Galicia Hoxe Radio Obradoiro CorreoTV Tierras de Santiago Anova multiconsulting
El Correo Gallego
Google
Portada
atrás Comparte en Yahoo la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' Comparte en Del.icio.us la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' Comparte en Menéame la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' imprimir recomendar Aumentar texto Reducir texto

MINERALES

Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica'

29.06.2008 El III Reich tenía reservas gallegas para un año más de guerra y el fin de la conflagración mundial supuso un durísimo golpe económico, según Xoán Carmona y María Xosé R. Galdo, catedráticos de la USC

ROBERTO QUMATA FOTOS: ARCHIVO

Galicia fue El Dorado durante la II Guerra Mundial  gracias al wolframio. Al grito de “¡Hay oro en Barilongo!”, familias enteras se echaron al monte armados de picos, palas y barrenos para arrancar de las entrañas de Santa Comba el preciado mineral. Las jornadas extractivas de la primavera de 1943 eran tan extenuantes que nadie sabía en qué día vivía;  el sol, al despuntar, significaba una nueva jornada incluso bestial para las mulas, azuzadas por el látigo. Comer  –pan, tocino y agua– y descansar  para reponer fuerzas era mal visto entre los que peinaban los afloramientos. Suponía mermar la cuenta de resultados de cada noche.
Rogelio,  chófer de una camioneta, confiesa  a EL CORREO que trabajó para un “empresario de oportunidad”. El botín que pagaba cada crepúsculo a 50 pesetas/kilo era “ilícito” en tanto que la explotación se hacía en tierras privadas,  o “clandestino,  porque la extracción no estaba permitida por las guías del Consejo Ordenador de Minerales Especiales de Interés Militar (Comeim) y sin éstas había que burlar a la   Guardia Civil.
 A otros niveles, especulación y corrupción se combinaban para, en muchos casos, arribar al mercado negro. En Galicia, los precios estaban tasados mientras en Portugal funcionaba el contrabando bajo la apariencia de mercado libre.
El oro del Banco de España estaba en Moscú, de modo que la ansiedad por apuntalar el Régimen fue paralela a las conquistas del III Reich. Polonia, Holanda, Francia… cayeron arrumbados por la maquinaria de guerra nazi con la misma facilidad que las puertas de sus bancos centrales.  Berlín  pagaba a sus proveedores  a base de incautar las reservas de aquéllos en lingotes de oro. Tales fueron los beneficios, que el Banco de España se hizo en 1947 con 87.422 kilos de oro.
Lo más puro, recuerda Rogelio, era la solidaridad a pie de mina, a cielo abierto. Pero gran parte de aquel oro se lo quedaron unos pocos para riesgo  de otros  muchos, puesto que, por más que Franco vistiese el disfraz de la neutralidad, Galicia estuvo en guerra y, gracias a su wolframio, salvó el pellejo al franquismo, misérrimo e hipotecado por la ayuda alemana al 18 de julio.    

Adía de hoy, el wolframio no es un metal estratégico, pero sí lo fue “en pasadas coyunturas bélicas y en el juego político y económico de la primera etapa del franquismo. Un metal que se había alzado con el difícil privilegio de haberse convertido en suelo ibérico en el centro de la guerra económica, sostenida por los alemanes y los aliados en los cimeros años de la II Guerra Mundial” (II GM), según las investigaciones de Xoán Carmona Badía, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidade de Santiago.
  La producción de wolframio  en Galicia alcanzaba el 69% nacional: un 37% en A Coruña, un 18% en Ourense y un 14% en Pontevedra, según las estadísticas manejadas por el profesor Carmona de 1940 a 1954.
A escala mundial, España y Portugal, con el 6%, eran  los únicos  países  europeos productores  del mineral. El 36% se extraía en China, el 17% en Birmania y el 11% en EEUU.
En el marco de la conflagración  mundial, la segunda guerra chino-japonesa  transcurrió  entre 1937 y 1945. Alemania, aliada de Japón, tuvo que recurrir a otros mercados más cercanos y seguros por afinidades ideológicas: España y Portugal, Franco y Salazar, dos dictadores.

