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La democracia, a revisión crítica, suspende

23.03.2008 Márquetin político, caladero de votos, las campañas electorales están dirigidas a los individuos en cuanto masa; consignas y propaganda suplen a las razones; la gente reacciona como ante los anuncios de televisión: compran más al que se anuncia mejor. Esperanza Guisán, catedrática y filósofa de izquierdas. Utopía y sentido común

TEXTO: ROBERTO QUMATA FOTOS: EL CORREO GALLEGO

Saturados por la reciente campaña electoral, conviene abrir la ventana al aire fresco y mostrar las heridas cuan largos somos sobre el diván del psiquiatra. Por momentos, el márquetin de campaña nos ha hecho tan vulnerables como los humanos animalescos que, encadenados, se nos empuja a revivir el mito de la caverna, de Platón.

"El político debe vender un programa ético de actuaciones, donde los menos favorecidos sean resarcidos, donde sean garantizadas las libertades, pero como se hacen mítines multitudinarios y hay que conseguir el aplauso de una mayoría, pues… No hay razones, sólo propaganda y consignas. Claro, la gente reacciona como ante los anuncios de la televisión: compran más al que se anuncia mejor".

Para Esperanza Guisán, tras la abolición de la esclavitud y la emancipación de la mujer, el siguiente paso es acabar con el abuso del poder
Para Esperanza Guisán, tras la abolición de la esclavitud y la emancipación de la mujer, el siguiente paso es acabar con el abuso del poder
Esperanza Guisán Seijas (A Coruña, 1940) es catedrática de Ética de la USC y ya sólo por su afabilidad y tolerancia, tiene mucho ganado a la hora del vis a vis. Del tiempo empleado, en modo alguno desperdiciado con Esperanza, surge la comparación del dedicado por millones de españoles a los debates, cara a cara, entre Zapatero y Rajoy. ¿Eran éstos los necios o se dirigían a los necios en cuanto masa? "Heráclito decía que la opinión de un sabio vale más que la opinión de cien necios, pero yo creo que a la hora de votar, todos los votos son iguales".

Uno de los libros de Esperanza Guisán Más allá de la democracia se detiene en el análisis de Schumpeter: los aspirantes a gobernar van al mercado de votos utilizando técnicas de propaganda, retórica, promesas, de modo que los que suman más votos no son los más sabios y honestos, sino los más seductores.

"La verdad es que en el seguimiento de los debates televisivos se percibía pobreza en el pensamiento, falta de ideas. No había discurso político, y en absoluto, ético. Se decía: ‘yo defiendo a la familia’, ‘yo doy más ayudas’, pero no se razonaba por qué. Yo propugno que la gente cabal e ilustrada tenga una participación más directa en la política".

Respecto a la colisión del voto de un sabio y el de un necio, la aritmética es implacable , "pero lo que debemos hacer , y ese es el reto, es preparar, legislar para que el ciudadano se autoeduque, para que sepa lo que vota y tenga sentido ético lo que hace".

La docente de la Facultad de Filosofía percibe que "la mayoría de la gente vota por el color de la corbata del candidato, o por interés a corto plazo. Zapatero me dará 400 euros, y Rajoy me descontará no sé cuánto, pero no hay una visión a largo plazo, ni un interés por lo que va a pasar a los demás. El elector vota simplemente pensando en sí mismo".

Al seguir algunas de las pautas de Más allá de la democracia" cabe preguntarse, primero, si ésta es una institución necesitada de revisión crítica, y segundo, de no corregir su rumbo, ¿puede ser una caricatura de sí misma? Aquí y ahora, la democracia es la suma de votos.

"Veamos, creo que insistes en el voto de calidad del sabio, y eso me parece peligrosísimo. El sabio, en todo caso, tiene la obligación a través de sus libros, de la prensa, de su cátedra, de desempeñar el papel de educador, incluso de educador de gobernantes. Yo no pretendo que la democracia deje de ser lo que es: la suma o resultado de la mayoría de los votos. La gente debe ser consciente de que una cosa aceptada por la mayoría puede ser, sin embargo, moralmente mala. El hecho de que las mayorías decidan legalmente no implica que decidan éticamente".

Tanto es así que mayorías horrendas como el nazismo… "Pero para eso debe haber una Constitución, que está por encima de las mayorías, una Constitución que sirva de guía ética para que las decisiones de las mayorías estén controladas dentro de un orden moral".

El sabio, como dice la catedrática coruñesa, debe hacer uso espacial de su ámbito, lo malo es que los candidatos se apoderan del medio televisivo. ¿La política invade el terreno de la telebasura? "Ahí vendría muy bien que hubiese una comisión de sabios, de gentes preocupadas por transmitir cosas interesantes. La música clásica no es buena porque sí, sino porque satisface una de las mejores capacidades del ser humano, que es sentir el gusto por lo estético. No es un capricho, no se trata de una dictadura de sabios, sino de un grupo de personas que tratan de abrir nuevos horizontes" .

