los Amancio Ortega o Manuel Jove, ejemplos de unos pocos años hacia acá. Antes que Inditex o Fadesa, con muchísima antelación a Pescanova o Zeltia, ya había empresarios en Galicia capaces de figurar entre los líderes de la España de siglos como el XVIII. Para rescatar esta memoria histórica, el Centro de Investigación Económica e Financieira (CIEF) de la Fundación Caixa Galicia ha viajado en el tiempo para recopilar en un volumen la vida y milagros de 24 de estos precursores del actual dinamismo económico.

Empresarios de Galicia traza un interesante viaje que reivindica el papel jugado por estas figuras. Este volumen fue presentado ayer tanto en A Coruña como en Vigo. En la ciudad herculina participaron en su puesta de largo el director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez, junto al responsable del Centro de Investigación Económica y Financiera de la Fundación, Alberto Meixide, y el coordinador del libro, el catedrático de Historia e Instituciones Económicas, Xoán Carmona. A la cita de la tarde en la ciudad olívica se sumaron Ramón Villares Paz, presidente del Consello da Cultura Galega, y Manuel Puga, titular de la Fundación Galicia-Empresa.

Según apuntó ayer Méndez, y destaca asimismo en una de las presentaciones del volumen, este trabajo "rompe os tópicos sobre a falta de espíritu empresarial dos galegos". En un encorsetado mercado español, apunta, consiguieron llevar sus empresas a lideratos "en sectores como o da cerámica, da producción cárnica, da pesca, da conserva ou da construcción naval".

Por su parte, Xoán Carmona, que trabajó codo con codo junto a los otros veinte prestigiosos autores del volumen, apuntó que, en muchas ocasiones, en las historias generales sobre la comunidad gallega "os empresarios non existen, aínda que si aparecen artistas ou políticos". Sin embargo, destaca, este libro viene a demostrar que "Galicia ten unha importante tradición empresarial e ata unha identidade de empresa galega".

En su aportación al volumen, Manuel Puga apunta que la obra sale de la necesidad de "recuperar para a memoria empresarios emblemáticos que foron quen de inaugurar ou impulsar un sector empresarial de Galicia".

Ramón Villares, por su parte, argumenta que en el libro se encuentra el germen de algunas empresas "que hoxe ocupan o papel estelar na estrutura económica de Galicia".

Antonio Raimundo Ibáñez (1749-1809)

El marqués de Sargadelos fue el primer gran empresario industrial de Galicia, impulsor de una siderurgia y de la primera fábrica privada de cerámica de consumo popular en España, en Sada. En el extenso análisis que hace el catedrático de la USC Pegerto Saavedra se cuenta que nació en la aldea de Ferreirela, en Santalla de Oscos (Asturias), a tiro de piedra de Galicia. Pero pronto haría de Ribadeo su hogar. Inteligente comerciante, creó Sargadelos con financiación de la burguesía compostelana. Su muerte fue atroz, asesinado por una turba de vecinos codiciosos de su fortuna.

Manuel de la Riba Moreno (1780-1831)

Xosé Ramón Barreiro Fernández, catedrático y presidente de la Real Academia Galega (RAG), nos da las claves sobre este modelo de la protoburguesía compostelana. De la Riba fue uno de los grandes comerciantes de la época final del absolutismo. De procedencia foránea, llegó a Santiago sin capital, y siendo de esa estirpe de hombres que se hacen a sí mismos, comenzó de mancebo, y gracias al matrimonio con la hija de su patrón, entró de socio de la firma. Fue un ejemplo de diversificación, con intereses comerciales e industriales, además de prudencia. Su buen hacer consiguió que capease su firma la profunda crisis que asoló Europa desde 1820. Aunque no fue el burgués más importante de la época en Compostela, sí fue uno de los doce más importantes.

José Pastor Horta (1820-1877)

Quién mejor que María Teresa Burés Miguéns, directora del Archivo Histórico del Banco Pastor, para hablar del fundador de esta financiera. Este coruñés de ascendencia catalana, siguió la tradición comercial y, gracias al negocio del tabaco que venía de Cuba, obtuvo grandes beneficios con los que constituyó la sociedad José Pastor y Cía. Tras adquirir participaciones en varios barcos de vapor y corvetas, y hacerse de oro con el transporte de mercancías, encontró su gran porvenir: la banca. Fallecería en 1877, dejando sucesor único y universal: su sobrino Pedro Barrié y Pastor.

