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Franco fue el primer culé de España

11.04.2010 Es improbable que se cumplan los deseos de Vizcaíno Casas: "Si Franco levantase la cabeza" sabríamos que el Madrid (monárquico) no fue el equipo del régimen, y que el Caudillo dispuso en el Consejo de Ministros de Meirás (1965) recalificar Les Corts por tercera vez para salvar al Barça

TEXTO: ROBERTO QUMATA

El presidente Agustín Montal, de riguroso chaquet, entrega a Franco la medalla oro del Barça
El presidente Agustín Montal, de riguroso chaquet, entrega a Franco la medalla oro del Barça
Mil millones de televidentes potenciales para seguir los lances por televisión de los mejores futbolistas del mundo. Real Madrid y Barça concitan en el estadio Bernabéu a los devotos del "clásico" y excitan los entusiasmos de los curiosos de cualquier latitud. Cada temporada así se vende: "es el partido del siglo".

Un Madrid-Barça segrega tanta testosterona como una semifinal del Mundial de Sudáfrica o los cien metros de Carl Lewis, El Hijo del viento. La audiencia en España rebasa el 53% de cuota de pantalla, y eso supone pegar al televisor a quince millones de espectadores. La desagregación matemática de los que trabajan durante el gran espectáculo del coliseo madridista, los que se aburren en vida u odian el fútbol da argumentos para tropezar con el recurrente "el Madrid-Barça paralizó a medio país".

La CCTV, para China; Al Jazeera, para Oriente Medio, NTV, para Rusia; Televisa, para Sudamérica; Superesport, para África, además de los canales que surten a Europa, dan pábulo a una caldera desbordante de paroxismo. El Barça acredita ser, hoy por hoy, el mejor equipo del mundo, pero el Madrid, como club, lo ha sido del siglo XX por señorío, gestas y estadísticas.

No basta para Florentino: en Rocroi comenzó el declive de los Tercios españoles; en las Navas de Tolosa, el de los árabes. Messi, Iniesta, Xavi son los arqueros y arcabuceros que llenan de bajas blancas el campo de batalla.

Tras la épica de anoche, cuatro pinceladas: Franco fue el primer culé de España, el Barça ganó más copas del Generalísimo durante la Dictadura que nadie, el Madrid apoyó a la Familia Real en el exilio de Lausana y la Barcelona republicana negó el pan y la sal al Madrid de 1936.

Franco recibe la primera medalla de oro del Fútbol, Club Barcelona en 1971 tras la inauguración del Palau Blaugrana y del Palau de Gel, financiados por el Estado con 42 millones de pesetas a fondo perdido. En 1974, el presidente Agustín Montal impone la segunda medalla de oro del club al primer culé de España,dada su condición de Jefe de Estado, con motivo del 75 aniversario de su fundación.

La Copa del Generalísimo echa a rodar en plena Guerra Civil, 1938, y concluye con la muerte del general en 1975. Durante el franquismo y/o bajo la dictadura, el Barcelona es el equipo que conquista más copas del Generalísimo: 9 trofeos. Curiosamente, el Athletic de Bilbao, otra entidad que tiene como timbre de gloria el nacionalismo de su cantera _se niega trabajo a un futbolista por ser de Vigo o de Almería_ obtiene 9 galardones.

Junio de 1943, portada de Marca. 11-1 es la mayor goleada registrada en los Madrid-Barça
Junio de 1943, portada de Marca. 11-1 es la mayor goleada registrada en los Madrid-Barça
Los nacionalistas catalanes y vascos suman 18 laureles y baten irremisiblemente al Real Madrid _ que suma seis copas_ o lo que es lo mismo, a la "caverna mediática madrileña".

La paranoia de borrar cualquier vestigio de franquismo de la intrahistoria azulgrana responde a los gustos actuales, pero los hechos deportivos son los que son: el Barça, además, suma a sus vitrinas dos y seis trofeos del Generalísimo en las categorías de aficionados y juveniles.

La permanente diatriba de que "el Madrid ha sido el equipo del régimen" no se sostiene, entre otras razones por las cronológicas: el Madrid obtiene el título de Real Club en junio de 1920, y eso significa incorporar a su escudo la corona de los Borbones y nombrar presidente de honor a SM Alfonso XIII.

