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La Ser no tenía potestad para informar

Unión Radio, germen de la Ser, fue fiel a la República. Tal osadía le costó treinta años de silencio informativo. En Galicia, la EAJ4, se pasó la Guerra Civil en blanco. Hubo que inventar el humor (blanco), la música (discos dedicados) y el teatro (radionovelas) para que el país no apagase la lucecita del Pardo

TEXTO: ROBERTO QUMATA FOTOS: R.Q. Y ARCHIVO  | 22.06.2008 
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La locutora de Radio Galicia Isabel Carou, ya jubilada, fue la primera mujer de la EAJ4 y de las primeras universitarias en 1947

Dos hombres inteligentes se adelantan a lo que se intuye va a llegar en breve plazo, la radio, que viene a ser la magia de los sonidos expandidos por el aire: palabras, música, o el estruendo de una tormenta de pedrisco.

Antón Fraguas y Portela Seijo tramitan en 1932 ante la Dirección General de Comunicaciones el permiso para obtener la frecuencia EAJ4, siglas que responden a España (E), telegrafía sin hilos (AJ) y el número (4) de emisoras. La 4 corresponde, en principio, a Radio Valladolid que, por no ocupar el dominio, deja expedito el camino para que Santiago se convierta en la primera emisora de radio en Galicia, según documenta Ángel Botana, que dirigió la Ser compostelana en dos etapas

La EAJ4 se estrena con la retransmisión para América de las campanadas de la Catedral, pero empieza a emitir programada y regularmente en 1933, o sea, hace 75 años.

Un gran salto en el tiempo: para comprender el poder del sonido, bastará recordar las sicofonías grabadas en Paracuellos del Jarama muchos años después de la matanza. Los ayes de dolor de las almas en pena quedaron retenidos en la grabadora de Antonio José Alés, el locutor de la Ser que mantuvo estupefactos a doce millones de radioescuchas durante una noche de Alerta Ovni. Entre ser y no ser, la Ser.

David Gavela, directivo de la Ser, entre Javier Otero y Ángel Botana, directores de Radio Galicia

La actividad radiofónica durante la Guerra Civil es nula. El levantamiento militar cuaja muy pronto en Galicia, de modo que los medios de comunicación sienten de inmediato el aliento en el cogote de las nuevas autoridades.

Ángel Botana Sabugueiro, redactor jefe de EL CORREO y más tarde director en sucesivas etapas de la Ser en Santiago y Sevilla, asegura que la emisora EAJ4 de Radio Galicia "se pasó la Guerra en blanco".

"La radio no informaba en tanto que esa potestad correspondía a Radio Nacional de España. Se recordará El Parte de las dos y media de la tarde y el de las diez de la noche", que significa la desconexión de las redes de emisoras de la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) y el automático enganche a los noticieros de RNE.

La responsabilidad del locutor de turno es tremenda si incurre en la siguiente negligencia: no conectar con RNE al primer pitido de las señales horarias.

Luis Rial, que comienza en la EAJ4 de la plaza de la Universidad, lee como un autómata una nota oficial : "Al acto asistieron el gobernador civil y señora, el alcalde y señora, y el cardenal y señora". Gracias a la literalidad de la pifia oficial, Luis salva el pellejo.

Por su bella voz y por ser mujer, Mariluz Villar no termina en la hoguera. El entorno de la ex presentadora cuenta que cuando termina un programa emitido desde Madrid, suena la voz del locutor de continuidad: "Ha transmitido la Sociedad Española de Radiodifusión y... a tomar por el culo". Las protestas llegan a la dirección y salpican a Mariluz por coincidir con su turno; menos mal que se demuestra que la voz de tan intempestiva frase es de varón.

"El bum de los informativos en la radio llega prácticamente con la desaparición de Franco", precisa Botana. "Pero antes, la Ser, entre 1972 y 1973, por medio de Antonio Calderón (jefe de Programas y fundador del cuadro de actores de Radio Madrid) ensaya los primeros experimentos informativos. Se recordará Hora 25, con Manuel Martín Ferrand, José María García... o Matinal Cadena Ser, programas que suponen los primeros conatos de libertad democrática", bien es verdad que bajo el formato de una "información controlada".

El profesor universitario José María Labarta es el primer director de la EAJ4. Le siguen el juez Germán Antúnez, Pérez Pardo, Basilio Rogado, Ángel Botana, que repite, Juan Monge y Javier Otero (el actual), al que se le quiebra la voz al recordar el último estertor de Jesús Alvite en la lectura de su última noticia: "ya no puedo más". Morir con el micro en la boca.

Pero de estos 75 años se pueden recuperar episodios más gratos gracias a la primera mujer locutora de la EAJ4: la muy señora doña Isabel Carou, la voz, que llega a la Ser en marzo de 1947.

