El Correo Gallego

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Periodista y escritor

Carlos G. Reigosa: “El periodismo es una profesión que devora casi todo el tiempo”

Con ‘Crime en Compostela’ consiguió, en 1984, la primera edición del Premio Xerais // La última publicación en gallego ‘Oxford, amén’ fue su primera novela que había editado en castellano // ‘Fuxidos de sona’, una historia sobre las andanzas de los maquis, fue llevada al cine

13.06.2006 
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Gallego
Carlos G. Reigosa, periodista y escritor
FOTO: Gallego

Nacido en la localidad lucense de Aberlaira de Lagoa-Pastoriza, Carlos González Reigosa, después de estudiar el Bachillerato en Lugo, manteniendo el gallego como primera lengua, se trasladó a Madrid para ingresar en la Escuela de Telecomunicaciones, pero su vocación de escritor le hizo cambiar el rumbo hacia la de periodismo. Hizo su servicio militar en el Sahara y, cuando lo terminó, ingresó en la agencia Efe, donde pasó por todos los puestos, incluida la delegación de Galicia, que dirigió algunos años, hasta llegar a la Dirección General de Información y, posteriormente, a director de Publicaciones, Análisis y Estilo. Actualmente, su situación de prejubilado, cuando todavía está en plena forma, le permite seguir dedicando algún tiempo a la asesoría lingüística de la agencia y, más aún, a su labor creadora.

– ¿Qué fue primero, escritor o periodista?

– Al principio creía que eran lo mismo. Tardé años en descubrir que el peor enemigo del escritor es el periodista. Porque el periodismo es una profesión absorbente y desordenada que devora todo el tiempo. Por eso tenía razón Hemingway cuando dijo que "el periodismo es la mejor profesión del mundo a condición de dejarla a tiempo". En ello estoy ahora, después de muchos años de una guerra civil interior entre el periodista y el escritor. 

– ¿Están, o deben de estar,  muy próximos los dos oficios?

– Se debería ser antes periodista y después escritor. El periodismo enriquece enormemente, y el escritor necesita saber del mundo, tener experiencias. Pero en verdad esos dos oficios sólo deben estar cerca en corrección lingüística y, también, en calidad literaria.

– ¿Cuando publicó su primera novela, ‘Oxford, amén’ en castellano, que ahora tradujo al gallego, fue porque pensaba seguir en esa lengua o porque era su oportunidad?

– Yo era jefe de la sección de Cultura y Ciencia de la agencia Efe cuando la empecé, en 1976. Vivía en Madrid, estaba en contacto con escritores en castellano y tenía unas oportunidades editoriales que no había en otra parte. Cuando me vine para Galicia, en 1979, la cosa cambió. Cambió mi entorno y surgieron las posibilidades de publicar en gallego. Desde entonces, todas mis obras literarias han sido escritas en gallego y luego traducidas al castellano. 

– ¿Qué supuso en su carrera literaria el éxito de ‘Crime en Compostela’, ganadora en la primera edición de los Premios Xerais?

– Muchas satisfacciones personales, porque me encontraba continuamente con personas que me decían que era la primera obra en gallego que habían conseguido terminar. Para mí eso fue muy importante. Hay que pensar que estábamos en 1984.

– ¿Las historias de los maquis surgieron por el periodismo?

– Sí, claramente. En 1968 tuve la intuición de que era un tema que me iba a apasionar, pero por entonces las trabas oficiales aún eran insalvables. En una ocasión que me dirigí a un guardia civil, conseguí hacer una pregunta, pero el resto me las hizo él a mí, en un interrogatorio. Todo cambió en 1975 y, sobre todo, cuando en 1977 empezaron a regresar los maquis que consiguieron salvar la vida y exiliarse. Confieso que les he dedicado mucho tiempo y que tengo muchas historias pendientes de escribir. Iremos poco a poco.

– ¿Y las de Nivardo Castro salieron de las crónicas de sucesos o de la imaginación?

– Nivardo Castro, el protagonista de Crime en Compostela y de otras tres novelas más, nace de la clara conciencia de que era necesario crear una novela popular, si queríamos recuperar lectores para el gallego. Querer escribir como James Joyce se me figuraba una estupidez. Por otra parte, yo había visto que la regeneración de la novela en Estados Unidos había venido de la mano de la novela negra (Hammett, Chandler y compañía) y del nuevo periodismo (Tom Wolfe, Truman Capote, etc.), y me apasioné por esta vía, en la que creía que estaba ese interlocutor indispensable que es el público. Nivardo Castro es el fruto de esas cavilaciones.

