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reseña musical

"Fantasía Celta", primicia de José Vicente Egea

POR RAMÓN GARCÍA BALADO   | 14.04.2007 
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Maximino Zumalave, como director y dedicatario, presentó las credenciales de José Vicente Egea en suslabores creativas y por la Fantasía Celta para flauta solista, cuerda y percusión, en la que tendría un lógico protagonismo Laurent Blaiteau, principal en su instrumento de la Real Filharmonía.

Arropando ala obra en estreno, una casi curiosidad por las pocas ocasiones en que pueda escucharse, la Sinfonía nº 2, en Do M. de C. Mª von Webern, autor del que sobrevivieron mejor incluso sus oberturas de sus óperas, hoy con mayor presencia en programaciones. Su sinfonía apunta detalles mirando con cierta inseguridad en varias direcciones aunque son intenciones de abrirse al romanticismo, aún a costa de ese minueto un tanto curioso, ya que en la sinfonía precedente se decidía por un scherzo; obra curiosa pues, para saber de su existencia, tema que no se dará en A. Dvorak, más seguro en sus criterios y en especial en cuanto apuesta por el nacionalismo del que es manifiesto la Suite checa, composición que se avendría con mejores modos a la Fantasía Celta, de Egea.

La obra de Dvorak, eslavista en un período de eclosión que conoce su espacio estético, tiene en plenitud los argumentos que marcarán su carrera, y que en composición tan personal y sentida, no es ajena al colorido de variadas danzas folklóricas como polcas y furiants. J. Vicente.

Egea compagina sus trabajos creativos con responsabilidades directoriales y en su estreno alumbra tintes de vaporosidades nostálgicas en una composición que podrá enmarcarse en estilismos que aproximan a músicas incidentales. La flauta, en primera linea de fuego durante todo el trayecto, tiene a la sombra la insinuante figura del arpa, por aquello de contribuír a un equilibrio expresivo. Las pinceladas en los apuntes percusivos aportan tímbricas ingeniosas y, en lo constructivo, el autor quiere apreciar debussysmos tan reconocibles como los que expresa en las obras que firma como rapsodias.

Entre las brumas pueden asomarse tímidamente aspectos que nos transportan al mundo sonoro de los Vaugham Williams y demás familia y, hasta en la posible lejanía, la naturalidad desenvuelta de A. Copland. La Fantasía Celta evoluciona sin débitos a planteamientos vanguardistas y tal parece la voluntad de quien dio cuerpo a la obra, que no renuncia a sus aspectos de melodismo naif, marcados en esa actitud indisimuladamente evocadora de una ensoñación en la que el flautista Laurent Blaiteau se apunta el mérito del seguro protagonismo. Menores son las asociaciones a un presumible folklorismo.