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"Desde hace diez años mi sueño es Lugo"

Francisco Moure Bourio: “Hay que saber estar en el sitio oportuno y que nunca te abandone la suerte”

“Es muy importante que los gallegos nos sintamos orgullosos de nuesta condición, pero no hay que pasarse”

POR ENRIQUE BEOTAS  | 12.09.2008 
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Francisco Moure Bourio durante la entrevista realizada en el marbellí hotel Don Carlos

Cuentan los manuscritos de la Fonseca del siglo XVII, que un insigne escultor castellano tuvo, de entre sus más aventajados alumnos, a un muchacho compostelano con manos "como arcillosas". Es decir: manos capaces de calar la roca y ahormar la madera, hábiles para reproducir las más bellas formas de la naturaleza.
Me traslado hasta las centurias del 1600 para transitar las calles de Santiago. Me propongo algo parecido a lo que hizo Torrente en sus Fragmentos de Apocalipsis, insuflando vida a una estatua parlante de Felipe II. El escritor enfrenta a los templarios con las huestes vikingas de Olaf por el control de la capital Jacobea y llena las gargantas de profesores y fantasmas con sorprendentes y mordaces diálogos.
Francisco Moure Bourio desciende, por directo linaje heráldico, de aquel escultor de idéntico nombre que acabó sus días entre Lugo y Monforte de Lemos. Voy en busca del gallego que, según mi conocer, en más consejos de Administración participa, cuyas opiniones, sugerencias y dictámenes, tienen una trascendencia decisiva en campos como la economía, el desarrollo tecnológico, las infraestructuras, las energías…

No se pierdan al personaje: Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, Doctorando en Ciencias Políticas, en el área de Hacienda Pública y Política Fiscal, máster en Economía de la Empresa por la Universidad Politécnica de Madrid, máster en Dirección General de Empresas por la Escuela de Organización Industrial, perteneciente al Cuerpo de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, vicepresidente del Consejo de Administración y miembro de la Comisión Ejecutiva y de la de Retribuciones de Caja Madrid, miembro del Consejo de Administración de Altae Banco, de la Corporación Financiera de Caja Madrid y del Patronato de su Fundación, miembro de la Comisión de Control y Seguimiento de Ibermutuamur, miembro del Consejo de Administración de Isolux Corsan Corvian, de la Comision de Auditoría y Cumplimiento de Indra, de Typsa, de Itinere, presidente de Autoestradas de Galicia, miembro del Consejo de Administración de PGP de Energías Renovables, Cofrade de la Muy Enxebre Orden da Vieira y ex presidente del Club Deportivo Breogán.

Me he propuesto llevar hasta los lectores del Washington Post de Galicia lo que late en el corazón, en el cerebro y en el alma de este lucense de la exportación del triunfo gallego.

Así que retorno a Terra Chá, donde el bosque animado cobra vida cada noche entre apacibles llanuras y firmes montañas. Allá, donde la luz sencilla de una antorcha deslumbra cualquier farola. Es precisamente donde comienza el largo, prolífico y fecundo viaje de nuestro Sexta Provincia. Un muchacho insaciable en el aprender, añorante impenitente del retorno a casa:

"Galicia es mi añoranza permanente, Beotas…"

– ¿A estas alturas y con éstas, Moure…?

– Con la edad uno va volviendo a sus orígenes. Con todo el trabajo que he venido y vengo desarrollando, Galicia siempre ha estado ahí. Es, por encima de todo, la referencia de mis padres.

– ¿Morriña…?

– Desde hace diez años mi sueño es Lugo… Los lugares de mi infancia... Los más bellos momentos de mi vida.

– ¿Saudade…?

– Para nada. Es deseo, una apuesta seria. Confieso que a veces me embarga la tristeza. Veo que mi tierra, Lugo, debería haber evolucionado mucho más.

– Así que te caíste del caballo, como San Pablo, y redescubriste Lugo…

– Es que soy de Lugo. Allí cursé mis estudios de Bachillerato… y eso que los buenos colegios de Galicia no los teníamos allí.

– Perdona pero, viendo tu currículum, la cosa no salió mal del todo…

– Tuvimos lo que ahora se identifica como Enseñanza Pública. De allí salimos gentes de todo tipo. Tuvimos suerte, Lugo era una provincia olvidada. Allí fueron a parar gran parte de los catedráticos perseguidos en el franquismo.

– ¿Me hablas de docentes castigados…?

– Te hablo de grandes hombres, entre ellos Antonio Fraguas, Lázaro Montero. Fueron más tarde catedráticos esenciales en la Universidad. Poseían una capacidad infinita en la transmisión de conocimientos.

– ¿Y alumnos ejemplares…?

– No quiero decir que los chicos de entonces fuéramos capaces de enterarnos de todo pero, recordándolo ahora, me percato de la cantidad de cosas que supieron transmitirnos, del interés que nos despertaron por el conocimiento, por el estudio, la inquietud por descubrir y saber.

– ¿El estudio y la distancia fueron una constante en tu vida?