– ¿Cómo está considerada ahora la novela negra en España? ¿La apoyó mucho los encuentros de Gijón?

– En esto soy un disidente. Yo creo que novela negra es la de
Hammett, Chandler y MacDonald, grandes creadores de estereotipos geniales, pero lo que hoy hacemos –lo que yo hago– ya ha superado esa fase de los personajes arquetípicos. En mis novelas, Nivardo Castro cumple años y cambia, no es un estereotipo. Ahora anda por los cincuenta años, pero en Crime en Compostela tenía treinta. Yo no acepto la denominación de novela negra para mi obra si esa denominación no incluye Las mil y una noches, esa pieza maestra del suspense, Crimen y Castigo, de Dostoievski o A sangre fría, de Truman Capote. 

– Tardó bastante en traducir al castellano el resto de tu obra. ¿Se arrepiente por ello?

– Retrasé quince años la traducción de Crime en Compostela porque se estaba vendiendo muy bien en gallego y, por una actitud "patriótica", no quería dar otras opciones de lectura. Las demás no han sufrido retrasos. Intramundi, por ejemplo, salió el mismo año en gallego y en castellano.

– ¿Cómo considera su incursión cinematográfica con ‘Huidos’?

– Fue una buena experiencia, con un resultado mejorable. Hace tres años esta película fue elegida por alumnos de colegios catalanes como la mejor sobre los maquis. Creo que se volverá sobre ella, porque es la única que recoge las cuatro fases de la lucha guerrillera antifranquista. Por otra parte, las interpretaciones de Javier Bardem, Sancho Gracia y Uxía Blanco fueron muy buenas.

– ¿Qué novela suya le gustaría ver en cine?

– Intramundi. Pero creo que será la próxima, Pepa A Loba, la que saldrá antes, si no se malogra el proyecto que está ahora en marcha.

– Su aspecto literario menos conocido es el de ensayista en el campo de la escritura. ¿Cree que hacen falta muchos como usted o como Álex Grijelmo para enseñar a escribir a los nuevos periodistas?

– Creo que nunca sobran personas que se preocupen por mejorar su oficio. Yo lo he intentado en el trabajo diario, en reflexiones recogidas en el libro El periodista en su circunstancia (Alianza Editorial) y en numerosas conferencias. No sé con qué éxito lo hice.

– ¿Háblame de ‘Pepa a Loba’ y de los otros proyectos inmediatos?

– Pepa A Loba es una novela que verá la luz en junio en Xerais. Es lo que yo llamo una lendahistoria. Porque es la historia de una bandolera real del siglo XIX, nacida en 1833 en A Estrada y visitada por Concepción Arenal en la cárcel de mujeres de A Coruña en 1863. Pero sobre esa realidad ha crecido una verdadera fraga de leyendas que la ubican en toda Galicia y que yo he utilizado libremente como referentes ocasionales. Porque lo que he querido hacer es una novela, es decir, una obra de ficción, una historia de amor sobre un fondo extraordinariamente violento (como fue todo el siglo XIX gallego y español). Es una obra con la que estoy francamente ilusionado, porque creo que va a conectar muy bien con el público. A ver si hay suerte. Después de editarla en gallego, saldrá en castellano durante el próximo otoño. También estoy trabajando en algún ensayo sobre periodismo.

 

Trayectoria

Un ‘best seller’ en gallego

Con Crime en Compostela, Carlos G. Reigosa se convirtió en el primer escritor en conseguir un auténtico best seller dentro de la novelística gallega. Hasta el momento han salido 14 ediciones y se vendieron 50.000 ejemplares, cifra que para una lengua minoritaria, dentro del Estado español, significa superar todo tipo de expectativas. Con el mismo protagonista, el detective Nivardo Castro, Reigosa escribió otras tres novelas, O misterio do barco perdido, A guerra do tabaco y Narcos, en las que sigue muy de cerca la actividad delictiva que suele ser constante en Galicia. En su última novela publicada en gallego, Oxford, amén, cuenta la historia de un joven licenciado español que se aleja de la familia y la novia para vivir en Londres todas las experiencias libertarias posteriores al mayo francés del 68 y tiene entre sus mitos a Jimmy Hendrix, Janis Joplin, James Dean o el Che Guevara, pero también recuerda a Billy el Niño, "un personaje que era gordo, simple y asesino y que el cine, gracias a las películas de Arthur Penn y Sam Peckinpah, con Paul Newman y Kris Kristopherson lo convirtieron en guapo e incluso pensador".