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Entrenador de fútbol

Arsenio Iglesias: “Nunca se acaba de ser profeta del todo en la tierra propia”

"Trabajé muchísimo. Iba de un lado para otro, compitiendo, siempre en boca de todo el mundo... Acabas cansado”

POR ENRIQUE BEOTAS  | 14.11.2008 
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Luis Sinde
Arsenio Iglesias vive hoy un retiro feliz y sencillo en la localidad coruñesa de Arteixo
FOTO: Luis Sinde

Primer sábado de octubre del 92. El Real Madrid de Sanchís, Míchel y Butragueño se medía con el Deportivo de A Coruña, que, para asombro de todos, era líder en la Liga. Aquel Dépor, prácticamente el mismo que un año antes se jugaba la permanencia en un partido heroico contra el Betis, libraba el minuto 25, perdiendo por dos goles a cero. El presagio parecía fatal: una vez más, el grande iba a ganar… el liderato gallego podría quedarse en mera anécdota… Sin embargo, cuando el árbitro pitó el final, el marcador era inapelable: los de Riazor habían ganado por 3 goles a 2. David tumbó a
Goliath. Esa tarde había nacido el SuperDépor. El milagro venía de la mano del de Arteixo, él fue el verdadero responsable de construir el prodigio, de convertir un modesto equipo esforzado en escuadra imbatible.

Arsenio Iglesias tiene el mundo en sus ojos, Galicia en su alma y A Coruña en su cotidiana y sencilla vida. He quedado con el Brujo. Nuestra anfitriona es Maruja Barallobre, la de la casa en María Pita. Ah… ¡María!, esa mujer fuerte que llora siempre, desde lo profundo de su ser, cada vez que la vida le niega su merecida recompensa. Maruja es la que guarda el mejor secreto de la tortilla de Betanzos y dispensa el privilegio de la hospitalidad. Ha venido hoy a recibir al más grande de los pequeños. Al mejor entrenador de entre los de todos los tamaños: Arsenio, el hombre de regate corto y precisión en el verbo... El que no derrocha adjetivos, ni regala adverbios, ni dispensa pronombres… el que no abusa…

Supo batir, siendo jugador, a Ramallets. Lo hizo por la base de su paralelepípedo. Más tarde, ya como entrenador, inventó la quintaesencia de la triangulación sin apearse de la humildad plena.

"Siempre fui reacio a conceder entrevistas. Creo que tengo poco o nada que decir… Hace tanto que abandoné el fútbol…"

– Pero te lo trabajaste bien…

– Más que bien, yo diría que muchísimo…

– No consigo imaginar hasta dónde llega lo de "muchísimo".

– Iba de un lado para otro, compitiendo, siempre en boca de todo el mundo… para bien o para mal… Al final eso te afecta… acabas cansado.

– ¿La vida también cansa…?

– La vida fuera del campo es de mucha exigencia, te intenta dar por todos lados. Nunca se es profeta del todo en la tierra propia…

– No me engañes, has tenido glorias irrepetibles…

– La verdad es que he tenido de todo... Pero eso incluye también momentos difíciles, de muchas críticas.

– ¿Te quiso la gente?

– Hubo quien me defendía, pero lo cierto es que anduve mucho por ahí, con diferente suerte: unas cosas salían bien y otras mal…

– ¿A estas alturas te quejas…?

– En general no me ha ido mal…

– Difícilmente te veíamos sonreír…

– Cuando ganas, te están esperando a la vuelta de la esquina. Recuerdo una ocasión en que ganamos un partido de esos que todo el mundo, incluso yo mismo, teníamos claro que se iba a perder. Alguien tituló después: "Arsenio entró como una sombra y salió como una sombra"

– ¿Era cautela?

– Si estás acostumbrado a perder, como yo, que he perdido muchos partidos y empatado algunos, andas clavado y sabes que, cuando ganas, tampoco puedes saltar demasiado.

Lo veo mirar de frente, apenas sin ser visto. Su pupila se me clava hasta la retina... Y es que el de Arteixo demostró a las huestes de Hércules que sabía ahuyentar del marcador a las impertinentes meigas. Armado con sus calcetines rojos en cada entrenamiento, hizo que el fútbol, como la propia vida, se moviese a modiño.