Por un cúmulo de circunstancias combinadas –la principal, el expansionismo militar alemán–, el wolframio pasó a ser un elemento “estratégico” (indispensable y crítico) para las divisiones de la Werhmacht y los escuadrones de la Luftwaffe. El mineral arrancado a las entrañas de Barilongo,  Lousame, Fontao o Casaio (“la ciudad de los alemanes”) es tres veces más duro que el cromo y el titanio y resiste temperaturas de hasta 3.400 grados.
Cabe precisar como elemento comparativo que las sesenta columnas de acero de cada una de las Torres Gemelas de Nueva York se derritieron a 1.600 grados.
El propio profesor Carmona cita el trabajo de K.C.Li y Chung Yu Wang sobre el Tungsteno (Nueva York, 1947), en el que los autores prueban que “los alemanes fueron los primeros en usar durante la II Guerra Mundial núcleos de carburo de tungsteno  en proyectiles perforadores de alta velocidad. Fueron estos proyectiles, más que Rommel, los que a punto estuvieron de llevar al éxito final las campañas alemanas del norte de África”. Cada vez que aquéllos impactaban, los Matilda (blindados ingleses) se fundían como la mantequilla. Montgomery no tuvo más remedio que dedicarlos a labores de barreminas.

El catedrático Xoán Carmona Badía,  en su despacho de Económicas, la pasada semana
El catedrático Xoán Carmona Badía, en su despacho de Económicas, la pasada semana
‘Misión de guerra en España’ vienen a ser las memorias del embajador  norteamericano en Madrid, Carlton J.H. Hayes, publicadas en 1946,  que despeja no pocas dudas respecto al wolframio, “un tópico de conversación; más de uno en la Embajada soñábamos con él durante la noche”.
“Es el material del que se extrae el tungsteno, de gran importancia militar. Se emplea para endurecer el acero y es el principal elemento en la fabricación de tornos, chapas acorazadas, proyectiles perforantes (...) Para  obtenerlo, Alemania dependía casi por completo de España y de Portugal”.
Hacia finales de 1942, la flota norteamericana “había conseguido sacar de España 350.000 kilos de wolframio”, además de 20.000 frascos de mercurio, espato de flúor, estroncio y enormes cantidades de ropa, guantes, mantas, “artículos de importancia militar arrebatados a los alemanes. Era la guerra económica en acción”. Hayes explica en su libro las “llamadas compras preventivas”  a base de  acaparar productos de interés militar para las potencias del Eje.
“El artificio empleado consistía en elevar los precios del wolframio español que los alemanes deseaban adquirir. Así, cuando los alemanes anhelaban el mineral y ofrecían 200 pesetas por toneladas, los aliados proponíamos su compra por 600 pesetas”.
Hayes se refiere en todo momento al “wolframio español”,  porque, según el catedrático vigués, “las minas en Portugal estaban ya explotadas y en manos de compañías extranjeras”.
El coto de la Panasqueira pertenecía a la inglesa Beralt Tin Co, y el segundo coto wolframífero, el de Borralha, estaba controlado por una empresa francesa que lo acabó vendiendo a la Beralt.

La también catedrática de Historia e Instituciones Económicas María Xosé Rodríguez Galdo  precisa que “del wolframio portugués enviado a Alemania hay que tener en cuenta que una parte importante del mismo procedía de España, introducido de contrabando en Portugal para burlar el precio tasado por las autoridades españolas”.
 La anarquía en el sector y la relevancia del tungsteno en el grupo de los “minerales de interés para la defensa nacional” adelantó la llegada del Comeim, un organismo decidido a terminar con la “explotación irregular y el escandaloso contrabando”, precisa Xoán Carmona.
Nada más lejos de la realidad.  La picaresca encontró acomodo  entre los mineros campesinos y notables locales que actuaban  en connivencia con los compradores clandestinos, en gran parte titulares de concesiones no rentables, pero que se servían de las guías de circulación, exigidas por el Comeim, para la comercialización.
Fueron los hombres del Régimen, incluso el Consejo de Ministros, los que manejaron los hilos de este guiñol. Los titulares de las minas no invertían en éstas, pero sí obtenían las guías de sus amigos poderosos. El  salvoconducto indispensable para un suculento negocio.