La ética mira a la izquierda –la disección entre democracia prudencial y democracia moral– conduce a Esperanza Guisán a estas conclusiones: "La gente más inteligente, entre comillas, pide aquello que le conviene. Soy clase media, bajan los impuestos, me conviene y voto por esa opción. Pero no se habla de temas como emigración, ayuda al Tercer Mundo… La mayoría de la gente se desentiende de esos problemas que, éticamente, son cruciales. Dice John Stuart Mill que el ser humano es el responsable de la suerte de todos los demás, por eso digo yo que La ética mira a la izquierda".

"Desde la ética y el cristianismo hay que ayudar al nacido en peores condiciones. Yo pasé de profesora Mercantil a catedrática de Ética, me creo recompensada por lo que recibo, pero no me molestaría dar un poco más para contribuir al bienestar de otras personas desfavorecidas".

Las democracias prudenciales –las imperfectas– no preguntan a las personas cómo han adquirido sus deseos. Esperanza Guisán llega a la conclusión de que gran parte de nuestros deseos provienen de nuestros padres, del cura párroco e incluso de los periódicos. Siendo así, cabe preguntarse ¿pensamos, deseamos, amamos como fruto de nuestra determinación o de nuestras filiaciones múltiples?

"En líneas generales, la gente piensa lo que le hacen pensar las autoridades civiles, religiosas, los usos y tradiciones. Hay seres humanos que se atreven a pensar por sí mismos, y lo pagan muy caro desde Sócrates en adelante".

"Muchos de nuestros deseos", enfatiza la catedrática de Ética, "no son nuestros. Cuando los padres dicen –y esto es muy polémico–: ‘es que yo quiero que a mi hijo lo eduquen en los valores que yo elijo libremente’. Pero claro, resulta que esos padres están eligiendo lo que le han hecho elegir cuando eran niños, periodo en que le ha socializado unos curas y unas monjas. El ser humano tiene el gran derecho de aprender él mismo sus valores". Siempre presente el socialismo ético en su forma de pensar y de actuar, al punto que Esperanza propone que quienes lo profesan se conviertan en "educadores laicos", la reflexión acerca de la felicidad requiere no pocas aclaraciones a partir del hombre que es feliz por meter un gol con la mano o por estafar al fisco.

"Si una persona hace ­trampa, ­está contenta. Una mujer en un harén está contenta, ­conforme. Pero lo que los filósofos han ­entendido como felicidad ­siempre es la ­felicidad de ­seres ­que son intelectual y sensiblemente ­desarrollados. Hay muchos tipos de felicidad. Simone de ­Beauvoir ­dice que la mujer del harén es ­feliz, pero no es auténtica, por tal razón debe dejar el harén. Y yo le replico: la mujer del harén ­tiene que dejar el harén porque hay otra vida más placentera, que es la vida de un ser humano ­desarrollado e ­independiente".

En función del higiénico principio de discrepar, plantear las diferencias entre los seres humanos ni siquiera suscita la mínima convulsión en las plácidas tres horas de conversación, por más que el ejemplo, a contrapelo, se las traiga: Sócrates nos enseñó honestidad; Hitler, barbarie. Y sin embargo, ambos actuaron en conciencia.

"Somos diferentes, pero no tanto", insiste Esperanza pese a la analogía demoledora. "Estamos en distintas circunstancias. Hitler, mejor que no tuviera conciencia, ni principios, porque eran demoníacos. Es un problema muy arduo. ¿Era Hitler un individuo normal? ¿No sería más feliz si en vez de matar a judíos, los tuviese como amigos, que le tocaran el piano, que le llevaran de paseo, no sería más feliz?".

"Tal vez yo sea muy optimista y utópica, pero es que creo que las personas cuando hacen bien a otras se están ganando la felicidad. Lo que no se nos enseña en el colegio: ayudar al otro no es algo penoso, sino gratificante. La solución es moral. Marx la teorizó: cambiar las estructuras. Los anarquistas clásicos decían ‘hay que cambiar el corazón del hombre’. Ese es el secreto".

Pero las imperfecciones del hombre, licántropo, ocasiona situaciones de injusticia. Tal es el caso de la profesora que cuidó niños en Londres para aprender el idioma, y que dio clases de inglés en Peleteiro para costearse su carrera en Santiago.

"Bueno, bien, yo me he hecho a mí misma, superé seis oposiciones, he estudiado como nadie, no tenía padrinos, pude ser catedrática mucho antes, tenía publicados más libros e investigaciones que cualquiera, pero no tenía amistades en Madrid o en Barcelona. Yo creo que ese esfuerzo debe recibir su merecido, pero el que se esfuerza y no es capaz de destacar, ¿le vamos a castigar doblemente?".

El PSOE sigue y en Andalucía hace callo. Da la sensación de que pertenece a la aristocracia del poder. ¿Puede repetirse otro garbanzo negro como Roldán?

"Hay que concretar una plataforma cívica-moral que exija a los gobiernos un comportamiento ético. De la misma forma que se hacen códigos éticos para médicos y para periodistas, hacer un código para políticos no estaría mal. Rotundamente creo que los nuevos diputados y senadores debieran regirse por un código ético".