Montal hará lo mismo en 1974: acercarse al poder y agradecerle su apoyo (dinero), ungiendo a Franco con el título de primer culé de España para luego, otros, abjurar del dictador.

De la misma forma que los directivos blaugranas de hoy deciden romper con su pasado, en abril de 1931, con el advenimiento de la II República, el Madrid pierde su condición de "Real" por el método de la imposición que Azaña protagoniza: "España ha dejado de ser católica", pero no su inclinación monárquica como más tarde se verá.

En todo caso, el club de la calle Concha Espina observa las normas de cortesía y las institucionales con las autoridades republicanas, como lo hará más tarde con las franquistas.

Curiosamente, "el equipo del régimen" resulta que gana los campeonatos de Liga de 1932 y 1933, y las Copas de España, que luego serán del Generalísimo y del Rey, de 1934 y 1936. De 1932 a 1936, los merengues se imponen a sus rivales de Canaletas en Liga por 2-0, 2-1, 4-0, 8-2 y 3-0 en Chamartín. A partir del "Año de la Victoria" (1939) se acaba la buena estrella, la edad de oro del Real en la República.

Más que el franquismo, la Falange se aproxima al Atlético de Aviación (hoy en Atlético de Madrid) que sí será "el equipo del Régimen" en los años 40, puesto que el deporte será una cuestión de Estado, o sea, la semilla interminable de la propaganda ideológica.

Del Atlético de Aviación se dice que se desplaza en avión, claro. Para ello, el club colchonero tendrá que adherirse por pasiva y por activa a la política oficial. Los no favorecidos con las mamandurrias del régimen lo hacen en autobuses de gasógeno, como el de la compañía Automóviles El Luarca SA (Alsa), que estrena el Real Oviedo, según el relato delicioso de sobremesa a EL CORREO (1989) de Manuel Sarmiento Birba, el periodista gallego que se licencia en Leyes por la Universidad de Oviedo, funda el diario As y se convierte en la memoria histórica del fútbol español desde la Olimpiada de Amberes.

Con la falsa e injusta imputación de "equipo del régimen" y con el escándalo al que se pone sordina en junio de 1943, parecen anclarse los pilares de la invectiva "así, así, así gana el Madrid".

El escándalo en cuestión se refiere a la vuelta de un partido de Copa que enfrentan a Madrid y Barça en Chamartín. Efectivamente, el marcador final es de escándalo: 11-1, pero veamos lo que dicen Jordi García Candau, corresponsal de As en la Ciudad Condal, y Wikipedia.

"Los jugadores del Barcelona fueron amenazados por la Guardia Civil y les dijeron que de allí (de los vestuarios) no saldrían vivos si no perdían el partido", versión que se contradice con la inventada o fabulada que sitúa al director general de Seguridad en el lugar de los hechos para cohibir a los futbolistas catalanes. La Benemérita también los habría amedrentado por hablar en el descanso en catalán, lo cual no resulta creíble puesto que un año antes, en 1942, el decreto ley que prohibía el uso del catalán había sido abolido.

La reina Victoria, don Juan. el príncipe Juan Carlos y el Madrid en Lausana (1956), en el exilio
La reina Victoria, don Juan. el príncipe Juan Carlos y el Madrid en Lausana (1956), en el exilio
Por la misma razón que Franco, con la medalla de Oro del Barcelona, da a entender en la foto que Agustín Montal es más o menos franquista, la delegación del Real Madrid que rinde visita de cortesía a la Casa Real española en Lausana (1956) es más o menos monárquica.

Difieren ambas momentos, sin embargo, en que el dictador ya ha abierto la mano en 1974, por tanto, no parecen obligados excesivos vasallajes, y la foto del exilio suizo, censurada por los periódicos "afines e inquebrantables" a la autarquía tiene un altísimo valor testimonial: está en juego que el Movimiento devuelva el trono a sus reyes y entronizar como tal a Juan III.

Pues bien, es el Real Madrid, por instrucciones del conservador y monárquico Bernabéu, al que le cabe el honor de dar oxígeno a la institución monárquica para fortuna de la Restauración y la propia democracia veinte años después.

Josep Sunyol es el presidente del Barça que muere fusilado por los nacionales en 1936. Y de ahí, el salto es tremendo hasta relacionar los éxitos deportivos del Real Madrid con el "fascismo". "Fútbol i feixismo" es el reportaje de la BBC divulgado en Cataluña con fines proteínicos; el antimadridismo es un cuerpo extraño que hay que alimentar.