– Marché a estudiar PREU a Madrid, pero ni me fui nunca de Lugo, ni dejé de estudiar a lo largo de toda mi vida. Salí con la idea de ser ingeniero de caminos, aunque recuerdo que mi verdadera preferencia estaba en la arquitectura.

– ¿Pudiste elegir?

– En aquella época, en aquel lugar y para una familia como la mía, era muy difícil saber qué era cada cosa… Me apuntaron a una academia que supuestamente era para Arquitectura pero… resultó ser de Caminos.

– ¿Te conformaste con la ingeniería…?

– Comencé Caminos, después hice Obras Públicas, y finalmente Políticas y Económicas.

– ¿Ambicioso o ‘culo de mal asiento’?

– Es que no me convenció el trabajo que se desarrollaba en las empresas de ingeniería, y eso… a pesar de que ahora soy consejero de varias de ellas. ¡Qué paradoja…!

– Por si fuera poco, volviste a saltar de ciudad…

– Tuve la suerte de que me destinasen a Barcelona. Conocí bien aquella fantástica ciudad y buena parte de sus innumerables empresas. Aprendí cómo tenían articulada su formación y cómo poseían un componente social muy importante.

– Te interesaste por lo fiscal... Bonita intuición para adelantarte a los tiempos.

– Sencillamente me percaté de la necesidad de la especialización.

– Mi interés está en lo que te empujó por ese camino…

– Me empujaba la voracidad de formación. Me he dado cuenta de que el gran problema de nuestro país es su escasa formación.

– Pero ahí no para tu inquietud…

– Me interesó mucho la sociología, la política, los movimientos sociales, y la gente que transitaba por aquellas facultades. Me seguí formando todo lo que pude.

– ¿Has triunfado?

– Si miro hacia lo que era, donde he estado y donde me encuentro… te diré, modestamente, que sí, que he triunfado. Nunca lo hubiera imaginado. Eso sí, debo reconocer que me preocupé y mantuve siempre una lícita ambición.

– Necesito una conclusión.

– Hay que saber estar en el sitio oportuno y que nunca te abandone la suerte.

– ¿La clave del triunfo es la suerte?

– Sin ninguna duda. Carecíamos de un círculo de relaciones, quizá por eso estuve especialmente atento a las gentes que me rodeaban. Esa inquietud me permitió conocer a personas muy interesantes, a estar en situaciones trascendentales...

– Tengo una duda…

– Si está en mi mano…

– Asesórame…

– ¿En qué…?

– Si cuando entrevisto a un político, lo presento como político. Si cuando lo hago con un empresario, lo describo como empresario. Si cuando escribo sobre un arquitecto, lo perfilo como arquitecto… ¿Cómo te defino a ti…?

– Me temo que esa es una duda que ambos compartiremos siempre...

– ¡Ya sé!

– Dímelo…

– Un cartesiano en la duda permanente…

– Hice de todo. Trabajé en todo...

Toda trayectoria vital se divide en tres partes: en la primera te conocen por lo que haces; en la segunda por lo que sabes y en la tercera por lo que eres…

Moure agudiza la atención y el oído. Estamos en la terraza del marbellí hotel Don Carlos. Cae el sol de septiembre en las retinas y, derritiéndose despacio al cabo de la bahía, suena al piano Duke Ellington… ¿De veras que has hecho de todo…?

– Del Ministerio de Trabajo salté a la empresa privada. Luego estuve en Caja Madrid, como consejero, dieciséis años…

– ¿Ahora es una entidad diferente?

– Sin falsa modestia, la Caja es también un poco obra mía. Son dieciséis años, entre vicepresidencias y consejerías.

– Batiste record…

– ¿Tu crees…?

– En pertenencia a consejos de administración…

– ¿Por qué?

– Eso es muy importante… significa que muchas gentes de enorme influencia valoran tus consejos...

– Menos en casa… menos en casa…

– Como es natural...

– Lo natural es que la gran valoración esté siempre en el hogar familiar.

– ¿No crees que el verdadero poder lo posee quien habla al oído de quien se sienta en la silla gestatoria?

– Nunca he utilizado ese perfil para beneficiarme. Sí es cierto que uno se siente halagado cuando una persona de cierto nivel reconoce tu consejo y lo aplica...

– ¿Ser escuchado en un consejo de administración es poner una pica en Flandes…?

– Los consejeros están para opinar. Si tu opinión va a ser siempre igual que la del sillón presidencial, mal andamos... Para eso, mejor no estar.

– Pero es muy humano lo de pegarse al poder…

– Por muy alto nivel que tengan, los seres humanos siempre cometen los mismos fallos. Por ejemplo: Observa el comportamiento de las OPAS, jamás fracasan por motivos económicos, fracasan por razones personales. En la vida siempre existe la manera adecuada de hacer las cosas…

– ¿Te supiste comportar siempre a modiño?

– No sé ir de otra manera... Estoy casado con una lucense, nuestros hijos nacieron en Galicia y gozo la suerte de ser abuelo... Así que lo de ir a modiño está en cada rincón de nuestra casa.

– ¿Cómo conseguiste que todos se sintiesen gallegos desde la distancia?