Isabel nace en Madrid (1927) debido a que su padre, un artesano del metal, trabaja en el campo de aviación de Getafe. Antes de recalar en O Carballiño, la familia reside en León. Y es en la villa ourensana donde la maestra "doña Marí­a Otero me enseña a declamar". La corrección y la pulcritud en la dicción serán seña de identidad y el referente de sucesivas promociones de locutores. Además, es una niña de matrículas.

Está decidida a cursar una carrera universitaria: Medicina, tal vez Ciencias Químicas. El problema radica en salvar el muro de la precaria economí­a familiar, más difí­cil que el Examen de Estado, que supera brillantemente. En Santiago, ya adaptada a la vida de estudiante de Químicas y al formato antártico, reside en una pensión de la Conga hasta que, por una amiga, se entera de que la EAJ4 necesita una locutora.

Las buenas notas dan derecho a la gratuidad de libros, de matrí­culas, pero ¿cómo pagar la pensión? "Estaba dispuesta a coser, entonces sabí­a bordar, incluso a fregar escaleras con tal de evitar el sacrificio de mi padre".

Ángel Fernández, que era el administrador de la EAJ4, me caló enseguida por la voz (..) Me presenté en el estudio de la plaza de la Universidad (unas sillas, un piano, un enorme magnetofón Grundig con micrófono) y me abrió la puerta Rodolfo López Veiga, que formaba parte del cuadro de actores". La prueba consiste en el diálogo que mantienen Isabel y el galleguista, comerciante como se recordará de la plaza de Cervantes. Hay otras candidatas que preocupan a la universitaria por el peso de las recomendaciones, pero la suma de voz, dicción, determinación, formación universitaria y acento –"la que menos acento gallego tenía por mis años en Madrid y León"– terminan por convencer al "tribunal".

La mala noticia es que "el director de la EAJ4, José Marí­a Labarta, que curiosamente era profesor agregado de Quí­micas, me suelta que no puede meterme en nómina porque yo era menor de edad", entonces de 21 años. "Tendrá que ser con el permiso de su padre, me dijo", rememora mientras apura una limonada en una terraza de Alfredo Brañas.

El señor Carou, preocupado por "las tentaciones de los hombres casados", se presenta en la emisora que, salvo Isabel y la señora de la limpieza, todos son machos. "Quiero saber dónde trabaja mi hija". No por tener veinte años, Isabel es menos valiente. "Aún hoy amigas de juventud me recuerdan que fui la primera mujer en salir de Ourense, la primera en estudiar una carrera, la primera locutora". La señorita Carou es un compendio de carácter, voluntad y arrojo, armas de mujer. No será un objetivo fácil para los donjuanes de los años 50.

Mariluz Villar, entre su marido, el Dr. Rodríguez Míguez y la hija de ambos, Alejandra Juno

Después de las menciones honoríficas de los festivales de Cannes y de Berlín, Marcelino pan y vino se presenta en Santiago en 1955. Todo un acontecimiento. Luis Rial y Ángel de la Peña, locutores ambos, vuelven sin hábito de Bujedo, que viene a ser el centro vocacional para los futuros hermanos de la Salle. También Marcelino es abandonado a los pies de un convento, según la historia de José María Sánchez Silva que dirige Ladislado Vajda. Pablito Calvo, el actor prodigio que encarna a Marcelino, es entrevistado por Luis Rial: "Pablito Calvo, vamos a ver, cuál es tu nombre?".

En tiempos de moralina, casi siempre encapsulada en un formato estampita, la Tómbola Compostelana de Caridad tiene que hacer denodados esfuerzos para reunir fondos. Rial destaca en tales menesteres por su verbo fácil y fluido, pero las rifas de la Tómbola le juegan una mala pasada: "se ha perdido un niño, el que demuestre ser su poseedor, puede pasar a recogerlo".

En pleno bum de Bobby Deglané (Cabalgata fin de semana), hay émulos, como el canónigo Troitiño Mariño, que utilizan los micrófonos de la Tómbola con evidente éxito. Cuando el cardenal Quiroga se presenta en el Paseo de la Herradura, las gentes devotas agotan las rifas. Y casi otro tanto ocurre con el lectoral Troitiño que, evaluado por sus dotes de persuasión, se gana el apodo de Troti Deglané.

La Iglesia compostelana y la radio siguen caminos paralelos. El propio Rial comenta jocosamente que al relatar el paso de una procesión por las rúas, "el prelado elevó sus ojos al cielo". El reportero percibe que en el cableado aéreo hay un objeto extraño que él identifica como un preservativo. No esta demostrado, sin embargo, la misma percepción en el prelado.