J. Harguindey Broussain (1839-1911)

Uno de los fabricantes de curtidos más importante del siglo XIX era compostelano. Así lo constata María Teresa Fernández Vázquez, profesora titular de la Universidade de Vigo. Además de llevar a la fábrica de curtidos de Guadalupe a la élite europea del sector, se hizo con otras factorías como la de O Carme y Lacolla, y llegó a pagar en 1895 el 29% de toda la contribución industrial abonada en Santiago. Fue socio de Ferrocarril Compostelano, firma que promovió la línea férrea de Santiago a Carril, la primera que funcionó en Galicia (1873).

Pedro Murias (1840-1906)

Murias representa el éxito empresarial en la emigración y la industria tabaquera en las últimas décadas de la Cuba colonial. Así nos plantea Ana Cabana Iglesia, profesora de la USC. La autora de la biografía constata que este empresario responde al prototipo de quienes hacían las américas con éxito, tras partir de su Ribadeo natal con 16 años. De hecho, murió rico en La Habana, con un capital de 3,36 millones de pesetas de la época, víctima de una tuberculosis. Inversor sagaz que sabía diversificar, llegó a poseer 50.000 hectáreas en Cuba.

Olimpio Pérez Rodríguez (1841-1915)

Es sin duda el banquero más importante de la historia de Compostela, y una de las figuras que contribuyó al nacimiento del sector eléctrico gallego a finales del s.XIX. Así lo transmite María Jesús Facal, profesora titular de la Universidade de Vigo. Trabajó bajo la denominación de Hijos de Pérez Sáenz y su propio nombre. Formó parte del consejo de la Caja de Ahorros de Santiago y la dirigió de 1891 a 1907. Además, fue administrador de la sucursal del Banco de España. Su progenie siguió su camino con la sociedad Hijos de Olimpio Pérez.

Melitón Domínguez Leal (1843-1916)

Jesús Giraldez Rivero, profesor titular de la USC, confirma que en el linaje de este emprendedor resume buena parte de la historia de la pesca gallega y española desde finales del s.XIX. Nació en San Xoán de Panxón y se inició en el sector gracias a la fábrica de salazón de su suegro. Logró las primeras concesiones de cetáreas de langosta de Galicia, y con el bum de las conserveras, compró traineras para pescar sardina. Extendió sus buques por puertos de todo el norte peninsular, y sus descendientes supieron convertir su iniciativa en las empresas líderes del sector a nivel internacional.

Enrique Peinador Vela (1847-1917)

Nacido en Pontevedra, su historia es la de la fortuna que vino del mar, según apuntan Luis Domínguez Castro y Xosé Ramón Quintana, ambos docentes de la Universidade de Vigo. Este médico se formó en Santiago, y aunque su residencia habitual se encontraba en Madrid volvía cada año en las mismas fechas, del primero de mayo al día 1 de octubre, al balneario de Mondariz, donde moriría. Con su hermano Ramón, no sólo situó este centro en la cúspide de la crenoterapia y la hidrología médica. También nos brindó el embotellado de un manantial que llega a nuestros días.

José María Rivera Corral (1856-1936)

De As Pontes a La Habana y de regreso, pero a A Coruña. De regentar una tienda de ultramarinos en el país caribeño de profético nombre (La Estrella de Oro), a atreverse a inventar un refresco, entrar de lleno en el sector del hielo y el frío industrial, convertirse en hábil inversor inmobiliario y abrir la fábrica de La Estrella de Galicia, que comenzó a construirse en 1906 y se terminó en 1910. Hila estos hechos con maestría el catedrático de la Universidade de A Coruña Luis Alonso Álvarez. Gracias a su labor pionera, hoy Hijos de Rivera es la cervecera más rentable en España.

Dionisio Tejero Pérez (1856-1941)

Emigrante vallisoletano establecido en A Coruña, Dionisio Tejero invirtió con fuerza en el sector conservero, aprovechando el fulgurante desarrollo que experimentó esta industria a finales del siglo XIX y principios del s.XX. Además, tuvo intereses en sectores como el financiero y el textil. Cuenta Elvira Lindoso Tato, profesora de la Universidade de A Coruña que firma su biografía, que Tejero se convirtió en el ejemplo de los castellanos que llegaron a Galicia y se integraron en la élite empresarial de sus ciudades de adopción.

