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reportaje

Donde el mundo se llama Os Peares

08.03.2009 Hubo un tiempo, en este país, en que los grandes embalses medían el pulso vital de la Galicia interior. Os Peares fue uno de ellos: el complejo, diminuto y hermoso universo local donde nació Alberto Núñez Feijóo.

TEXTO: MANUEL SOUSA FOTOS: ESCUREDO, HERNÁNDEZ Y SAS

El presidente electo, Alberto Núñez Feijóo, abraza a su madre, Sira Feijóo, minutos después de que el escrutinio de las votaciones del 1-M confirmase la rotunda victoria del PPdeG
El presidente electo, Alberto Núñez Feijóo, abraza a su madre, Sira Feijóo, minutos después de que el escrutinio de las votaciones del 1-M confirmase la rotunda victoria del PPdeG
A finales de los años cincuenta, hallar trabajo fijo y bastante bien remunerado era un regalo de la diosa Fortuna para quienes vivían en las pequeñas poblaciones de la Galicia interior. Muy a menudo constituía una alternativa a la emigración y de hecho lo fue a lo largo de casi dos décadas: Os Peares, Belesar, Portodemouros, Castrelo de Miño... son los nombres de algunas de aquellas inmensas represas cuya construcción y mantenimiento generó la creación de numerosos puestos de trabajo en comarcas donde la mera idea de contar algún día con una factoría industrial era poco menos que una utopía.

Así eran las cosas cuando Saturnino Núñez, maestro, llegó a aquel lugar: una población diseminada en torno al salto hidroeléctrico, en tierras de la Ribeira Sacra y donde confluyen los ríos Búbal y Sil en aguas del padre Miño. A caballo entre las provincias de Lugo y Ourense, Os Peares es un caso singular en la arracimada geografía de Galicia.

Sus predios pertenecen a cuatro ayuntamientos: los lucenses de Carballedo y Pantón, a un lado, y los ourensanos de A Peroxa y Nogueira de Ramuín al otro lado. En aquellas tierras conoció Saturnino a Sira Feijóo, con la que se casó y tuvo dos hijos: Alberto y Micaela, que vivieron su primera infancia –hasta los diez años– en aquel universo, donde los ríos transcurren encajonados por angostos cañones y los viñedos se cultivan en bancales, como colgados del aire, con bodegas, casas entrañables e iglesias románicas que integran un paisaje de sorprendente belleza. En muchos aspectos, único en Galicia.

Micaela, su hermana, acudió a votar con el candidato Alberto Núñez Feijóo en un colegio electoral del centro de la ciudad del olivo
Micaela, su hermana, acudió a votar con el candidato Alberto Núñez Feijóo en un colegio electoral del centro de la ciudad del olivo
Aquélla es la rilkeana patria sentimental del presidente electo del Gobierno gallego. Un escenario con frecuencia difícil cuando, hace más de tres décadas, para ir a la escuela había que caminar o pedalear cuatro kilómetros con lluvia, nieve o calor.

Al cumplir diez años, los padres de Alberto le enviaron a estudiar como interno a los Maristas de León, un colegio que gozaba de prestigio y al que llegó gracias a la determinación de un hermano de la abuela que pertenecía a aquella orden religiosa. Allí, hasta los catorce años de edad, conoció la experiencia de un régimen escolar marcado por la disciplina, el deporte y las condiciones propias de la época, como los comedores y los dormitorios multitudinarios, donde cada colegial apenas disponía de una litera y una taquilla de uso personal.

En 1975, con catorce años, Micaela está en edad de iniciar el Bachillerato y la familia se traslada a vivir a Ourense para economizar y racionalizar los gastos. Algunas de las cosas que durante la campaña del 1-M se escribieron sobre el líder del PPdeG, recuerdan aquellos días en la ciudad de As Burgas: no es tiempo de discotecas ni de guateques para Núñez Feijóo, sino de estudio para acabar cuanto antes en el instituto e irse a Compostela a estudiar Derecho.

Sueña con hacerse magistrado algún día y los mejores momentos libres los pasa en fines de semana a golpe de pedal, regresando a Os Peares y apostarse con la caña en el río Búbal. Y si algo le gusta, además del cine, es un programa de televisión en especial: La Clave, que dirige José Luis Balbín y que combina el debate político de alto nivel con la proyección de un filme siguiendo el hilo de la confrontación.

