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Duro batacazo para Paul Auster

Ayer fue el domingo negro del Festival de San Sebastián, con la proyección de "The inner life of Martin Frost", del escritor aspirante a cineasta, y la alemana "Reclame your brain", de Weingartner// Richard Gere se alzó con el Premio Donostia, a pesar de su discutible carrera

JOSÉ LUIS LOSA • SAN SEBASTIÁN   | 24.09.2007 
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Hasta el día de ayer, Paul Auster había vivido como en estado de gracia estos días en Donosti. En su calidad de presidente del jurado se ha dejado ver mucho por las salas de proyecciones, y la expectación que despertaba no se ceñía a lo literario, sino que también se focalizaba en el aparente sex appeal que despierta el escritor en el personal, hasta el punto de que ya amenazaba con quitarle los galones del glamur a Richard Gere. En un mismo día, la concatenación de dos sucesos -el aterrizaje tardío de Gere en San Sebastián, para recibir de manos de Aitana Sánchez Gijón el Premio Donostia y la exhibición de la casi vergonzante The inner life of Martin Frost- parece haber devuelto las cosas a su estado natural. Los focos, para el actor budista y galán talludito, y la admiración literaria de sus fanes -imposible la cinéfila-, para Paul Auster.

Y es que The inner life of Martin Frost es una de esas obras realizadas sin más sustento que una idea "mágica" (la de la mujer musa, irreal, corporeizada sólo mientras el autor crea obra, y luego desvanecida) a la que, después, se le niega desarrollo en pantalla, ni despliegue onírico alguno. Irene Jacob (por quien Auster parece tan fascinado detrás de la cámara como su trasunto David Thewliss en la ficción) recibe trato, en efecto, de musa. Y para el recuerdo del empalago enfático queda ese álbum de fotos de las mejores imágenes de la actriz que Auster le dedica, de modo redundante, al mejor estilo cursi Claude Lelouch.

Si la anterior película del escritor aspirante a cineasta, Lulu on the bridge, poseía un indiscutible encanto naïf, The inner life of Martin Frost es un cargante desencanto, una ñoñería que me deja estupefacto. Eso sí, Auster, además de a Irene Jacob, quiere mucho a su hija, Sophie Auster, a la que promociona como actriz y cantante a capella en su película despropósito.

El domingo negro del concurso lo completó el castigo implacable que constituye la alemana Reclame your brain, de Hans Weingartner, de quien en nuestro país se había estrenado The edukators. Dudo mucho que la nueva película de este fulano llegue a verse y eso se ahorrarán los espectadores incautos. Weingartner lanza aquí su manifiesto contra la telebasura y la medida en que nos anula como personas. Un mensaje muy de agradecer si no precisase estirarlo en más de dos horas de argumento absurdo, a partir de la conversión del mayor productor de realities nauseabundos en un cruzado de la televisión cultural, dedicado a reventar el trampeado sistema de medición de audiencias y a montar una revolución televisiva. Revolución que se sirve de forma embarullada, voluntarista, pretendidamente desopilante. Revolución que agota, que remueve en la butaca por la falta de medida y de sutileza de lo que se cuenta.

El día se hizo más llevadero con la presencia del pétreo y espléndido Tommy Lee Jones de En el valle de Elah, la ya muy celebrada en Venecia nueva película de Paul Haggis. La exhumación de los fantasmas que van llegando en forma de cadáveres de Irak (que comienza a alimentar al cine de un nuevo Vietnam) la sirve Haggis con la contención más propia del gran guionista de las películas de Clint Eastwood que de los excesos de su sobrevalorada Crash. Y se reserva para el plano final uno de esos golpes de guión de libro de estilo, con bandera al viento o, mejor dicho, opuesta a él.

EL DATO

Trabajo documental

Destacó el trabajo de Barbet Schroeder sobre Jacques Verges, abogado de los grupos armados de extrema izquierda en los 70, del terrorista Carlos y del nazi Klaus Barbie .