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la moviola del ruedo ibérico

El año del zapatazo

20.04.2008 En 1993, una medida unilateral de Fraga impulsó la marcha del nacionalismo hacia su unidad actual

TEXTO: XAVIER NAVAZA FOTOS: LAVANDEIRA JR Y MANOLO BLANCO

Hace década y media, Xosé Manuel Beiras esgrimía uno de sus zapatos desde el escaño
Hace década y media, Xosé Manuel Beiras esgrimía uno de sus zapatos desde el escaño
Esquerda Unida promueve estos días en el Parlamento de Galicia la puesta en marcha de una iniciativa legislativa popular, impulsada desde la sociedad civil, que aspira a rebajar el porcentaje de los votos emitidos exigido en las elecciones autonómicas para optar a una representación en la Cámara. Actualmente, ese requisito mínimo es del cinco por ciento, pero durante las tres primeras legislaturas autonómicas estaba en el tres por ciento. Entre 1992 y 1993, Manuel Fraga, entonces con mayoría absoluta en la Casona del Hórreo, llevó a cabo una reforma unilateral de la Ley de Elecciones para elevar aquel porcentaje, provocando el que sin duda fue uno de los períodos más tensos de la historia democrática gallega.

1993 fue el año del zapatazo de Xosé Manuel Beiras sobre su escaño en el Parlamento de Galicia: una imagen que dio la vuelta al mundo y puso, por primera vez en su vida, a los nacionalistas gallegos en las primeras planas de los principales periódicos de España y de Europa. La imagen insólita de aquel zapatazo, realizado al estilo inaugurado por Nikita Kruschev en octubre de 1960 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, cruzó el océano Atlántico, atravesó el Pacífico y hasta algunos diarios de las antípodas reflejaron el acontecimiento. Beiras tuvo un lugar sobre la escena del universo mediático del planeta. Desde entonces, cada vez que el líder del nacionalismo gallego abría la boca, los mass media inclinaban sus orejas para oír qué decía la bestia negra de Manuel Fraga en aquel pequeño y viejo país del fin del mundo. Beiras era el hombre espectáculo y a finales de los noventa, cuando ya los nacionalistas había logrado realizar el sorpasso al PSdeG-PSOE, ostentaba el liderazgo de la oposición en Galicia.
Con los socialistas a la baja y Fraga al mando de la Xunta, Beiras se convirtió en el gran antagonista del que los medios esperaban cada vez más, obligándole, en ocasiones, al recurso de gestos histriónicos y a composiciones literarias que en ocasiones bordeaban la frontera de un panfleto contra el todo. El mayor perjudicado de aquel guión fue el PSdeG y aunque ambos aparecían con frecuencia como una sola alianza opositora, todos contra Fraga, lo cierto es que aquella situación —lejos de reforzar a los socialistas— fue drenando sus fuerzas poco a poco.
La evolución del voto durante la década de los noventa, es muy expresivo: el BNG pasó de cinco diputados en 1989 a trece en 1993. En los comicios de 1997, los nacionalistas alcanzaron su cénit: dieciocho diputados, mientras el PSOE se quedaba en trece después de cederle dos a lo que quedaba del Partido Comunista, con Anxo Guerreiro de nuevo en la Cámara autonómica. Y habrían de pasar cuatro años más hasta que, de la mano de Emilio Pérez Touriño en la secretaría general, el PSdeG iniciase su recuperación, igualando sus escaños con el Bloque en las elecciones celebradas en octubre de 2001: 17 a 17, aunque Beiras salió de las urnas con un respaldo del electorado ligeramente mayor.

En el otoño de 1997, todo el mundo hablaba de la Galicia emergente. El Bloque estaba en boca de todos y, de modo especial, en Madrid, donde pareció que de pronto los analistas de los principales medios hubiesen descubierto la existencia de una organización nacionalista en Galicia: capaz de aspirar a gobernar, tal y como sucedía en Barcelona y Gasteiz, con un programa político que tenía el objetivo de la autodeterminación en su horizonte.

Por encima, la suma de los votos socialistas y nacionalistas comenzaba a poner en entredicho la supremacía de los votos del formidable aparato electoral del PPdeG, que año tras año le había dado la victoria absoluta a Manuel Fraga. Fue, aquélla, la década en que se consolidó el Benegá. Y desde entonces, aunque ganase o perdiese ante las urnas, ya nadie podría poner en duda que existía una imponente masa social capaz de apostar por el nacionalismo. Ya no se trataba de un grupo de estudiantes y profesores universitarios que velaban sus armas en los campus de las universidades gallegas, sino de una oferta electoral concreta y desafiante con la que habría que contar en el futuro.

El duelo entre Manuel Fraga y el líder del BNG polarizó la atención de los ‘mass media’
El duelo entre Manuel Fraga y el líder del BNG polarizó la atención de los ‘mass media’
La culpa de todo aquello la tuvo la reforma de la legislación electoral impulsada por Manuel Fraga. Y aquella modificación, con el tiempo, sería una de las causas principales de la derrota del veterano león de Vilalba, en la medida en que promovió la unidad del nacionalismo, hasta entonces muy disperso y fragmentado. En opinión de Fraga, era necesario racionalizar y simplificar al máximo la geografía política del país y para ello nada era mejor que encarecer sustancialmente las condiciones que hasta entonces se habían establecido para acceder a un escaño en la Casona del Hórreo. Según el PPdeG, aquella reforma perseguía, sobre todo, “una descarga ideológica” del Parlamento, para ganar “en sentido pragmático”. Sería una guillotina para las organizaciones menores. En palabras de Fraga, las fuerzas que en adelante accediesen a los escaños del Hórreo tendrían “un plus de representación” que impediría la “atomización ideológica”.

La reforma fue finalmente aprobada durante la última sesión plenaria de la tercera legislatura, el 22 de julio de 1993: 38 votos del PPdeG a favor y 32 en contra (28 del PSdeG, 2 de Coalición Galega y 2 de Unidade Galega). Los cinco diputados del BNG abandonaron la sesión para subrayar su rechazo frontal a lo que consideraban una medida “dictatorial” de Fraga.
En aquel momento ni siquiera intuían que la modificación iba a favorecerles, abriendo un camino hacia la unificación de los nacionalistas. Poco tiempo después, Unidade Galega, liderada por una de las figuras más relevantes del nacionalismo, Camilo Nogueira, perdía toda representación parlamentaria y se veía forzada a celebrar su primer congreso. La principal conclusión de aquella asamblea fue establecer que era necesario dirigirse al Bloque Nacionalista Galego, su adversario durante años ante las urnas, para solicitar su ingreso en la gran coalición. Fue el inicio de una nueva era para el Benegá.

 
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