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santa minia en brión

Récord de fe entre pulpo y atascos

Los oficios religiosos y la romería popular, con 250 puestos de feria, atrajeron a más de 35.000 personas hasta la carballeira // Largas colas de gente se sucedieron ante la iglesia para ofrecer cirios y figuras a la imagen // La AG-56, colapsada en los accesos

A.TALADRID • BRIÓN   | 28.09.2008 
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Antonio Hernández
La ofrenda de velas en el interior de la capilla de Santa Minia fue una constante en el día de ayer
FOTO: Antonio Hernández

La carballeira de Santa Minia en Brión olía ayer a cera, sabía a pulpo y sonaba a fiesta. "La gran fiesta de toda la comarca", como contaba satisfecho el alcalde, Xosé Luis García. Y no le faltaba razón. Desde todos los municipios del entorno compostelano y aún desde más allá llegaban coches y autobuses salidos a primera hora del día desde Ponferrada, Vigo, Ferrol o Lugo.

En la iglesia, las reliquias de Santa Minia se dejaban querer desde la misa de 9 por miles de devotos, que pacientes y fieles guardaban largas colas ante la puerta para tocar a la santa y ofrecerle su fe en forma de cirio o figura de cera. "La cera se moldea con forma de diversas partes del cuerpo y cada uno le ofrece aquella de la que padece alguna enfermedad", explicaba una de las vendedoras a pie de templo.

Pero era fuera de la capilla donde la fiesta se volvía récord. Por primera vez, la cita, cuya afluencia crece imparable desde los años 50, congregó a más de 35.000 personas en el día grande de Santa Minia. La orquesta Galilea animaba la sesión vermú ante cientos de jóvenes de todas las edades, que encontraban hueco para echar un baile antes, o después, de deleitarse con una tapa de pulpo. Y es que las primeras raciones del rey de la mesa en esta y casi todas las fiestas se servían ya a las once de la mañana. Para acompañar, lo mejor de la tierra, lacón, churrasco, churros y rosquillas, cuyos vendedores dejaban la carballeira el viernes a las cuatro de la madrugada para volver ya a su puesto poco después de las siete.

Y el único lado incómodo de una celebración que cierra marcando un hito en el calendario de festividades religiosas del verano se veía sobre el asfalto. En la primera edición de Santa Minia tras la apertura de la autovía AG-56 Santiago-Brión, los atascos fueron irremediables. Durante las primeras horas de la mañana, los accesos a Brión registraron largas caravanas, que se saldaron finalmente sin mayores incidentes, al igual que la jornada. Llegada la noche, las orquestas Galilea y Caribe Show, pusieron la guinda a la fiesta y dieron el relevo a las actuaciones de hoy: Océano y Suavecito.

Chorreo de romeros

En busca de milagros y salud

La multitudinaria afluencia de romeros a Santa Minia es sólo el colofón de las festividades religiosas estivales que mueven a cientos de miles de fieles hasta los templos de la comarca para ofrecerse a una imagen en busca, sobre todo, de salud... y algún milagro. En A Pobra, el pasado domingo, unas 50.000 personas seguían la procesión de las mortajas, para cumplir con la promesa ofrecida al Cristo. En esta ocasión, los ofrecidos eran ocho, cinco adultos y tres niños. El segundo fin de semana de este mes, la festividad de Os Milagros de Amil, en Moraña, congregó a 60.000 devotos, muchos de los cuales duermen incluso junto a la capilla. En la misma fecha, un número similar de fieles acudía a honrar a la Virxe da Barca de Muxía. En junio, el Corpiño de Lalín también superó los 10.000 asistentes.

LOS PROTAGONISTAS

“La gran fiesta de toda la comarca"

El alcalde de Brión definía ayer la festividad de Santa Minia como “la fiesta más importante del municipio, pero también la gran fiesta de la comarca ya que llega gente desde todos los ayuntamientos del entorno de Santiago”.

“Se ofrece la parte del cuerpo enferma”

Rosa Rivas vende cirios y figuras de cera ante la iglesia de Santa Minia. “Cada uno compra la figura que representa a la parte del cuerpo de la que sufre algún tipo de enfermedad para ofrecerla a la santa y esperar que ella lo sane”, explica.

“Hay gente desde las 7 hasta la madrugada”

Tamara Pose vende churros en el puesto de La Cesureña y durante esta fiesta trabaja sin descanso. “Nos fuimos el viernes a las cuatro de la madrugada y volvimos por la mañana a las siete. Hay gente a todas horas y se llevan hasta cinco docenas”, dice.

“Un día como hoy pico 200 kilos de pulpo”

Desde las once de la mañana de ayer y hasta la madrugada, Lucas sirvió en la pulpería Jacinto Grandía “unos 200 kilos de pulpo”. El cefalópodo es la estrella de la gastronomía festiva y para servirlo, estos profesionales vinieron desde Lugo.

“Se vende más aquí que en los mercados”

Esther Caamacho y Julia venden ropa de todos los estilos en sendos puestos ambulantes. Durante el año recorren todos los mercadillos de la comarca, pero ayer aseguraban que “donde más se vende es en ferias como la de hoy”