– La referencia en la vida es muy importante, pero la raíz familiar es decididamente fundamental en un lugar como Madrid con tantas fuentes de las que beber. Toda mi familia tiene clara su procedencia y admiran Galicia. Incluso vienen a veranear conmigo a Lugo o a A Coruña...

– ¿Sabes que me despiertas cierta envidia…?

– ¿Y eso…?

– Porque eres un profesional que ha conseguido ganarse la vida, y muy bien, dando consejos…

– Consejos y algunas cuantas cosas más…

– ¿Eres consciente de que nadie paga por los consejos…?

– Por los no pedidos…

– ¿Y los consejos gratuitos…?

– Están reservados exclusivamente para los hijos. Es su privilegio y también su servidumbre.

– Confiesa: ¿qué consejo le diste a tus hijos?

– Dos: Trabajo y honestidad.

Moure parece sincero. No se inmuta cuando le pregunto por aquella mujer a la que conoció paseando por la calle Mayor de Lugo, cuando apenas contaba con 17 años...

"Primero fuimos novios de toda la vida, después, matrimonio de toda la vida. El año que viene hacemos cuarenta años de vida en común…"

– ¿Tu padre?

– Fue todo para mí. Una persona muy cercana. Se sacrificó mucho... Parto de una familia más bien humilde. Mi padre fue un modesto comerciante con una tienda que se sacrificó hasta el límite de sus fuerzas para que yo estudiara.

– ¿Te acordaste de darle las gracias?

– He tenido la suerte de poder devolverle parte de lo que depositó en mí. Junto con mi mujer, ha sido la persona que me ha soportado, que ha supuesto mi sostén anímico y vital toda la vida.

– ¿Y tu madre?

– La pobre fue una mujer enfermiza. Falleció bastante joven.

– ¿En qué crees?

– En los valores.

– ¿Y dentro de los valores…?

– Soy católico. Estoy muy lejos de los planteamientos intolerantes. Pero hay quienes confunden intolerancia y valores sólidos. Estos son esenciales a la hora de tomar decisiones con trascendencia sobre las personas o las cosas y cuestiones que les afectan a su vida.

– ¿Tuviste ambiciones internacionales?

– Me faltó el inglés…

– Con Franqueira descubrí que el galleguismo es muy enriquecedor...

– Es muy importante que los gallegos nos sintamos orgullosos de nuestra condición, pero no hay que pasarse. Hay que ser comparativo, analítico...

– Analizar, comparar… Ponlo más claro.

– No debemos instalarnos en la estupidez de ‘Galicia es lo mejor’ así porque sí…

– ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

– Los gallegos somos muy firmes en lo nuestro y muy distantes de todo lo demás... No me parece bueno.

– ¿Quizá un orgullo mal entendido…?

– Debemos estar orgullosos de lo nuestro, pero estudiando fríamente lo que podemos mejorar. Galicia debe conservar sus esencias, pero debe ser consciente de que necesita de los demás.

– ¿Qué es la libertad?

– Un aspecto esencial en las personas y en la sociedad que permite desarrollar el poder y el contrapoder.

– ¿El poder?

– Algo que sin contrapoder se corrompe.

– ¿La rentabilidad?

– La obtención de un retorno en función de cualquier decisión que tú tomes.

– ¿La solidaridad?

– Preocuparte por los demás en las parcelas en que tienes capacidad para ayudar.

– ¿El amor?

– Algo estupendo. Hace a las personas felices. Hay que saber activarlo: cediendo y concediendo…

– ¿Serías capaz de ponerme estos conceptos por orden de prioridad en tu vida?

– El amor, el primero de todos. Pero no sólo a la pareja, sino a tu territorio, a las personas... El segundo, la libertad solidaria. El último: la rentabilidad aunque, tengo muy claro que la rentabilidad sólo se activa si se cumplen los otros valores.

– ¿Crees que te resultará rentable el tiempo que me has concedido de tu descanso anual para esta entrevista…?

– Como te estaba diciendo, amigo Beotas, todo es retroalimentación…

Cuenta la leyenda que Breogán construyó en Brigantia una torre tan alta que podía ver el verde valle de Irlanda desde lo más alto de ella. Sus hijos, intrigados, viajaron hasta la costa celta y allí uno de ellos murió asesinado. Años más tarde, los descendientes del rey gallego viajaron en sus barcos hacia el mar del Norte y conquistaron la isla. La historia data del siglo XI y está recogida en el libro de las conquistas. Narra las aventuras y desventuras de la isla de Guinness y de las arpas. Esta historia recoge tres cualidades muy características: curiosidad, valentía y amor por la familia, las tradiciones y el territorio. ¿Entienden ahora por qué Francisco Moure pasa sus días añorando Lugo…?

MUY PERSONAL

Escuchar música.

En el coche, Amaral; en la vida, Mozart.

Leer.

Novela histórica.

Ver cine.

‘El jardinero fiel’.

Para vivir…

Madrid, Galicia, Marbella, Mallorca... depende…

El arrepentimiento.

No saber más inglés y de Internet.

La alegría.

Mis nietos.