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Hawking: "Guardaré Santiago como mi recuerdo más preciado"

El científico británico cierra toda una semana de actos en la ciudad recogiendo el Premio Fonseca de divulgación científica // El Palacio de Congresos se abarrotó para oír una conferencia con mensaje optimista, basado en la experiencia propia: hay salida de los agujeros negros

I. CASAL • SANTIAGO   | 28.09.2008 
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Expectación. El auditorio del Palacio de Congresos (con unas 1.700 plazas) se quedó pequeño para la entrega del premio, una estatuilla con el rostro de Fonseca obra del escultor Ramón Conde

Niños y mayores, amantes de la ciencia y legos en la materia, haciendo cola horas antes, como si se tratase de conseguir entrada para ver una estrella de rock. Unos y otros, 1.700 sentados en las butacas y unos 400 siguiendo el acto a través de una pantalla gigante en el vestíbulo, abarrotaron ayer el Palacio de Congresos de Santiago para ver y escuchar, a través de su sintetizador de voz, a la que es sin duda la figura de la ciencia actual con más proyección pública. Stephen Hawking recibió por la tarde el I Premio Fonseca, creado por el programa de divulgación científica Conciencia, que ha visto convertido en realidad, y superado "practicamente ata o infinito" -dijo el alcalde Xosé Sánchez Bugallo-, el sueño de contar con una personalidad de tanto nivel científico y atractivo para el gran público, con el propósito, precisamente, de atraer más atención de la sociedad por la ciencia.

El titular de la cátedra Lucasiana de la Universidad de Cambridge (la misma que ocupó Newton) ha ido mucho más allá de hacer un pequeño hueco en su selecta agenda de salidas al extranjero (la visita inicialmente prevista era de 48 horas) y se ha volcado toda una semana con niños, adolescentes, universitarios y demás público, a través de una serie de actos en los que compostelanos y visitantes lo correspondieron en su justa medida. Y es que, enfatizó el rector Senén Barro, Hawking no vino simplemente para ser visto, sino para "ser e estar". A cambio se lleva, dijo el científico, un recuerdo inolvidable de Santiago.

"Me divertí mucho compartiendo tiempo con colegas y estudiantes, haciendo el Camino, y es un honor ser galardonado por la universidad y la ciudad. Guardaré Santiago de Compostela como mi recuerdo más preciado", dijo Hawking, que añadió un "¡muchas gracias!" registrado en su ordenador para la ocasión.

Aún a tiempo para el Nobel

El físico británico repasó con enorme sencillez y amenidad en su conferencia, Saliendo de un agujero negro, la historia de este tipo de regiones del espacio-tiempo, sobre las que ha hecho algunas de las aportaciones más importantes de la historia.

A pesar de la economía del lenguaje que emplea (se desplaza por el menú de su ordenador con ligeros movimientos de la mejilla captados por infrarrojos), Hawking hizo gala de su buen humor, arrancando la risa del público en varias ocasiones, como cuando recordó las reticencias de los franceses a aceptar en un principio el término agujero negro, porque pensaban en un "significado más picaresco", o al referirse la posibilidad de que se encuentren miniagujeros negros.

"Si hubiese éxito [en la búsqueda], ganaría el Nobel", expresó Hawking, al que aún le queda la posibilidad de conseguirlo si se observase alguno -añadió- en el recién estrenado gran acelerador de partículas de Ginebra.

Su mensaje final ofreció, sin embargo, lecturas más centradas en la esencia de la experiencia vital de cada uno, de la suya propia, marcada por el diagnóstico, con poco más de 20 años, de una esclerosis lateral amiotrófica que hoy solo le permite mover una parte de su rostro.

"No hay prisiones eternas"

Primero se hundió en una depresión, pero salió de ella reforzado, hasta convertirse en todo un símbolo de la lucha por vivir. "Los agujeros negros no son tan negros ni prisiones eternas. Si piensa que está dentro de uno, no se dé por vencido. Hay salidas. Gracias por escucharme", concluyó Stephen Hawking ante un público entregado.

EL APUNTE A PIE DE SAN XEROME

"Tolea con el dende os cinco anos"

Alejandra se encoge, pero no abandona su posición privilegiada ante San Xerome. Aunque hace algo de frío a la sombra que proyecta la fachada del noble edificio, la pequeña, de 6 años, sabe que la espera vale la pena. "O ano pasado traballaron sobre o espazo no colexio e dende entón tolea con Hawking", explica su padre.

Alejandra conoció al célebre físico en la misma clase de Infantil en la que le hablaron de Galileo y supo "que los planetas se mueven alrededor del sol", dice con seguridad ella misma, capaz de convencer al más pesimista de que algo ya está cambiando en la educación científica. La historia de Hawking le gustó tanto que la hora de retraso en su llegada a la entrega de la insignia de oro de la USC, ayer al mediodía, se la perdona por completo.

Su inocente "tiene que llegar prontito, porque ya tengo hambre" es el máximo reproche que se oye y ha oído entre pequeños y mayores que han participado en los actos que ha brindado Hawking a compostelanos y visitantes. El estado de salud del científico y la logística necesaria para su comunicación y sus desplazamientos ha provocado retrasos en varias de las citas, pero la reacción del público cuando aparece es siempre la misma, una sentida ovación. Porque además de ser un genio de la física y de la difícil tarea de hacerla accesible y atractiva a millones de personas, Hawking es también un ejemplo de la llucha por la vida. Uno y otro valor, unido a su gran cercanía al público, han calado esta semana en los compostelanos. Y probablemente, como dijo ayer el rector Senén Barro, para el resto de la historia de la ciudad, que lo ha convertido en uno de los suyos .

El apunte

Tres años de éxitos en aumento

El programa Conciencia nació hace tres años fruto de la colaboración de la USC y el Consorcio de Santiago. En este tiempo, ha traído a la ciudad a varios premios Nobel, un medalla Field y un premio Abel (de matemáticas), siempre con notables éxitos de público. Su nuevo premio consolida aún más la iniciativa, que dirige el profesor Jorge Mira. Para traer a Hawking, Mira ha contado con el apoyo de otro colega de la USC, José Edelstein .