Alemania controla a través de Sofindus y a lo largo de la fachada atlántica de Galicia y Portugal una flota de cincuenta cargueros de wolframio.  Las remesas aumentan a partir de mayo de 1940 en que los alemanes rompen la línea Maginot, entran en París, llegan a los Pirineos y  verifican en Canfranc  el mineral  enviado de Galicia por vía férrea.
Johannes Bernhadt, general de las SS,  dirige Sofindus (Sociedad Financiera Industrial), holding resultante de la fusión con Hisma que, a través del wolframio, enmascara los pagos a Berlín por sus ayudas materiales a Franco durante  la Guerra Civil. Una segunda sociedad, Rowak (Compañía Comercial de Compensación de Materias Primas y Mercancías SL), se encarga de  contrastar  los acuerdos hispano-germanos.
Algunos de  éstos se traducen en la explotación de yacimientos gallegos a través de compañías mixtas, subsidiarias (Estudios y Explotaciones Santa Tecla o Montes de Galicia),  hombres de paja o simplemente testaferros.
 
Areeira. Cinta transportadora del wolframio en las instalaciones de la mina de San Finx
Areeira. Cinta transportadora del wolframio en las instalaciones de la mina de San Finx
Los precios pasan de 20 dólares antes de la II Guerra Mundial a los 100 tan pronto Alemania invade Polonia, y a 270 en 1943. Las Estadísticas Mineras que citan los profesores Rodríguez Galdo (USC)  y Abel Losada (Universidade de Vigo) son harto elocuentes: de 8.000 pesetas tonelada, a 95.000 en bocamina.
El Dorado se llena de campesinos, y a la llamada de “¡Hay oro en Barilongo!” llegan mineros de Asturias, de León e incluso de Andalucía. Carmona Badía, al abordar esta “fiebre del oro”, señala que abundaban “recuperadores,  aventureros y autoridades  implicadas en el negocio que recibían gratificaciones en especie o en metálico”.  También hay campesinos que roban el wolframio de las minas para sobrevivir, como es el caso de Casaio (Ourense). No se salvan del mercado negro los “notables locales”, médicos o funcionarios municipales que, gracias a estas prácticas, crecen en influencia, terrenos y ganado.
También entran en el juego del mercado negro la United Kingdom Commercial Corporation, que desvía el wolframio hacia Vigo, y Minerales de España (Sofindus). Tales son las necesidades –bélicas  y vitales de unos y otros–que afectos al Movimiento organizan peleas a pedradas  en la raya que separa Galicia de  Portugal. Los pedruscos de wolframio que lanzan “os mozos galegos non pasaban pola aduana”.
 Un chiste comparado con el riesgo real de ataques aliados a los que estuvo expuesta Galicia. Por muchas razones. Franco no fue neutral y sí beligerante. Vendió materias primas sensibles a Berlín, permitió libertad de movimientos  a decenas de espías nazis, dio abrigo en Ferrol y Vigo a los submarinos del almirante Donitz y consintió que pesqueros de la flota gallega actuaran como barcos meteorológicos al servicio  de una potencia extranjera. 


Galicia sufrió el embargo de petróleo, trigo y arroz hasta que Franco cedió

A partir del último trimestre de 1943, Alemania deja de ser el principal cliente de España. Comienza la decadencia de los precios. Las exportaciones del III Reich caen hasta reflejar los cupos oficialmente asignados. Es el momento en que Inglaterra y EEUU pasan a demandar el wolframio gallego.
   
María Xosé Rodríguez Galdo y Abel Losada aseguran que “el comienzo del fin de la II GM resulta ser un durísimo golpe para el wolframio ibérico”.
   
¿Sería trasladable esa opinión a una sociedad democrática como la de hoy? ¿Si Hitler mandase invadir Galicia para proveerse del wolframio, sería comparable a Bush, petróleo, Irak? Y, sobre todo, una duda aterradora: ¿cuántas batallas ganó el Führer, cuántas muertes ocasionó gracias al wolframio gallego?
   
Por lo pronto, en los primeros meses de 1944, Galicia sufre un embargo de petróleo, trigo,  arroz y otros productos de primera necesidad que se prolonga hasta el 1 de mayo. Es el propio embajador Hayes el que, enterado de que Barilongo se apresta a entregar 120 toneladas de wolframio a los alemanes, propone el embargo, como más tarde se sustanciará contra Cuba en la Ley Helms-Burton.
  
Franco cede y se compromete a reducir a un cupo simbólico (cuarenta toneladas) las ventas del mineral a Berlín.
   