"¿Qué pueden hacer los compostelanos en misa de una? Pues, que en misa se hable de la gente que lo pasa mal, de los emigrantes. La iglesia tiene un poder increíble para cambiar la mentalidad de sus fieles" .

"Todo goce sexual, sensual o afectivo era pecado mortal"

Esperanza Guisán es "socialista, obrera y española", por eso habla convencida del "socialismo ético". Está en sintonía con Rosa Díez. "Tengo muchas esperanzas depositadas en Unión, Progreso y Democracia, estoy a la expectativa, aunque guarde algún que otro recelo en tanto que este nuevo partido no ha tenido tiempo de prostituirse". Esperanza se crio entre socialistas. Su abuelo era anarquista, "un secreto guardado como una vergüenza familiar". Su familia seguía las pautas del cristianismo, especialmente su padre, de "comunión diaria, un hombre original, imaginativo, crítico y, especialmente, honesto".

Durante la Dictadura era obligado que los soldados confesaran y comulgaran por Pascua florida. Formado en el patio del cuartel, el oficial de turno dijo a voz en grito: "Tenéis que confesaros y comulgar. El que no esté conforme que dé un paso al frente. Se hizo un silencio tenso y denso. Todo el mundo, católicos y no católicos, permanecieron en su sitio. Firmes en su miedo y resignación ante la autoridad. "Y he aquí que un hombre muy hombre dio un paso al frente en medio del estupor general: Se llamaba Manuel Guisán y se confesaba y comulgaba con más frecuencia probablemente más que ninguno de los pobres muchachos inmóviles y sometidos. Manuel Guisán era un socialista sin él mismo saberlo, porque anteponía la autoestima al miedo y a la cobardía".

"Yo también fui cristiana siguiendo el modelo paterno. No podía mentir, no podía engañar, ni fingir. Eso sí: el mandato del amor me embrujaba, pero poco más. A lo largo de una juventud reprimida, todo goce sexual, incluso sensual, afectivo compartido con un miembro del otro sexo era pecado".

El reto de contagiar a los cristianos el socialismo ético

"Yo era a los 23, a los 24 y a los 25 años una joven de comunión diaria". A partir del descubrimiento de John Stuart Mill, el campo del proselitismo de Esperanza Guisán abarca el socialismo ético. "Muchas y apasionantes tareas nos aguardan para el futuro. ¿Por ejemplo? "Contagiar a los cristianos ilustrados y generosos, el amor que ilustra y redime de todo tipo de pobreza a la humanidad".

"Siempre he sido una amante de la ética. En mi juventud me enseñaron la ética católica, de la que guardo gratos e ingratos recuerdos como los que tenían que ver con el baile y el sexo. Todo estaba prohibido, un simple beso era un pecado mortal. Sin embargo, había cosas en la Iglesia que me fascinan: el amor al prójimo, el amor a tu enemigo. Amar al prójimo, a tu enemigo, me parece maravilloso. Sin duda, hay conexiones entre el socialismo ético y el cristianismo (...) Soy socialista porque soy ilustrada y sé que a lo largo de la historia hombre y mujeres marcaron hitos en beneficio de la humanidad (…) y soy socialista porque soy ética".

"Me siento marginada en Galicia, fuera me dicen intelectual gallega"

Esperanza Guisán es la hermana mayor de diez. Sobre sus hombros recayó una responsabilidad reservada para hombres. No cursó el bachiller. A los 12 años ingresó en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de A Coruña, trabajó en una fábrica de textiles que dio en quiebra y a través de un profesor descubrió la cultura británica. En Londres, 1962, cuidó niños, aprendió inglés, volvió a Galicia para obtener el título de Profesora Mercantil. Regresó a Inglaterra en 1963 y 1965 hasta que recibió carta el SEU: "no hay ningún impedimento para pasar de la Escuela de Comercio a la Universidad de Santiago". Otra vez en Londres, quedó fascinada por John Stuart Mill, o sea, igualdad, libertad, ética laica, benevolencia, generosidad, feminismo. Su tesis doctoral versa sobre ‘La falacia naturalista’. Entre otros títulos, es autora de ‘Más allá de la democracia’, ‘Manifiesto hedonista’, ‘La ética mira a la izquierda’, ‘Ética sin religión’...

Ha sido militante de base del PSOE, del que se alejó por su ­"maridaje" con el Bloque y por el Estatuto de Cataluña. "En Galicia me siento marginada. Como no ­escribo en gallego, no existo; me dicen facha y españolista; sin ­embargo, fuera me califican de intelectual gallega. El socialismo ético nunca podrá ser nacionalista". Colabora en Galicia Bilingüe: "los hablantes tienen derechos, las lenguas no".

Platón: "Los filósofos deben gobernar el mundo o los políticos convertirse en filósofos". Esperanza Guisán: "Zapatero no está en vías de convertirse en filósofo, y Rajoy, menos". Es amiga de Rafael Vera. Le escribió a la cárcel para darle ánimos. "Un socialista jamás podrá hacerse rico del erario público".

 
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