Tereixa Navaza (premio Ondas) entre Xosé María García Palmeiro, izda, y Víctor Freixanes en 1973

El 15 de marzo de 1948, Radio Galicia interrumpe la sesión de discos dedicados para anunciar el repentino fallecimiento del arzobispo Tomás Muñiz de Pablos. La voz grave del locutor de continuidad, Francisco Pazos, encaja con la trascendencia de la noticia. No así lo que se viene a continuación: "Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla" que es el disco que, previamente grabado, suscita protestas entre quienes no consideran compatibles aderezar una necrológica con música de salsa".

Todas ellas anécdotas rosas que no consiguen solapar la gran decepción de no poder informar, por más que la Ser se atreva a avanzar en exclusiva el asesinato de Kennedy a las nueve de la noche del 22 de noviembre de 1963. Unión Radio, germen de la Ser, transmite el legendario discurso de "no pasarán" (Pasionaria). En marzo de 1939, tomada la emisora de Madrid por los nacionales, las ondas pasan a confundirse con la programación única de RNE. La Ser, a partir de la Guerra, inventará una radio de entretenimiento y de ficción. El teatro del aire y las radionovelas dejarán huella.

Isabel Carou, la primera mujer en todo, que estaba dispuesta a fregar escaleras
Ahorra veinte duros para zapatos y medias, y con el resto del sueldo paga pensión y comida, bien es verdad que cada jueves recibe por Transportes Rivera un paquete de casa.

Isabel se sonrí­e al recordar cómo "Pili Pereira arranca en la EAJ4 de trencitas" y cómo el poderoso influjo del censor reduce la espontaneidad de la locutora a la presentación de los discos. "Yo leí­a ("nunca he oí­do leer a nadie como Isabel",
precisa Mariluz Villar, otro de los mitos de Radio Galicia) el guión que escribí­a el jefe de programación, Ángel Fernández, sin comerme una coma. Un guión que previamente pasaba por manos del censor".Los profesionales de antaño tienen marcado a fuego el cumplimiento estricto de una obligación por ley: la conexión con el Diario hablado de Radio Nacional de España. "Habí­a que estar al pie del cañón, nadie podí­a fallar, nada podía fallar", hasta ese punto llega el sometimiento de la Dictadura, que transforma técnicos e informadores en burócratas del Régimen. "Cuando el Caudillo venía a pasar los veranos a Meirás, no nos dejaban hacer nada".

Con el paso del tiempo, Isabel Carou pasa de un despersonalizado "y ahora van ustedes a escuchar Para Elisa, de Beethoven", a un programa diario de media hora, al que Pérez Pardo pone tí­tulo: Diálogos con Isabel. La presentadora tendrá que documentarse para responder a cartas de í­ndole diversa: mal de amores, hastío matrimonial y, como no podí­a ser de otra forma en tiempos de penuria, temas de sexo. "Por primera vez tuve que explicar ante el micrófono lo que era un pene".


Pepe Iglesias: “Yo soy el Zorro, zorro, zorrito, para mayores y pequeñitos”
Manuel C. Chico, el hermano americano que vuelve de EEUU, es recibido casi con el Bienvenido, Mister Marshall, una vez que deja para uso de A Taberna (Senra-Oroso) una radio Marconi. Como Manuel, sólo que a través de las ondas, Vázquez Vigo trae de América el teatro radiado, la génesis de la radionovela que en España hará furor con Guillermo Sautier Casaseca: Ama Rosa, La segunda esposa, Mañana también comemos y... ¿Y el finado Fernández? ¡Nunca más se supo!", coletilla utilizada por Pepe Iglesias, argentino, de padres gallegos: "Yo soy El Zorro, zorro, zorro, zorrito, para mayores y pequeñitos, yo soy el zorro, señores y señoras, de mil amores voy a empezar". Y siguen los silbidos magistrales del Zorro y un humor blanco permitido por la censura.

"Sean hombres o mujeres, sean pobres o ricos, sean rubios o morenos, altos o bajos ... Ustedes son formidables", así arranca Alberto Oliveras en octubre de 1960, bajo el patrocinio de Gallina Blanca.

"Y de nuevo Alberto Oliveras hablando desde Radio Madrid ¿Qué derecho más elemental para un niño que tener derecho a una madre? Por esto hemos luchado esta noche, por unos niños de 10 y 11 años que nos pedían la vida de una madre. Y esta vida estaba subordinada a un marcapasos. Hemos traído este marcapasos gracias a la generosidad de una muchacha, Lucía Fariñas, que ha venido a nuestros estudios con el marcapasos". Así era Ser, Los Porreta, Matilde, Perico y Periquín, el Carrusel, opciones antimonopolio. Pero a partir del libérrimo derecho de informar, Tereixa Navaza (premio Ondas) o Lino Ventosinos demuestran que sí es posible una información veraz no oficialista.