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ANÁLISIS POLÍTICO

La defensa de la naturaleza tiene sus claves

LUIS POUSA   | 17.09.2006 
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Desde hace ya un tiempo se observa que, en los espacios publicitarios de los medios de comunicación españoles, ganan presencia los anuncios con la naturaleza como escaparate para ofrecer el producto o el servicio más insospechado. Así ocurre que un enorme y solitario árbol puede conllevar los planes de pensiones de una compañía internacional de seguros o las atractivas remuneraciones a los depósitos a plazo fijo que ofrece un banco on-line. Hay muchos otros ejemplos, pero el árbol es, ya digo, uno de los iconos de la publicidad actual, aunque en realidad cuenta con un amplísimo historial que avala su uso con tal fin.

Una de las últimas versiones con el árbol como protagonista del mensaje publicitario es un anuncio de una marca de automóviles. En el cartel aparece un algarrobo, cuyas raíces terminan siendo los dedos de una mano, ubicado en lo que suele ser su medio natural, roquedales y zonas abruptas de monte bajo. En medio de sus hojas y frutos surge una leyenda: "Objetivo: cero emisiones".

 

En su edición del pasado día 12, el diario francés Le Monde incluía dos anuncios, en los que la naturaleza actúa de foco de atracción, ambos correspondientes a multinacionales del sector energético. Uno combina las instalaciones de una refinería con un campo plagado de flores de colza, para presentar a la primera sociedad petrolera en producir y comercializar biocarburantes. El otro, a toda página, está compuesto por dos masas gráficas: en la de abajo destaca la presencia de dos hombres limpiando la maleza de un pinar; en el de arriba, dos mujeres ascienden por un sendero de montaña, cuyo trazado discurre entre hierbas. En el texto, la multinacional gasística destaca que sus delegaciones regionales trabajan en la rehabilitación de senderos "anónimos" a fin de revalorizar los paisajes y los pueblos y aldeas desconocidos.

Lo hasta aquí relatado da una idea bastante clara de que el ciudadano de las sociedades desarrolladas empieza a dar muestras de estar seriamente preocupado por las emisiones de CO2 y el deterioro que sufre el medio ambiente y el paisaje.

En ese sentido, tanto la publicidad aludida como quienes son sus patrocinadores constituyen un barómetro bastante fiable.

Estas referencias puntuales de hacia dónde encaminan sus pasos los países avanzados chocan con la actitud depredadora que, en muchas cuestiones relacionadas con el medio ambiente y el aprecio por la naturaleza, se advierte todavía en una parte de la sociedad gallega y en unos dirigentes políticos que, en vez de asumir el coste y el riesgo de contradecirla, aceptan sus roles y hasta sus actitudes regresivas.

 

Por desgracia, el indignante retrato sociológico del perro maltratado de Aguiño tiene su correlato en otras cuestiones, como la de los parroquianos que en alguna tasca perdida de la provincia de Pontevedra contemplaban, bebiéndose unas cervezas, pues el asunto "no va con nosotros", el avance de las llamas y la lucha titánica que sus vecinos y los miembros de la brigada desplazada hasta allí estaban librando para apagar el fuego.

Sobre esta realidad ambivalente, y, sin duda, dual, operan los políticos. Y es precisamente con arreglo a esa situación, que la estrategia que está desarrollando el PPdeG contra el Gobierno gallego, utilizando como armas aún calientes y humeantes los incendios y sus terribles efectos, resulta excesivo y contrario a sus intereses políticos.

Los muertos, el número de hectáreas quemadas, los fallos en algunos servicios, el ambiente de tensión vivido por los afectados, etc. conforman ese enorme arsenal del que se abastecen los populares y sus tentáculos agrarios para castigar con fuego graneado al presidente Emilio Pérez Touriño, al vicepresidente Anxo Quintana, a los conselleiros Suárez Canal y Méndez Romeu. Eso por lo que respecta a la Xunta, y en cuanto al Gobierno central, la artillería popular se ha centrado en Rodríguez Zapatero, y los ministros Cristina Narbona y Alfredo Pérez Rubalcaba, entre otros.

 

Mucho griterío, muchas cifras manipuladas según conveniencia de parte, mucha indignación, mucho orgullo ofendido, pero la sensación en la calle es que, más allá de los propios, la estrategia de los populares no ha calado en la sociedad gallega como ellos esperaban y no han conseguido los efectos por ellos apetecibles. Sospecho que por falta de sensibilidad y estilo para trasladar los mensajes, para generar ese ambiente de complicidad ciudadana que necesitan las grandes apuestas políticas para triunfar. La defensa de la naturaleza tiene otras claves y sutilezas.

En realidad, los pasos que han dado en su estrategia de acoso al Gobierno bipartito han vaciado sus protestas de incentivos civiles, y de manera tan torpe, que lo que queda de todo ello es la imagen de la defensa de unos intereses muy concretos. Por ejemplo, de todo el negocio montado en torno al monopolio del eucalipto. De esos errores, el que sale peor parado es Alberto Núñez Feijóo, le hayan hecho la cama o se la haya hecho él mismo.