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senador y ex presidente de la Xunta

Manuel Fraga: “Hay más incendios donde hay gobiernos divididos”

Manuel Fraga (Vilalba, 1922) recibe a EL CORREO en su casa de Perbes (Miño) en vaqueros y con polo marinero.

POR NATALIA RODRÍGUEZ  | 09.08.2006 
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El senador y ex presidente de la Xunta, Manuel Fraga, trabaja ahora en la reforma de la Cámara Alta
FOTO: Gallego

Se le nota relajado, y más afable que cuando de sus órdenes dependía el Gobierno de la Galicia que ahora dice echar de menos en un Madrid con demasiado tráfico y al que le cuesta acostumbrarse. Fraga, que no ha perdido, sin embargo, el ímpetu para hacer notar las preguntas que le resultan incómodas, no se cansa. Aunque ahora tiene más tiempo para la lectura, y también para la familia, sigue entregado a lo que insistentemente él llama "servicio público". Su empeño ahora es trabajar en la reforma del Senado, para que de verdad sea, como manda la Constitución, una verdadera cámara de representación territorial. Fraga cuenta en esta entrevista cómo es su nueva vida, alejado tras dieciséis años en el poder de los pasillos de San Caetano. También habla de cómo ve ahora, desde su escaño en el Senado, la Galicia que gobiernan otros que no son los suyos. Le preocupan, mucho, los incendios que asuelan Galicia, que atribuye, en parte, a la "calamitosa" política de un ejecutivo al que reprocha, sobre todo, su división. Y al que recomienda aprender "de lo que nosotros hemos hecho".

- Dígame, Don Manuel, ¿cómo es su nueva vida lejos de San Caetano?

- Mi vida es la misma, aunque ahora estoy en el Senado, justo en el momento en que el Gobierno ha vuelto a proponer oficialmente la reforma de la Cámara Alta, un tema en el que yo siempre he trabajado y al que, de verdad, me gustaría contribuir. Ahora, sobre todo, trabajo en eso, y sigo recibiendo muchas visitas. Quiero que el Senado, como dice la Constitución, sea cámara de representación territorial.

- Pero, ¿echa de menos su vida anterior, su despacho en la Xunta?

- Pues sí, ¿por qué voy a decir lo contrario? Los dieciséis años en el Gobierno gallego han sido una de las etapas más fecundas de mi vida. Ahora echo mucho de menos Galicia, sus aires, las carballeiras, y muchas otras cosas. Soy un gallego muy gallego y muy español. Pero, sobre todo, Madrid se ha vuelto una ciudad muy incómoda y tiene un tráfico tremendo. A eso me estoy acostumbrando. Yo ya llevo más de cincuenta años de servicio público para los españoles, que los han disfrutado y los han padecido. Y hay cosas que se pueden hacer desde un cargo público que dan mucha satisfacción, como las carreteras, los paradores de turismo...

- Sigue usted trabajando mucho, pero me imagino que ya no tendrá esa agenda de infarto...

- De infarto no es, pero sigo teniendo bastante trabajo. Por la mañana recibo en el Senado y por la tarde, en casa.

- ¿Todavía no sabe, entonces, qué es un momento de aburrimiento?

- No, no... Tengo, es verdad, menos trabajo que antes y menos variado, pero no tenga usted duda de que sigo teniendo mucho que hacer. Antes me faltó tiempo para la lectura, que ahora estoy compensando.

- ¿Qué está leyendo?

- Estoy releyendo Mito y realidad. Testimonios de un pueblo, escrito por Juan Clarx, el mejor libro que se ha escrito de Cuba.

- Además de la lectura, ¿hay algo de lo que ya ha podido disfrutar y que antes su ocupación no se lo permitía?

-Sigue sin sobrarme el tiempo, aunque ahora sí que disfruto más de la familia. Algunos días hay que ocuparse de ellos un poco y orientar a los nietos. El primero de ellos ya ha pasado este año a la universidad. Pero el servicio público sigue siendo lo esencial para mí.