La película Casablanca resulta manipulada hasta el frenesí en Internet. Cuando los miembros de la resistencia osan cantar La Marsellesa ante los alemanes, suena el himno del Barça; y cuando los alemanes suben la voz para entonar el Die watch am Rhein, suena el himno del Madrid. Son las nuevas tecnologías, utilizadas para inocular dosis sucesivas de odio.Fútbol i feixismo analiza los intentos manipuladores de Mussolini en la Copa del Mundo, en 1934, y de Hitler en los JJOO de 1936 para demostrar al mundo la superioridad de la raza aria. Pero con Franco no será posible la manipulación: la URSS de Yashin no se deja vencer ni comprar en la final de la Copa de Europa de Naciones de 1964. Franco, eso sí, tiene un especial empeño, en que el combinado nacional de los gallegos Amancio y Marcelino gane a los comunistas rusos. Hasta que el general muere en 1975 no habrá otra gesta que llevarse a la boca.

Con ese barniz de rigor al juntar a Franco con el fascismo, a ambos con el Real Madrid y cándidamente preguntarse ¿ por qué el Real Madrid gana siempre la Liga? la prensa de Barcelona está ignorando el principal activo del club blanco en Europa: sus nueve copas.

Cinco de las cuales las conquista cuando Europa odia a la España franquista. No habrá trastiendas, ni arbitrajes espurios, ni amaños de resultados. El Madrid gana porque es superior y arrasa futbolísticamente. Franco reduce su perímetro a El Pardo, jamás viaja al extranjero, en todo caso, para alimentar el cuento chino de la "salvaguarda de Occidente " , abre la mano a los refugiados del Este.

Los futbolistas húngaros, los mejores del mundo en la década de los 50, entran en tropel en España. El golpe de propaganda beneficia al franquismo, y a continuaciíon al barcelonismo. Conviene recordar a verdaderos fenómenos del balompié como Kubala, Kocszis y Çzibor.

El Real Madrid es un satélite que orbita de forma autónoma en el firmamento europeo, por eso el franquismo le pide allí donde vaya _especialmente en los países comunistas del Este, donde no tiene embajadores_ que haga labores de intermediación.

El Madrid se convierte en el instrumento más eficaz de la política exterior del Gobierno español. El ministro que sustituye al Fraga que se va a Londres de embajador, Alfredo Sánchez Bella, dice del Real que "es la pieza clave, la mejor y mayor que hemos tenido en los últimos tiempos para afirmar nuestra popularidad fuera de las fronteras".

Cuando se agota el ciclo vital de don Santiago Bernabéu, otra vez se producen juicios de valor desproporcionados; se hace una inquietante analogía entre él y Franco, por el estilo gestual de mando y longevidad.

Que el Caudillo mande, haga saber y ordene no es malo para el Barça, antes al contrario. Gracias a una decisión del dictador consistente en vender Les Corts, los azulgrana borran de un plumazo sus deudas. Hay hasta tres recalificaciones de los viejos terrenos de Les Corts. La tercera toma carta de naturaleza en el Consejo de Ministros que Franco preside en Meirás el 13 de agosto de 1965. Torcuato Fernández Miranda, por muñidor, será nombrado soci d´honor.

 

La prensa madrileña jalea la vuelta y pide la desaparición del club catalán

Son tan débiles los argumentos de los hinchas madrileños y catalanes que los primeros citan a Balmanya _muchos años después seleccionador nacional_ como integrante de aquel Barça humillado, lo cual es falso, y los segundos al director general de la Seguridad con el nombre del árbitro, Celestino Rodríguez, quien habría permitido algo insólito: que "algunos futbolistas azulgrana se mantuvieran sentados y simularan calambres a partir del 8-1".

Candau, por su parte, afirma que "la lucha entre el Madrid y el Barça empezó en 1943", lo cual es discutible como más adelante se comprobará. "En Les Corts ganó el Barça 3-0 y fue la primera vez que el público mostró con silbidos su postura ante la dictadura".

Los diarios madrileños jalean el partido de vuelta a base de pedir la desaparición del club catalán y se propicia la gran encerrona: en las taquillas del estadio regalan un silbato por cada entrada.