"El entrenador se encuentra siempre solo. El jugador se anima con la conversación, con sus amigos… Incluso, cuando pierde el equipo, basta con que un pase le haya salido bien para encontrar motivos... Pero el entrenador ha de responder por todo… Se le juzga por todo"

– Fastidioso asunto ese de examinarse de la vida cada domingo…
– No es buen alimento. Si tienes tiempo para perfeccionar un equipo que haga lo que quieres y no sale eso… sólo puedes decirte a ti mismo: "¡Carallo, está todo al revés…!"

– ¿Lo intentaste siempre?

– Esa es la madre del cordero: conseguir que el equipo tenga siempre sentido del juego y que lo haga con el menor esfuerzo. Pero para que todo pueda llegar a buen puerto es imprescindible implicar a todo el mundo.

– ¿Fuiste más futbolista o más entrenador?

– Cuando jugaba fútbol me gustaba mucho. Después me atrapó ser entrenador…

Arsenio Iglesias: sabio, introvertido, hombre de justas palabras, coronado con el laurel del deporte rey. Supo movilizar a la soberanía popular llenando cada semana las gradas de pasión y esperanza. No cabe duda, a este hombre le cabe el "Estadio" en la cabeza…

"Todo aquello lo veo como una cosa lejana. Ser tan pesado, repetir todo una y otra vez... Ahora se me hace extraño lo de ser entrenador... Le dediqué todo, llegue hasta la preocupación permanente…"

– ¿Fuiste brujo?

– Es que soy tan callado... La gente llama brujo a quien hace las cosas y no las cuenta. Yo siempre tuve muy claro el convencimiento de que hay que hacer todo, ser consecuente, que nada se abandone. Esa es la única brujería…

– ¿Lo aprendiste en la aldea?

– Vine para A Coruña en el año 50, en ese tiempo no había coches prácticamente y… fíjate ahora. De hecho, si por entonces hablabas gallego eras un cabrito… Ahora van y te obligan a hacerlo... ¡Coño, me desconciertan! En fin, vivir todo esto me hace ser como soy. Se aprende en la aldea y en la ciudad, en casa y viajando. Se aprende cada día, cada segundo, se aprende de la vida.

– ¿Le pediste perdón a Ramallets…?

– ¿Y eso…?

– Por si te lo enseñó la vida…

– Te lo voy a contar, hombre… Resulta que tras jugar ese partido contra el Barcelona, me preguntaron de una radio si era cierto que había pedido perdón a Ramallets por el gol. Debieron de pensarlo por mi cara de asustado, no sé… El caso es que le contesté: "Mire, yo soy aldeano, pero no soy tonto…"

– Así que sabiduría aldeana a raudales…

– Siempre digo que los que vienen de arriba tienen muchas ventajas, pues empiezan ya con bagaje y sapiencia. Pero no es menos cierto que, cuando se encuentran con dificultades, les afecta mucho más. Los entrenadores que tuvimos que empezar con muy poca cosa buscamos un rendimiento que da mucho valor.

– ¿De dónde sale el SuperDépor…?

– Fue un momento en el había una gran ilusión, fue un despertar maravilloso. Quizá no disponíamos de mucho y eso agudiza siempre la mente. La clave estaba en saber lo que tenías y lo que podías traer. Creo que ese fue el gran acierto del club en ese momento. Con poco se hizo mucho.

– ¿Y la suerte…?

– También juega su parte…

– Hiciste equipo… lo más complicado.

– Las gentes que se incorporaron nunca pusieron su voz por encima de lo que había ya. Fue bonito, sí. Una vez me llegó una carta de la China para que enviara no sé qué… El chino debía de haber escrito mi nombre con la mano izquierda o algo así, porque no se entendía. Pero el del equipo sí que lo escribió perfecto. Eso es significativo.

– ¿Soñaste con hacerte rico…?

– Antes jugabas al fútbol porque te gustaba. También porque no había nada más que la pelota y yo me volvía loco por tenerla, por verla... Lo demás ya vino por sí solo…

– ¿Qué condiciones esenciales debe cumplir un buen futbolista?