Marcelino Suárez González (1866-1949)

Ricardo Gurriarán, profesor del instituto Xelmirez I de Santiago, ve similitudes entre Suárez y el marqués de Sargadelos, ambos asturianos, que comenzaron como aprendices y montaron importantes empresas por su cuenta. Y en esta biografía, el sector escogido fue el del carbón y la cal, minerales que lo unieron con la comarca de Valdeorras. Medalla al Mérito en el Trabajo en 1948, no cumplió su sueño de fabricar cemento artificial. Sus Caleras de Valdeorras acabaron, después de ser vendidas al Banco Pastor, integradas en la Compañía Española de Industria Electroquímicas.

José Barreras Massó (1867-1950)

El astillero de Hijos de J. Barreras era el día en que perdió la vida su presidente, el vigués José Barreras Masso, el mayor y más moderno de los privados existentes en Galicia. El grupo era la cuarta mayor empresa manufacturera, sólo por detrás de Astano, La Toja, Massó y Manuel Álvarez e Hijos. Nos cuenta Xoán Carmona el periplo vital del técnico e ingeniero vocacional que alcanzó estos hitos, germen de un centro fabril aún muy activo. Pero Barreras no era sólo barcos: había también conserveras e incluso estuvo detrás del nacimiento de la revista Industrias Pesqueras.

J.R. Curbera Fernández (1870-1937)

También el catedrático de la USC Xoán Carmona nos relata cómo se empeñó en batir marcas y abrir mercados este empresario, convirtiéndose en un líder a nivel industrial. Natural de Vigo, nació en el seno de una de las tradicionales familias catalanas pioneras en el campo de las conservas, y a ello se dedicó. Con sus fábricas de Guixar y el Arenal de Vigo, la producción de latas de sardina, estrella de las exportaciones de la época (sobre todo hacia Latinoamérica), alcanzaba las 81.000 cajas. Además, fue vocal del Banco de Vigo y consejero de la aseguradora La Alborada.

José Barro González (1873-1943)

De ocupación, constructor de automóviles en la mariña lucense a comienzos del siglo XX. Este gran adelantado en el proceso de industrialización del norte de Lugo tiene en su haber el impulso del complejo Chavín-Viviero, según cuenta Carlos Nuevo Cal, cronista oficial de Viveiro. Natural de Mondoñedo, se dedicó además al textil y a la energía. Sin embargo, la automoción fue el motor de su negocio. Representó a la firma gala De Dion Bouton, y de su factoría salieron también bicicletas, camiones y autobuses. Tristemente, todo resto de su empresa desapareció en 1981.

Manuel Álvarez Pérez (1873-1938)

En 2002 se apagaron por última vez los hornos del Grupo de Empresas Álvarez, con lo que desaparecía una firma con 75 años de historia y cientos de empleos. Narra Ana María Navas, profesora del Instituto Politécnico de Vigo, que todo empezó con Manuel Álvarez Pérez en 1927, que sentó las bases del gran grupo de producción y venta de artículos de cristal, loza y porcelana. La historia sigue con Moisés Álvarez, su hijo (1904-1975), y acaba de la forma más triste: el fin de una empresa.

Evaristo Castromil Otero (1876-1969)

Ver hoy autobuses de Castromil cubriendo rutas por Galicia es sinónimo de la fortaleza de una compañía nacida en 1917. Daniel Seijas Llerena, doctorando en Historia de la USC, alega que el compostelano Evaristo Castromil comenzó trabajando para el banco de Olimpio Pérez, para después ejercer como corredor de comercio y tomar contacto con la importación de vehículos. Tras decantarse por el mundo del transporte, comienza a ofrecer su servicio diario entre Santiago y A Coruña. Hoy sus rutas son centenares.

Antonio Valcarce García (1888-1978)

Se le puede conocer como el rey del pan, según atestigua María Jesús Facal, profesora titular de la Universidade de Vigo. Nació en la Ribeira Sacra de Lugo y acudió al seminario de la capital provincial, pero abandonó el centro sin acabar los estudios. Arrivó a Vigo sin recursos con la idea de viajar a Cuba, pero no llegó a cruzar el charco. Pasó de una panadería a crear la Compañía Panificadora Viguesa, y ser socio mayoritario en los tranvías de la ciudad olívica. Presidió el Banco de Vigo de 1954 a 1970 y la empresa vidrios La Florida.