"Antes de que comenzara el partido, un alto dirigente (no el director general) de la Dirección General de Seguridad entró en el vestuario azulgrana para advertir a los jugadores de que, además de no desear el mínimo problema, había que recordar que algunos de ellos habían sido generosamente perdonados después de la sanción recibida por no haberse incorporado a la España nacional".

"Era el caso de Escolá, Raich y Balmanya" (sic). (Raich y Balmanya no alinean, y éste jamás podrá decir, como le imputan, que es coaccionado por la Guardia Civil cuando no está presente).

"Los barcelonistas salieron al campo asustados. La silbatina fue impresionante. El Madrid fue castigado con 25.000 pesetas. Avergonzado por el atropello dimitió el presidente del Barça Enrique Piñeiro (…) El régimen hizo dimitir al presidente madridista Pedro Parages". Y eso supondrá alfombrar el camino a un joven dirigente llamado Santiago Bernabéu.

El Samaranch falangista queda sin credencial de periodista

Julián García Candau aclara que "la única crónica del 11-1 que insinuó lo sucedido se publicó en La Prensa, (vespertino de la cadena del Movimiento). Al autor le retiraron la credencial de la época. Se llamaba y se llama Juan Antonio Samaranch", a la sazón un falangista de las JONS que no está a la altura del barcelonés Lluis Santamarina, el escritor que patenta la camisa azul de Falange, de modo que pierde la batalla ante los militares, que son los que, a partir de Santiago Bernabéu, dispensan apoyos al Madrid más que nada por la amistad que une a don Santiago con el general Muñoz Grandes y el coronel Moscardó, delegado nacional de Deportes. Las santiaguinas de Bernabéu son lo más parecido a las arengas de Mel Gibson en Braveheart interpretando al rebelde escocés W. Wallace. Y siempre en la sombra el judío-armenio-francés Raimundo Saporta, un talento.

El caso es que la Casa Blanca es una ruina (1944) en lo deportivo y en lo patrimonial. Hacienda no se fía de su capacidad financiera. José Antonio repudia el capitalismo de los bancos, pero las vueltas que la vida, el Banco Mercantil e Industrial, ligado a Falange, presta al Madrid dos millones de pesetas para comprar los terrenos sobre los que levantará el Bernabéu.

Madrid, bajo las bombas de 1936, pide auxilio a Cataluña, que lo veta

Al borde de su jubilación, el periodista Manuel Sarmiento Birba contó en amena charla a EL CORREO que en agosto de 1936, el Frente Popular abrió un proceso de incautación al Real Madrid. Para mantener su patrimonio, el club blanco tramitó en plena guerra civil su concurso en el campeonato del fútbol catalán.

El Sindicato de Profesionales del Fútbol por razones de solidaridad apoyó al Real. Las ciudades de Madrid y Barcelona, que aún no estaban cercadas por el ejército nacional, representaban la legalidad republicana, la resistencia y la llama encendida de las instituciones. Pero el Barcelona vetó al Madrid y frustró su recurso de supervivencia. En octubre de 1936, de una plantilla de veinte futbolistas, quedó reducida a seis.

El año 1939, según el periodista de As, las cosas no podían ir peor: no había equipo, el estadio en ruinas estaba dedicado a campo de prisioneros, la sede social había sido bombardeada, faltaban la correspondencia, los banderines, los trofeos, las fotos.

El general Meléndez evitó la opa hostil del Atlético de Aviación que pretendía engullir a la plantilla del Real y borrar su nombre de la historia deportiva de la capital.

Después, que pocas veces se cuenta, el club de Concha Espina estuvo a punto de bajar a Segunda División en 1943 y 1948.

Pese a que instituciones de ámbito mundial, como la FIFA, eligieron al Real como el mejor club del siglo XX, en una parte de España las reticencias persisten y siempre con "el equipo del régimen" como argumento.

Se sabe que Josep Lluis Vilaseca, secretario de Deportes de la Generalitat y ex directivo del Barça, Samaranch, García Candau, Epi, Josep María Casanovas y Manuel Estiarte, todos dentro de la órbita azulgrana, cuando no en nómina, votaron en contra de que se le concediesen al Real Madrid el Premio Príncipe de Asturias.

 
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