– Tener una buena técnica y un buen manejo del medio. Lo que ocurre es que esas dos condiciones no son suficientes. Hay quien las tiene y luego es un atorrante en cuanto a sacrificio y orden. Sin embargo, hay buenos futbolistas que, aunque tienen un mal dominio del medio, lo suplen con esfuerzo y orden.

– ¿El número uno…?

– El que mejor cumplía los requisitos fue Di Stéfano, que ha tenido esa calidad tan grande y ese sentido del juego tan ejemplar.

– ¿Para ser un buen entrenador?

– Ante todo, que le guste mucho su profesión… Los lunes no son agradables. También es muy importante tener sentido del grupo y de la disciplina.

– ¿Y para ser un presidente inolvidable?

– Estar muy atento a todo, pero sin meterse en el trasiego de compra y venta. Eso ya lo hacen los traficantes... A mí no me pilló ese tiempo… Ahora no puedes ir al jugador directamente.

– ¿Los has llamado traficantes…?

– ¿Y cómo los llamas tú…?

– Yo no los llamo nunca…

– Es que yo tampoco, ya te dije que no me pilló ese tiempo…

– ¿Te gustó la política?

– Nunca me interesó.

– ¿Permaneciste siempre al margen?

– Siempre.

– Me da que ya no te los crees…

– Incluso aun siendo más joven. Alguien en el pueblo quiso convencerme, pero nunca quise saber nada de eso.

– ¿Crees en la familia?

– Claro que sí. Con mis hijos he sido severo, y eso que no les vi mucho. Cuando estaban en edades determinantes, me fui a Alicante… Allí estuve solo, en hoteles, durante cuatro años... Esa etapa fue durísima en lo personal aunque, en cuanto a lo profesional, fue buenísima. Siempre añoré volver a casa…

– ¿Volviste…?

– Cuando pude regresar… ¡me tuve que ir a Burgos!

– ¿Qué les cuentas a tus nietos?

– Mil historias, lo que pasa es que no me escuchan… No, no me hacen mucho caso.

– ¿También severo?

– Hacen conmigo lo que quieren.

– ¿Si te sale uno futbolista…?

– Quiero que estudien y se formen. Los niños se ilusionan al ver a Ronaldinho… Cuando doy charlas en algún colegio, siempre sostengo que no es una vida fácil. En cambio, si el niño estudia y es formal, puede encontrar un buen trabajo. Es la teoría que seguí con mis hijos...

– ¿Hiciste un buen equipo familiar?

– Creo que de eso tampoco me puedo quejar.

– ¿Es mas fácil meter en cintura a los equipos de primera que a los hijos?

– Su madre peleó mucho por ellos en esos años tan cruciales de nuestra vida. Yo me escapaba cuando podía, pero ella, que era maestra, con su forma de ser, con ese buen talante que tiene, se preocupó de educarlos y llevarlos por el buen camino.

– Así que con la familia también fuiste un campeón…

– Bueno, así ha transcurrido nuestra vida… Sin mucho sobresalto, con bastante buena salud y con algunos excelentes amigos...

– ¿Los cuidas…?

– A mí me conoce mucha gente. A veces los saludo y pienso: "¡Mañana igual me lo cruzo, no lo veo y no lo saludo y… ¡qué va a pensar...!"

– ¿Te ligaste a tu mujer?

– Nunca sabes ni cómo ni quién. Supongo que si ella hubiese tenido un poco de sentido no me hubiese querido. Tenía más campo abierto que yo, que lo tenía muy reducido por esto del fútbol.

– Nunca cambiaste…

– Ya hice las bodas de oro con ella. Estoy feliz y tranquilo.

– Arsenio, que no cambiarás nunca…

– Hasta de coche cambié poco. Mira, siempre digo que antes buscábamos una mujer que guisara bien… Ahora buscamos modelos, buscamos la perfección… Todo es según vaya la feria...

– ¿Has sabido perdonar?

– Siempre y al momento. Hay cosas de gravedad pero casi nunca tuve problemas en hablarlas.

– ¿Siempre de frente…?

– Es que no se puede guardar el rencor. Cuando la gente te habla, tampoco puedes dejar de escucharla, porque seguro que tiene sus argumentos. Alguna vez he tenido algún problema gordo, pero ha sido excepción.