Pedro Barrié de la Maza (1888-1971)

Fue uno de los más extraordinarios hombres de negocios de Galicia. Al él debemos vincular el Pastor, que dirigió de 1939 hasta su muerte, pues la actividad de esta financiera en favor de las industrias gallegas fue crucial. Este coruñés, recuerda María Teresa Burés, responsable del archivo histórico del banco, nos recuerda como creó Fenosa en 1943. Fue presidente de Astano, y promovió o presidió muchas otras empresas como Aluminio de Galicia, Gas Madrid, La Toja, Minero Siderúrgica de Ponferrada, Pebsa. Su contribución fue vital.

Gaspar Massó García (1892-1991)

La profesora de la USC Luisa Abeledo nos ilustra sobre el hombre que creó un gigante conservero que sentó las bases de lo que hoy es la industria. Nacido en Bueu, muerto en Vigo, su apellido proviene de una estirpe ligada estrechamente al sector pesquero, la de la diáspora catalana. Massó fue pionero en muchos ámbitos, como el de rotular en gallego en sus fábricas. Visionario, generó abundantes patentes de maquinaria para tratar el pescado de las conservas. Tristemente, poco después de su muerte también desapareció la empresa.

José Fernández López (1904-1986)

Dos grandes empresas gallegas que cotizan en Bolsa como Zeltia y Pescanova tienen en común su origen, a partir de dos de los grandes emprendedores que ha generado Galicia: los hermanos Fernández López. Sobre este clan que llega a nuestros días, y en particular sobre José, habla Xoán Carmona Badía, catedrático y coordinador de este compendio de biografías. El emprendedor lucense comenzó en el sector cárnico, pero su destino era el mar. Con Pescanova nació un nuevo gigante de los mares, todavía sin rival.

Manuel García Cambón (1907-1993)

Para pasar de aserrador a empresario líder hay que dar pasos firmes, como los que protagonizó Manuel García Cambón durante su vida. Nos cuenta Eduardo Rico Boquete, profesor titular en la USC, que apunta que este emprendedor oriundo de Negreira, que en sus inicios recorría los montes sierra en mano. Compró un aserradero, luego otro, siguió sumando, y su trabajo acumulado ha permitido que hoy la empresa que nació de su esfuerzo, Financiera Maderera SA (Finsa) cuente en Santiago con el complejo líder en producción de tablero aglomerado de España.

José Rodríguez López (1910-2004)

Natural de Pousada, en Chantada, era un hombre muy modesto, nada dado a protagonismos. Alberte Martínez López, profesor titular de la USC, apunta que el protagonista de la creación de un gran grupo lácteo como la Lacto-Agrícola Rodríguez Sociedad Anónima, más conocida como Larsa, en 1947, murió en abril de 2004 sin apenas repercusión en los medios, como él habría querido. A finales de los años 70 se estancó el consumo de lácteos y llegó la crisis. A ello se sumó la reforma agraria de la UE. Larsa fue a menos, y al final cayó en manos galas.

Ricardo Bescansa Martínez (1912-1986)

Jaime Barreiro Gil, decano de la Facultade de Económicas de la USC, nos cuenta que Ricardo Bescansa hubiese querido ser ingeniero aeronáutico, pero se licenció en Farmacia. Este compostelano triunfó en este ámbito, pero hace más de medio siglo un viaje a Lisboa le descubrió la televisión, y en 1955 ya hacía pruebas con antenas. Tres años después crea, junto a Amador Beiras, Televés, e inicia la venta de aparatos de recepción de la señal. La semilla estaba plantada, y hoy esta compañía compostelana, en la élite de la I+D, es capaz de crear una casa informatizada, robótica.

Eulogio Gómez Franqueira (1917-1988)

Es el gran ejemplo de que el cooperativismo tiene futuro si se diseña una buena estrategia. Natural de Cenlle (Ourense), procedía de una familia humilde de campesinos. Fue profesor 20 años, pero luego montó una cooperativa en Castrelo do Miño de reparto de productos, y en 1961 fue nombrado gerente de la Unión Territorial de Cooperativas Orensanas (Uteco), de la que nace Coren. Nos señalan Luis Domínguez y Xosé Ramón Quintana, de la Universidade de Vigo, que si al nacer Coren tenía una veintena de socios, hoy tiene seis mil, y es líder en el sector agroalimentario.