- He leído que no lleva muy bien usted vivir en un piso pequeño...

- Al contrario, nunca he estado tan cómodo como ahora.

- Porque, ¿qué es para Manuel Fraga un piso pequeño?

- Pues, en este caso, el que me deja una de mis hijas y que está junto al de otra de mis hijas que es médico, que es la que me atiende si surge una preocupación relacionada con la salud, aunque por ahora no tengo muchas.

- ¿Se ha acostumbrado a llevar dinero en el bolsillo?

- Yo siempre he llevado un poco de dinero en el bolsillo. Lo que ocurre es que tengo poco.

- ¿Siente que los gallegos lo echan de menos?

- Sí tengo la impresión de que algo se acuerdan de don Manoliño. Los gallegos saben que he trabajado por ellos. Por cierto, hoy (el lunes) me he entrevistado con el alcalde de Miño, que la actual Xunta ni recibe. Eso, naturalmente, no pasaba cuando yo era presidente. Pero ahora... ya ve usted lo que está pasando en Vigo. Hay un manejo del poder público con fines partidarios que yo no consentí nunca.

- ¿Conoce ahora mejor los efectos de la erótica del poder? ¿Se ha dado cuenta de quiénes son
sus amigos?

-Hay los amigos de Manuel Fraga, que duran, y los amigos del presidente, que duran lo que dura el presidente. Pero eso yo ya lo sabía, porque lo he vivido varias veces. También he sido ministro, y entonces también había los amigos de Fraga y los del ministro.

- ¿Cómo ve ahora a Galicia, desde Madrid y con otro gobierno?

- Pues ardiendo por todos los lados, y gobernada por los mismos que antes no disculpaban que eso pasara... Ahora que ha habido tres muertos y que son incapaces de apagar los fuegos, porque son una calamidad, ahora sí dicen que son criminales... Desde luego, saben que no son del Partido Popular.

- ¿Hay motivos políticos detrás de los incendios?

- Los hubo. Ahora lo que hay es una calamidad de los que tienen a su cargo la extinción y la prevención. Hemos vuelto al tripartito, aunque ahora sea bipartito. La gestión es desastrosa. En todo nuestro tiempo no hubo un sólo muerto ni hubo este volumen de hectáreas arrasadas.

- Su consejo a Suárez Canal es...

- Que aprenda de lo que hicimos nosotros antes.

- Había gente que pensaba que Galicia no iba a avanzar, ni siquiera a andar, sin Manuel Fraga.

- Hay mucha gente que lo sigue pensando aún ahora, pero, en todo caso, ésa no es una cuestión personal, sino de sentido común. Un gobierno dividido no es nunca un gobierno que funcione. Fíjese que donde hay más incendios es donde hay gobiernos divididos o deshechos... como Galicia y Cataluña.

- También había quien pensaba que el PPdeG se iba a hacer añicos.

- Hemos hecho un congreso ejemplar, el mejor congreso de sucesión que se ha hecho en España en todos los tiempos. Los que pensaban así hubieran querido ver al PP en añicos, pero no han podido. A la vista está.

- ¿Sigue usted analizando al dedillo y subrayando cada mañana los periódicos?

- Sí, y a veces remito los recortes a quien creo que le puedan interesar

- ¿Alguno de ellos lo ha dirigido a Feijóo?

- No, con Feijóo voy a almorzar dentro de unos días y para él tengo una carpeta llena de papeles.

- ¿Qué le recomendaría?

- Eso se lo diré a él, pero lo está haciendo bien

- ¿Y a Touriño?

- Que haga lo posible por unir este Gobierno.

- Para usted era previsible...

- Sin duda. Y no hay que olvidar que los más votados fuimos nosotros. En Inglaterra hubiésemos gobernado sin duda ninguna, pero por el sistema proporcional se han unido dos fuerzas en contra nuestra. Ya se sabía que eso no podía funcionar. Y así está siendo.