La Wehrmacht se retira de los Pirineos en febrero de 1944. Concluye el frenético trasiego de trenes cargados de wolframio y remite la actividad en Balarés, un arenal próximo a Ponteceso, que se convierte en la plataforma portuaria de un mineral que propicia el origen de grandes fortunas al amparo de las necesidades del III Reich.


Los ‘tapados’ del Consejo de Ministros: el conde de Argillo y el marqués de Revilla

Durante la II GM, el wolframio cuesta treinta veces más que en el periodo de preguerra. “Nada comparable con los precios actuales del gas”, según otro profesor consultado por EL CORREO. Ramón Vidal Romaní, titular de la cátedra de Geología de la Universidade de A Coruña, asegura que “un millón de metros cúbicos de gas en origen sale por siete dólares. De no equivocarme en las cuentas, el precio final que llega al consumidor es de 660.000 dólares (…) ¿El Banco Pastor? Álvarez Campana, de la Cámara Oficial Minera, y Joaquín Ruiz Mora, de Applus (Minería y Geotecnia) tienen más datos que yo”.
   
Efectivamente, la rama industrial del Banco Pastor, Industrias Gallegas SA, culmina la compra de las minas de San Finx  hacia 1940. Los dueños del yacimiento  de Lousame reciben las bendiciones del Régimen mediante un decreto de marzo de 1941. El propio Ruiz Mora duda de la fecha exacta en que aparece en escena el Banco Pastor.
   
“La primera vez que figura San Finx  como Industrias Gallegas es en la memoria de 1940”, donde se documenta  el pago en Londres de la compra del coto wolframífero, “lo que prueba que no se trató de una incautación”. La San Finx Tin Mines (Lousame) y la Societé des Étains de Silleda (Fontao) sufren un “cerco opresivo” por parte del Consejo de Ministros que exige que el 60% del capital de las sociedades sea español, al igual que el presidente. Esto permite un mayor campo de maniobra a los tapados del Régimen, que Carmona Badía cita en sus investigaciones: “El conde de Argillo (padre de Cristóbal Martínez Bordiú), el marqués de Revilla y Serrano Suñer”, testaferros a las órdenes de  Johannes Bernhardt.

 


Proveer a Alemania de materia prima se urdió en Tetuán el 31 de julio de 1936

Pero las prácticas del Comeim no supusieron un fenómeno aislado. En Los empresarios de Franco,  Glicerio Sánchez Recio y Julio Tascón Fernández diseccionan una gran parte de .los beneficios procedentes del mercado negro que “terminan engrosando los bolsillos de la nueva burguesía  especuladora nacida al socaire del nuevo  régimen (...) Esto fue posible por la tolerancia de éste y gracias a la participación de miembros destacados del mismo (...) que posibilitó y potenció nuevos mecanismos en el proceso de acumulación capitalista que favorecían a ciertos grupos sociales (...)También supuso introducir mecanismos de corrupción económica y política  a través de los cuales  la competencia capitalista terminó siendo dañada en sus estructuras más profundas, las productivas”

Sostienen los autores que la corrupción política se entremezcló con la económica: “No se conoce en la historia contemporánea otra época con mayores niveles de corrupción (...) El nuevo poder político (estraperlo de pan, aceite y azúcar)  y los intereses económicos y sociales relacionados con el mismo, fueron los que destruyeron el mercado nacional ...”.
   
Por si no fuera suficiente, el 31 de julio de 1936, dos semanas después del levantamiento militar, la empresa Hispano-Marroquí de Transportes (Hisma) fue registrada en Tetuán. Pero, en realidad, era una sociedad limitada de titularidad hispano-alemana al 50%, o sea, “la tapadera de los intereses económicos alemanes en la España nacional”, según la profesora Rodríguez Galdo.
   
Una sociedad instrumental controlada por Hermann Goering, responsable de proveer de materia prima a la maquinaria de guerra del III Reich. 

 

 
atrás Comparte en Yahoo la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' Comparte en Del.icio.us la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' Comparte en Menéame la noticia Wolframio. Galicia estuvo en 'guerra económica' imprimir recomendar Aumentar texto Reducir texto
Ante cualquier duda, problema o comentario en las páginas de El Correo Gallego envíe un e-mail a info@elcorreogallego.es
Titularidad y política de privacidad. Política de Cookies