– Lo que no perdonas

– El engaño…

– ¿Te dio el fútbol alegrías…?

– He tenido muchos disgustos: perder una Liga o una permanencia... Pero también he tenido alegrías: ganar un ascenso o una Copa del Rey...

Me detengo un momento. Confieso que me cuesta la pregunta… Por mi cabeza pasa ese maldito penalti contra el Valencia…

"Fue un buen disgusto. Pero no me cogió de sorpresa. Sabía que podía pasar. A final de temporada, el equipo estaba un poco angustiado y no teníamos reservas. Nos costaba mucho ganar los últimos partidos..."

– ¿Y…?

– Pues que pasó, y ya está…

– ¿Mereció la pena?

– Claro que sí. Miras hacia atrás y ves que todo ha cicatrizado... Mucho tiempo después vi esas imágenes en una televisión de Barcelona y me quedé jodido... Te confieso que se me cayó alguna lágrima...

– ¿Cuando seas mayor…?

– ¡Ya no puedo ser más mayor!

– ¡No, hombre...! Te pregunto por lo que quieres ser…

– Me gustaría tener salud y poder ayudar a la familia... Y que no haya tanto problema en el país…

– ¿Qué haces ahora?

– Nada más levantarme me voy a hacer ejercicio, luego suelo leer un poco… También escucho bastante la radio porque me cuesta dormir…

– ¿Sigues yendo al campo de fútbol?

– No demasiado.

– ¿Lo ves por la televisión?

– Si no tengo que hacer otra cosa… El domingo por la mañana fui a ver un equipo de aquí, el Montañeros. El presidente es un amigo mío y lo entrena el hermano de Fran, José Ramón, que jugó conmigo. También estoy con la selección gallega, junto a Fernando Vázquez. Así es como vamos pasando el tiempo...

– ¿Ves de otra manera el fútbol?

– Sin duda.

– ¿Deporte o espectáculo?

– Primero el espectáculo. Tienes que buscarlo a través de un juego competitivo, que es algo que también se disfruta.

– ¿Para lograrlo…?

– Hay que dejarse de mariconadas... Hay jugadores que hacen cosas innecesarias...

– Arsenio…

– Dime…

– ¿De qué equipo eres…?

– Del Deportivo.

– ¿Siempre y para siempre…?

– Siempre y por siempre, lo he sido toda la vida. Es que no sé ser de otro.

– ¿Te sabes todo lo del fútbol?

– Ni un carallo, Beotas, nada de nada...

El hombre sabio ha sentenciado. Se levanta pausado y dedica una buena carcajada. Se lleva el secreto porque el brujo nunca lo cuenta...

"El secreto es no tener secreto… pero no olvides lo que te dije del esfuerzo y de hacer todo…"

El chico que jugaba al fútbol en la aldea, aquel que conquistó a la maestra, el hombre que se dejó la piel entrenando equipos por esos mares de Dios, el que llevó hasta la gloria a su equipo de siempre… camina hacia la salida de La Penela con ese andar digno, entre fatalista e irónico. Una especie de mueca en su cara me hace sospechar de que ya sabe que casi todo es truco, un truco del que sólo él conoce el secreto. Posiblemente ya no nos acordamos de qué equipo ganó la Liga hace diez años… Pero siempre recordaremos al entrenador de pelo blanco que llenó las gradas de nuestro corazón de emoción. Quizá ese sea el truco de este buen paisano de aldea: hacernos creer que él pasaba por allí y no sabía nada...

Arsenio, Brujo, hombre de aldea… Que Dios te bendiga aunque sólo sea porque, en el fondo, también Él debe conocer el secreto.

MUY PERSONAL

-Trío de Ases…
Di Stéfano, Luis Suárez y Maradona.
-El mejor entrenador…
Helenio Herrera.
-Un buen presidente.
Rico Pérez. Un hombre discreto, que delegaba y escuchaba.
-¿La música?
Me gustan Machín, Pavarotti, Frank Sinatra, que es increíble...
-¿La que no te gusta?
Esa música farfullera.
-¿Las aficiones?
Caminar, entrenar, cuidar a los nietos...
-Lo que no puede faltar.
No sé qué sería de la sociedad sin los abuelos.