- Habría entonces, en su opinión, que cambiar la ley.

-Yo siempre fui partidario del sistema mayoritario en las elecciones. En Galicia debería estar gobernando el PP.

- Touriño, Quintana y Feijóo capitanean la reforma del Estatuto, ¿le hubiese a usted gustado llevar las riendas de ese asunto?

-Yo sé muy bien dónde estoy ahora a mi edad y procuro ayudar en lo que pueda a Núñez Feijóo.

- Pero, ¿le hubiese gustado...?

- No me pida que añada lo que no quiero yo añadir.

- El Bloque dice que Galicia perderá estatus si Galicia no se identifica como nación.

- Eso es una estupidez. Eso es como la señora gorda que va a un desfile de modelos delgaditas y se empeña en un vestido, y alguien le advierte que no tiene el tipo adecuado, que el vestido no le vale. Una medida que puede ser buena para Cataluña puede ser muy mala para nosotros. Pero, sobre todo, presumir de la palabra nación en la región que mejor entiende ese problema... Los informes del CIS confirman que el gallego se siente tan gallego como español y tan español como gallego. Galicia no se siente nación, se siente como una de las mejores y más fieles regiones de España. Por algo tenemos el mismo patrón.

- ¿De verdad cree usted que en España hay riesgo de desmembración, como dicen algunos dirigentes del PP?

- Y como dicen algunos comentaristas extranjeros, que creen que España puede ser el primer caso de la Europa occidental de deconstrucción del Estado. Lucharé hasta el final de mis días. Yo fui un niño en la Guerra Civil, que algunos quieren revivir ahora. Esa situación no debe volver a pasar. A eso he dedicado mi vida y a eso creo que he contribuido seriamente.

- ¿Se refiere a la ley de la memoria histórica?

- La política que está llevando a cabo el actual Gobierno de España y la disparatada ley de la memoria histórica son una traición al país, una bellaquería y una estupidez.

- Usted cree que es mejor no remover la memoria...

- Los ingleses saben aprender de la memoria histórica, pero no convirtiéndola en un instrumento para dar la vuelta a la tortilla. Cronwell se levantó contra el Rey en nombre del Parlamento, hizo que le cortaran la cabeza al Rey y después disolvió con sus militares el Parlamento. Pero ni los monárquicos ni los partidarios del sistema parlamentario han pedido que se retire su estatua, la conservan como memoria de lo que no hay que hacer, exagerar las cosas, ni en una dirección ni en otra.

- ¿Se está, entonces, exagerando?

- Se están estropeando las cosas, en lo que ellos pueden. Hay que preguntarle al señor Blanquiño para explicar más.

- Tampoco le gusta que el Gobierno haya puesto en marcha un proceso de diálogo con ETA.

- Es un puro disparate. A los criminales hay que tratarlos como lo que son, no se puede negociar con ellos.

- Cambiemos de tercio. Supongo que estos días se habrá acordado mucho de Cuba.

- Es cierto, tengo encima de mi cama una foto de la casita en la que vivíamos mis padres y yo en Cuba, y donde nacieron dos de mis hermanos. Yo a Cuba la quiero casi como a Galicia, es mi segunda patria, y le deseo lo mejor, que salga de esta situación, para lo que no hay más que un camino: que en Washington, Miami y La Habana impere el sentido común, cosa que tiene sus dificultades, pero que no es imposible.

- ¿Cómo se imagina, entonces, la Cuba del futuro?

- Como un desastre si no se produce ese acuerdo, que puede ser muy fecundo, porque Cuba es un jardín de flores, con potencialidades turísticas extraordinarias y de otro tipo, y con gente muy inteligente.

- ¿Cómo está su salud?

- De salud estoy bien, gracias a Dios, aunque tengo ya 83 años y eso siempre se nota. No me puedo quejar, pero ya sabe eso de que el hombre es un bicho que anda primero a cuatro patas, luego se pone a dos y termina con tres.