Mediada la década de los años 60: el pequeño Alberto saborea un helado de cucurucho junto a su hermana Micaela
Mediada la década de los años 60: el pequeño Alberto saborea un helado de cucurucho junto a su hermana Micaela
Tras finalizar la carrera, con 23 años, su padre pierde el trabajo en la represa. Eso le obliga a cancelar alguno de sus objetivos y ponerse a estudiar en otra dirección. El objetivo es la Xunta de Galicia, que acaba de convocar oposiciones a letrados de la comunidad autónoma. Y a Alberto no le queda otra opción que aprobar a la primera y contribuir con su sueldo al mantenimiento de la economía familiar. Son los mismos días en que su programa de televisión favorito sufre un revolcón. Las elecciones autonómicas de 1985 están en el horizonte político y Balbín, siempre oportuno y sediento de polémica, decide que el programa se celebrará en el Hostal de los Reyes Católicos, en Santiago.

El guión y los contertulios prometía, pero una avanzadilla del Bloque Nacionalista Galego –entre sus componentes se encuentra un jovencísimo Anxo Quintana– entra en el set de TVE y boicotea la sesión. La Clave no se emitió aquella semana.

Cuando Núñez Feijóo se incorpora a la Xunta, el gabinete que preside Fernández Albor vive momentos de convulsión y en ella se está gestando el embrión de una crisis: el conselleiro de Economía ha protagonizado hace poco un durísimo enfrentamiento con el vicepresidente Xosé Luís Barreiro y la cosa acaba con la dimisión de Mella. Su lugar, al frente de la Consellería de Economía e Facenda, lo ocupa Jaime Trebolle, en cuyo equipo se integra Núñez Feijóo para ponerse a trabajar como letrado. 

La experiencia en Economía e Facenda, con Jaime Trebolle, fue más que positiva. Cuando éste se vino a Galicia, para echarle un cabo a Fernández Albor, ya figuraba entre los más destacados profesionales de España. Intentó ficharle el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Y el presidente socialista de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, también lo llamó. Finalmente, Trebolle optó por Compostela, aunque su paso por la Xunta apenas duró escaso año y medio.

Chinny Gámir, hija de un ex-embajador de España en Filipinas, comparte su vida con el futuro presidente de la Xunta
Chinny Gámir, hija de un ex-embajador de España en Filipinas, comparte su vida con el futuro presidente de la Xunta
En enero de 1989, con Manuel Fraga al timón de la primera institución autonómica, Xosé Manuel Romay Beccaría contó con Alberto Núñez Feijóo, quien para entonces ya había acumulado un magnífico bagaje y vivido momentos políticos de alto calado. El más importante, el cambio de Gobierno que surgió de la moción de censura contra Albor y que llevó a la presidencia a Fernando González Laxe, asociado a Coalición Galega y al Partido Nacionalista Galego: el tripartito, la más efímera etapa de la historia del autogobierno galaico.

Romay Beccaría, posiblemente una de las personalidades políticas más cultas y que mejor conocía las interioridades de las administraciones públicas en nuestro país, contó con Núñez Feijóo como secretario general técnico de la Consellería de Agricultura, Gandería e Montes. Posteriormente le llamó para que ocupase el mismo puesto en la Consellería de Sanidade.

La compenetración del tándem Romay-Feijóo fue extraordinaria. Así que a nadie extrañó que, en 1996, cuando el primero formó parte del gabinete de José María Aznar como ministro de Sanidad, le llevase consigo como segundo de a bordo en uno de los departamentos más amplios y complejos de la administración estatal. No fueron días fáciles. De hecho, el propio Feijóo ha reconocido en ocasiones que la presidencia del Insalud fue, con mucho, el más difícil de cuantos cargos públicos ha ejercido en su vida.

Las reuniones de familia son el bálsamo que Núñez Feijóo busca con frecuencia para desconectar. En la imagen, con Sira, su madre; su hermana Micaela y su padre, Saturnino Núñez
Las reuniones de familia son el bálsamo que Núñez Feijóo busca con frecuencia para desconectar. En la imagen, con Sira, su madre; su hermana Micaela y su padre, Saturnino Núñez
El ministro de Fomento de la segunda legislatura de Aznar (2000-2004), Francisco Álvarez Cascos, le puso al frente de Correos: una poderosa y enmarañada empresa estatal que perdía dinero a espuertas y con frecuencia había estado en el ranquin de las sociedades estatales menos eficaces de la Unión Europea. Núñez Feijóo acabó con aquello y, contra todo pronóstico, logró sanear las cuentas, lo que, de entrada, parecía insaneable.

Cuando Manuel Fraga y Mariano Rajoy, con la ayuda y las sugerencias de Romay Beccaría, decidieron que había llegado la hora de encauzar la sucesión del veterano león de Vilalba, pocas personas, muy pocas, estaban mejor situadas que el de Os Peares para asumir el desafío. Se trataba de poner fin, en primer lugar, a los taifas de los barones locales y hacía falta alguien con agallas y conocimiento del endiablado laberinto gallego para desbrozar el horizonte.

 
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