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FÚTBOL // TERCERA DIVISIÓN

El Compos gana la batalla por la tercera plaza... y es segundo

El equipo de Baleato, pleno de confianza, leyó a la perfección su encuentro ante el Céltiga // La derrota del Montañeros le hace ganar otro puesto // Centrón firmó el tercer éxito seguido

ANTONIO PAIS • SANTIAGO   | 03.11.2008 
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Compostela 1
 
Céltiga 0
 

Compostela: Pablo Castro, Catú, Cholo, Toño, Jimmy, Rego, Claudio, Mariño, Centrón (Kinho, m. 90), Vladimir (Álex Blanco, m. 81) y Rubén (Petter, m. 81).

Céltiga: César, Óscar Blanco, Cobas, Beni, Fran, Nacho, Cardeñosa, Alber (Manuel, m. 53), Víctor Uhía, Peloto (Diego Peláez, m. 58) y Kelvin.

Árbitro: Rodicio González (Ourense). Amonestó a Rego, Catú, Claudio, Rubén, Cardeñosa y Óscar Blanco.

Gol: 1-0, m. 20: Centrón.

Campo: Municipal de San Lázaro, más de mil espectadores.

Claudio, jugador del Compos, a la izquierda, disputa un balón con Víctor Uhía, en presencia de Kelvin

En San Lázaro jugaban el tercero, el Compostela, y el Céltiga, cuarto. Ambos estaban empatados a puntos, y en principio el objetivo del duelo era la tercera plaza. Ganó el Compostela... y terminó la jornada segundo, ahora empatado a puntos con el que era el líder, el Montañeros, que cayó en Arousa. ¡Qué bonito es el fútbol, a veces!

No fue en exceso bonito, pero sí bueno, de calidad, el partido de ayer en San Lázaro. Chus Baleato, técnico del Compos, había advertido en la previa que llegaba uno de esos encuentros que hay que saber jugar. Y eso fue lo que hizo ayer su equipo: pese a que el técnico también avisó de su malestar por la forma en que se habían entrenado sus pupilos la semana pasada, no parece que pueda hacer más objeciones.

Porque ellos supieron leer muy bien un partido que salió como el día: áspero, duro, para hombres. Un partido en el que no valían distracciones: se trataba sólo de estar enchufado siempre para ganar cada balón y cada situación estratégica. El viento polar azotó San Lázaro pero no pudo con el cuadro compostelanista, del mismo modo que no consiguió helar a su afición.

Del triunfo también hay que culpar a Baleato, que ganó en el apartado táctico. Si el Céltiga esperaba a un rival que lo acosase desde el principio, se equivocó: el Compos lo esperó en su campo e hizo de la paciencia su mejor virtud. Los locales esperaron la ocasión de morder.

Ante un rival como el Céltiga, rocoso, bien plantado, con una presencia física importante, la apuesta era atrevida. Pero al Compos le salió bien.

Porque el momento, la ocasión, se presentó pronto: en el minuto 20, cuando el fútbol se desarrollaba en una ancha franja en el centro, con ambas defensas muy adelantadas, Mariño se jugó la cabeza para robar un balón y Rubén Márquez, uno de los más destacados ayer, siguió la lucha primero con bota y después sin ella (los del Céltiga le reclamaron al árbitro) y asistió a Centrón, que regateó a César: 1-0.

El Compos, crecido, confirmó su gran momento. Claudio, un excelente delantero, es un prodigio como mediocentro: ayer fue el mejor, lo rebañó todo. Con él como eje, el equipo ha encontrado su equilibrio. Brillaron los zurdos, de Jimmy a Mariño y de Mariño a Centrón, y Rego y Hércules Catú en la derecha. Si el partido no murió, fue porque en dos minutos claves, 42 y 43, primero Vladimir no remachó una gran jugada de Rubén y después éste, que recibió de un defensa perdido, no resolvió bien en el uno contra uno ante César.

Dio igual. En la segunda parte no se jugó tanto, pero el Compos aguantó. Seguía Claudio, y la defensa local, de Pablo a Jimmy, estuvo perfecta. Salvo una ocasión de Diego Peláez, sólo pudo llegar, y varias veces, el 2-0.

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El marcador registró el tanto... visitante

La anécdota del partido la puso el marcador del estadio de San Lázaro. Todo era felicidad en el Compostela tras marcar el único gol del partido cuando el marcador registró lo sucedido, algo que se mantuvo con el paso de los minutos: Equipo local, 0, visitante, uno.

LAS CLAVES

Caneda regresó tras su operación

El presidente del Compostela, José María Caneda, regresó al estadio tras su reciente operación en la espalda. Caneda, eso sí, no estuvo en el palco de San Lázaro sino que se sentó, como un aficionado más, en las gradas. Allí recibió el mejor tratamiento: una victoria .